La Guerra Civil Española y los poetas

La Guerra Civil Española y los poetas

1Jun21 0 Por editor

Raúl González Tuñón, Pablo Neruda y César Vallejo, entre otros, confirmaron su vocación vanguardista en el escenario bélico de las tierras hispanas.

Frenética armonía: Vanguardias poéticas latinoamericanas en la Guerra Civil Española.

Julia Miranda

Rosario-Beatriz Viterbo editora-Colección Ensayos Críticos. 368 páginas.

Por Daniel Campione

El primer libro en el que Julia Miranda nos ha dejado su aporte fue la compilación de los textos de González Tuñón sobre el conflicto español (La muerte en Madrid, Las puertas del fuego y 8 documentos de hoy). Los publicó la misma editorial que nos ofrece la obra que hoy nos ocupa. Allí le correspondió tanto la compilación como las notas y el prólogo. Un cautivante trabajo que cabe recomendar.

La autora traza  el eje en  Frenética armonía sobre el propósito de desmentir una idea sostenida desde siempre por una parte de la crítica: Los poetas sudamericanos asumidos y caracterizados como de vanguardia, habrían dejado de serlo a partir de su involucramiento en la solidaridad con la República Española, agredida por el fascismo. Ese compromiso político iría en detrimento de la innovación poética e incluso en la calidad literaria de los versos. Miranda, por el contrario, sostiene que existió una convergencia afortunada entre vanguardia estética y vanguardia política.

El imperativo del antifascismo se unía por entonces a la identificación con los trabajadores. Eran quienes habían resistido con éxito el primer embate de los portadores de la barbarie y  la “anticultura”, encarnadas en el fascismo. La causa de España era la de las milicias obreras y los poetas escogían su lugar junto a los obreros armados. Al punto de llamar El mono azul a una de las publicaciones periódicas en las que tomaron parte. Ese nombre aludía  a la vestimenta típica de los obreros de España. Que con el estallido del conflicto se convirtió también en el primer uniforme de la milicia del pueblo armado.

Entre esos varones y mujeres que se jugaban, y a menudo perdían, la vida en los combates, los poemas erigían sus héroes. No al estilo tradicional del “soldado desconocido” que perece cumpliendo las órdenes de sus jefes, sobre las que no tiene opción o ni siquiera comprende. Por el contrario al  sacrificio de los soldados republicanos le asignaban un sentido liberador, revestido de una nobleza moral proporcionada por la conciencia de su acción. Sus nombres son mencionados y repetidos en los versos. Eso se ve en Vallejo, en cuyo Himno a los voluntarios de la República aparece Lina Ódena, una combatiente comunista que había muerto en combate.

Los poetas de la guerra y la revolución en España buscaron ampliar el público lector de sus versos. Hurgaron en la posibilidad de que fueran comprendidos por varones y mujeres que en muchos casos habían sido analfabetos hasta poco antes. Y fueron al encuentro de las antiguas formas poéticas populares; el romance, la copla, las canciones. Lo lograron, algunas de sus composiciones se volvieron anónimas, al modo de los romances viejos de la tradición española. Transitaron a conciencia la convergencia con lo tradicional y lo popular, en la huella de Federico García Lorca. El  mismo asesinato del poeta de Granada fue fuente de protesta e inspiración. Ese sendero los llevó a mezclarse con los poetas del frente, anónimos soldados con quienes compartieron cancioneros y compilaciones.

Los poetas estudiados en esta obra son los argentinos Raúl González Tuñón, Juan L. Ortiz y Cayetano Córdova Iturburu; los chilenos Pablo Neruda y Vicente Huidobro; y el peruano César Vallejo. También se dedican algunas páginas a un grupo de autores brasileños, entre ellos Carlos Drummond de Andrade.

Miranda no dirige una reflexión específica, lo que hubiera sido auspicioso,  a la identificación con el Partido Comunista de la mayoría  de los autores que trata. Tenían esa militancia los tres argentinos; Huidobro y Vallejo (Neruda sólo se sumaría al comunismo tiempo después de terminada la guerra). Pero sí señala su no adscripción al “realismo socialista” oficial, en parte porque los preceptos rígidos de aquél eran más arduos de aplicar al verso, que quedaba así más libre que las composiciones en prosa. Y la voluntad de estos poetas no era de disciplina y ortodoxia, sino de creación.

Los acontecimientos bélicos traían novedades en el poder de destrucción y el grado de crueldad vigente en conflictos anteriores. Impresionaron con fuerza a la producción poética. En particular el bombardeo masivo de las ciudades, con el efecto aniquilador consiguiente. La muerte de inocentes, en particular de niños, jugó un papel importante en los versos escritos durante la guerra. Contribuyó a dar cuenta de la barbarie avasallante de la hacía poco inventada “guerra total”. Desde las fotografías y los carteles, las imágenes de la destrucción venida del cielo se multiplicaban y recorrían el mundo, con ellas iban los versos que reivindicaban a las víctimas de la violencia reaccionaria.

La autora dedica algunas páginas a los que, en particular en Argentina, siguieron proclamando la “neutralidad” en materia política durante aquella guerra que duró mil días. Y con respecto a España se recostaron en una “no intervención” similar a la que practicaban las “potencias democráticas” frente al escenario hispano.  Miranda desmonta el meollo político de esa postura, al compararla con el alineamiento de Sur, pocos años después, en la guerra mundial. Si bien la investigadora no lo enfatiza, la balanza se inclina en contra de los pretendidos “neutrales”, que necesitaron ver a su amada Francia en conflicto para asumir una posición más clara.

Los poetas de la guerra no fueron sólo autores de versos, se desenvolvieron también como testigos directos y cronistas de la contienda. Escribieron en prosa, a veces con tanto brillo como en su poesía. Valga el ejemplo de Tuñón, que produjo los escritos compilados en 8 documentos de hoy y en Las puertas del fuego.Y el de Córdova Iturburu, autor de la prosa testimonial de España bajo el comando del pueblo Con todo no fue el viaje a las tierras ibéricas requisito indispensable para la poética impregnada por la toma de partido en el conflicto. Juan L. Ortiz no estuvo en España, lo que no le impidió pronunciar su palabra sobre los sucesos españoles.

Miranda escribe asimismo sobre “…nuevas políticas editoriales que en verdad revelan una operatoria vanguardista en el campo de la cultura.” Las ya mencionadas publicaciones de conjunto buscaban una nueva masa de lectores.  Romper con todo vestigio de elitismo, y quebrar las jerarquías literarias. Practicaban la mezcla de textos de poetas exquisitos como Vallejo con los de obreros o campesinos convertidos en soldados.

En síntesis, vanguardia y política confluyeron. Cualquier connotación elitista del primer término voló por los aires. A un nuevo tipo de guerra, a una amenaza entonces reciente como el fascismo, correspondió una mirada innovadora respecto al papel de los intelectuales. Ellos buscaron a conciencia el vínculo “orgánico” con las clases explotadas. Se congregaron en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, a la que la autora dedica bastante espacio.  Entre los intelectuales se encontraban los poetas, en lugar destacado.

Subyace en todo el libro que comentamos una clara toma de posición: La radical politización de la escritura no equivale a dejar la vanguardia. Nos animamos a agregar que tal afirmación tiene alcance hasta el presente; y aún hacia el futuro.

Foto estress.blog.wordpress.com

La Muerte En Madrid / Las Puertas Del Fuego / 8 Documentos De Hoy por GONZALEZ  TUñON RAUL - 9789508452580 - Cúspide Libros
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