Una novela sobre la miseria en épocas del Centenario

Una novela sobre la miseria en épocas del Centenario

28May21 0 Por editor

Prostitución, conventillos y explotación laboral en la Buenos Aires de la opulencia.

Nacha Regules.

Manuel Gálvez.

Buenos Aires-Eterna Cadencia.

por Daniel Campione

El autor de este libro tiene “mala prensa” por sus posiciones políticas, sobre todo las adoptadas desde 1930 en adelante. Apoyó con entusiasmo todos los golpes de estado a partir del 6 de septiembre del año mencionado, respaldó con algunas reticencias al peronismo inicial, para volverse en contra a propósito del conflicto con la Iglesia, lo que desembocó en su firme apoyo a la “Revolución Libertadora” incluida la asunción del discurso sobre la “segunda tiranía”. Nacionalista de derecha, anticomunista de los más duros, durante la década de 1930 fue autor de artículos periodísticos que sólo pueden ser caracterizados como fascistas. Podría agregarse que su identificación con el catolicismo de la época lo llevó a tener posiciones muy cuestionables acerca de las mujeres, recubiertas con una moralina al gusto de la clase media de entonces.

Dicho esto, cabe observar que aquél no fue siempre el rumbo de Gálvez.  Algunas de sus novelas del período anterior al que hacíamos referencia, le ganaron fama de “escritor social”. La que hoy nos ocupa Nacha Regules, de 1919, fue publicada como folletín en el diario socialista La Vanguardia Por esos mismo tiempos el autor ganaba adeptos en el más bien contestatario grupo de escritores de Boedo, hasta el punto de que dos de sus miembros, Nicolás Olivari y Lorenzo Stanchina, le dedicaron un libro elogioso en 1924.

Nacha Regules es una novela sobre la prostitución, pero va mucho más allá de los relatos sobre las bandas de proxenetas judíos o franceses que han sido tema de varios libros. La vida mísera y hacinada en los conventillos, la explotación del trabajo femenino, la represión de los conflictos obreros pasan por sus páginas en tono crítico. La alta burguesía, sumergida en dinero en esos años de prosperidad agroexportadora es retratada de un modo descarnado. Su desprecio por los trabajadores y pobres a los que denominan “la chusma”, su falta de respuestas a la pobreza que no sea una menguada caridad de señoras “bien”, la ostentación de la riqueza y la cultura superficial y frívola tienen su papel en los dardos del autor. En el recorrido de su tema principal, la explotación sexual, tampoco faltan los señalamientos hacia la clase alta. Las “patotas” de muchachos de buena familia, las figuras de los negocios y la política que eran clientes habituales, los empresarios del sexo que montan suntuosos establecimientos llamados por entonces casas de citas, desfilan por las páginas de la obra. En cuanto a las razones que llevan a millares de mujeres jóvenes a vender su cuerpo, toman relieve las vinculadas a la imposibilidad de conseguir otros trabajos o a la descarada explotación y el compendio de abusos que sufrían las mujeres trabajadoras.

Nacha, la protagonista es durante un tiempo empleada en una gran tienda, sometida a variados vejámenes, desde el bajo salario a la obligación del esfuerzo físico hasta los límites del agotamiento. Cuando realiza trabajos de costura, los abusos son parecidos. Así las cosas, se desplaza una y otra vez del ejercicio de un trabajo “decente” a la “perdición” marcada por la explotación sexual. El principal personaje masculino, Fernando Monsalvat, enamorado de Nacha intenta sacarla de sus padecimientos, con sucesivos fracasos. Abogado y de buena posición social, si bien con orígenes de hijo ilegítimo, Monsalvat aparece con impulsos hacia la justicia social, pese a que éstos van muchas veces contra sus intereses materiales. Propietario por herencia de un conventillo, gasta buena parte de su dinero en reformas para mejorar la vida de los inquilinos. Desilusionado de ese enfoque humanitario con toques de paternalismo y ya empobrecido, desemboca en la prédica algo confusa de la revolución social, con obreros y pobres que se tornan sus informales discípulos, mientras sigue imperturbable ante todos los inconvenientes, en la búsqueda de la “redención” de su amada.

Desde la perspectiva del presente, son fáciles de atacar algunos aspectos de la obra. Abundan las peripecias en exceso melodramáticas, muchos personajes pecan de esquematismo, la verosimilitud sufre en varios tramos de la novela. Todo eso no obsta a que tiene trazos de pintura realista de una sociedad desigual e injusta y que la recorre la preocupación por desmitificar a aquel “granero del mundo” que exhibe opulencia mientras enfrenta a balazos a los explotados y oprimidos que reclaman una suerte distinta. No por casualidad este libro fue publicado el mismo año de la  masacre de la Semana Trágica y tampoco es azaroso que la narración parte del año del Centenario de la revolución de 1810, cuando la clase dominante argentina derrochó recursos para exhibir su bienestar y su poderío ante el mundo.

A las razones para abordar su lectura podría agregarse que fue una novela de altísimo nivel de ventas, las que sobrepasaron los trescientos mil ejemplares. Un vasto público, en muchos casos recién incorporado al gusto por la literatura, fue cautivado por esta “novela social” en la que el autor trataba de emular a grandes exponentes del realismo, como Honorato de Balzac, Víctor Hugo o el hispano Benito Pérez Galdós.

La prolija reedición de Eterna Cadencia añade un incentivo a los mencionados, el precio relativamente económico al que puede conseguirse constituye un estímulo  para acercarse a este clásico de la literatura nacional.

Foto de eternacadencia.com.ar

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