Malvinas y los recursos pesqueros

Malvinas y los recursos pesqueros

7Jun21 0 Por editor

Nuestro país posee una de las costas marítima y oceánica más importante del planeta, este vínculo geográfico natural nos impulsó a tratar de  entender cuáles son o deberían ser las formas de relacionarnos con el mar,  sus recursos intrínsecos y los humanos.

por Rodolfo Carrizo* 

Pensar nuestros vínculos con el  mar en la más amplia complejidad nos generó una multiplicidad de premisas que fuimos internalizando como centrales y determinantes. Malvinas en nuestra vida como ex combatientes de la guerra y como militantes del CECIM (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas) nos permitió  abrirnos a un cúmulo de preguntas a modo de entender que las razones  del conflicto no solo deberían remitirse a las autoritarias decisiones de  la dictadura militar sino a profundas razones ideológicas, militares y de  negocios que generaron la guerra de 1982. Como organización nacida  bajos los duros días de la guerra no podíamos resumirnos en el dolor de  los hechos; necesitábamos buscar explicaciones, tratar de saber que esta  complejidad de relaciones debía pensarse y entenderse con un profundo  sentido soberano asumiendo la soberanía como la propiedad indisoluble  e indivisible de un pueblo y el respeto a la memoria de quienes murieron  en las islas, nuestros compañeros. 

La guerra de Malvinas tiene diferentes e intrincadas explicaciones; por un lado, aquellas vinculadas al mar y los negocios, dos grandes planos con  un origen colonial e imperialista verificable en las acciones políticas, militares, comerciales y expansionistas del Reino Unido (R.U.) y, su aliado  estratégico, los EE.UU.; por el otro, las explicaciones asociadas al carácter  dependiente y periférico de nuestro país que determina la manera en que  se ejerce y desarrolla nuestro vínculo con el mar. 

Debemos considerar que el R.U. desde 1833 ejerce un control de carácter colonial hegemónico sobre las islas Malvinas, los mares circundantes,  y la proyección antártica con incidencia directa. Desde 1982 esta injerencia y apropiación ilegal de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del  Sur e islas aledañas se verifica en un incremento de sus fuerzas militares  que a la vez multiplicó los negocios sobre los recursos naturales, fundamentalmente los ictícolas y los energéticos.  

Nuestro mar dotado de las especies más demandadas y requeridas en el  planeta por la calidad de los recursos pesqueros (langostinos, calamares,  merluzas y otras) constituye un atractivo botín económico que genera  un intenso movimiento de diversas flotas pesqueras que lo invaden sistemáticamente sin control ejerciendo una pesca extractiva y ciertamente  depredadora. El R.U. de la gran Bretaña fue y es quien más licencias de  pesca otorga de manera unilateral y de manera arbitraria donde los beneficios de estas licencias le permiten constituir el principal ingreso de las  Islas. El PBI de las islas Malvinas, que en los primeros años de finalizada  la guerra no superaba los 5/6 millones de dólares anuales, en 2015 se  había incrementado a más de 300 millones de dólares; siendo la pesca el  principal aporte, en el orden del 39 % del total de su PBI. 

Estas primeras cifras ponen en evidencia la importancia de la representación económica que tiene la pesca y a la vez comprender como impacta  en las potencialidades de desarrollo de una economía y su pueblo.  

La flota comercial argentina -en su gran mayoría extranjerizada- pesca  en nuestros mares aproximadamente 900 mil toneladas anuales, que en  su gran mayoría tienen destino de exportación por un orden superior a los 2.200 millones de dólares. Es una pesca volumétrica que genera un descarte de especies de menor valor comercial para las grandes empresas  pesqueras donde la ganancia queda en manos de quince o veinte grupos poderosos  que reportan en el puerto de Vigo (España).  

Ahora bien, desarrollemos imaginariamente la magnitud del negocio pesquero: el langostino conocido como diamante naranja es una de las especies más demandadas y caras, cada tonelada promedia un valor que  oscila entre los 7 mil a 10 mil dólares según la demanda ya que funciona muchas veces como un commodity; le sigue el calamar Ilex, y así  otras especies. Incluso algunas de ellas son deliberadamente descartadas  ya que, una vez capturadas, se desprecian sin considerar que de  ser aprovechadas en el contexto de una política pública y manifiesta de  lucha contra el hambre se podría dar de comer a 3 millones de personas diariamente con la mejor proteína animal. Argentina tiene potestad sobre la Zona Económica Exclusiva hasta la milla 200 según la Ley 24.543  (ratificación de la convención de Naciones Unidas sobre los derechos del  mar) siendo propietaria de todos los recursos móviles y fijos de nuestro  océano (Lerena, 2019). 

Cuando observamos la dimensión de estos asombrosos números nos  vuelven a surgir espeluznantes preguntas llenas de incógnitas. Si Argentina exportó 2.000 millones promedio en los años sin pandemia, al cabo  de treinta y nueve años serían números equivalente a la deuda externa. Esta comparación nos permite mensurar la dimensión del recurso pesquero que si lo  tomáramos a valor de mercado se sextuplicaría, y si lo hacemos extensivo  a la pesca sobre la milla 201 donde en la actualidad hay más de quinientos buques de diversos países que ejercen pesca ilegal comprenderíamos de manera un poco más acabada el porqué de la presencia del R.U. en nuestras islas  Malvinas y su ambición imperial. 

La ausencia de una industria naval nacional y soberana también tiene  un por qué. De las cinco provincias argentinas con costa marítima (Buenos Aires, Rio Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego) un total de  más de 6.500 kilómetros, incluyendo nuestra Antártida perfilan un longilíneo y  riquísimo litoral profundamente desaprovechado, ya que no disponemos  de una flota naviera propia, apenas de algunos pocos astilleros, entre los  que Río Santiago es el más importante con una deliberada y bajísima actividad productiva.  

Repensarnos como un país marítimo nos remite a nuestra propia historia. Manuel Belgrano, quien fuera un visionario estadista, sostenía que un Estado  sin pesca nada puede sobre el mar; y, salvo contados periodos históricos,  nunca pudimos disponer de una flota de mar con sentido estratégico y soberano.

En 1946 nuestra flota de mar creció tres veces en tonelaje con respecto  a 1945, se incrementó el comercio exterior, disminuyeron los costos de  los fletes, aumentó de manera ostensible el tráfico de pasajeros y creció  la actividad productiva de los astilleros, nuestra marina mercante creció  un 286 %, se intensificó la conectividad norte-sur y este-oeste, además de  ser la flota más moderna del planeta, asociada a un crecimiento de miles  de puestos de trabajo en el contexto de un plan nacional de desarrollo  estratégico y soberano . 

Los magnos resultados del primer plan quinquenal de Perón fueron devastados por la autoproclamada Revolución Libertadora de 1955 que fusiló a miles de trabajadores y militantes populares a la vez que desguazaba  nuestra flota de mar generando una regresión económica que atrofió los  sueños de un país marítimo y soberano. 

Recuperar aquella tradición de un desarrollo naval implica abrir los debates sobre el sentido de un país marítimo. Malvinas es un disparador  genuino porque nos exige mirar el conflicto en su dimensión geopolítica  y geoeconómica, de manera holística, donde las fuerzas populares puedan  construir articulaciones entre los recursos del mar y las necesidades básicas de nuestro pueblo entendiendo la pesca como una oportunidad en la  lucha contra el hambre. 

La Pesca Social 

Nuestro país ejerce una pesca esencialmente comercial y exportadora.  Se pesca de modo similar a como se hace uso de la minería o de muchos  otros bienes naturales, sin considerar la vida, desarrollo de las sociedades y  las personas. Sin embargo, nos parece oportuno considerar lo establecido  por la ley nacional de pesca vigente (N° 24922/97) que en sus artículos  tercero y cuarto define que son de dominio de las provincias hasta la milla doce todos los recursos vivos del mar y desde la doce a la doscientos del Estado  nacional. Esta definición es la que nos da sentido jurídico y de pleno derecho para entender que los recursos como la pesca son propiedad del  Estado, o sea de cada una y cada uno de los argentinos. Desde esta perspectiva, la pesca fue siempre ejercida por el hombre, en todos los tiempos  de la historia, como una fuente de alimentos, como un recurso de vida,  por lo que desconsiderar esta premisa es un verdadero error en un país de más de seis millones de km2 de mar y al amparo del flagelo del hambre que  hace estragos en nuestra patria en más del 40 % de la población. La pesca debe ser una oportunidad que contribuya a vencer el hambre y ello solo  es posible si la decisión política de un gobierno ejerce plena soberanía  sobre este derecho.  

Son innumerables los ejemplos que grafican y determinan que hay condiciones materiales para ejercer una práctica pesquera que redunde en  beneficios alimentarios y, a la vez, sea un estimulador de los puertos, los  astilleros y el trabajo. Ello traería una serie de beneficios directos al que se  le deben aunar los beneficios indirectos y el correspondiente crecimiento  de la acuicultura, la pesca familiar y las cooperativas que se vinculan con  el sector.  

Se sabe que la ingesta de carnes de pescado aporta nutrientes solo comparables a la leche materna. En tanto en nuestro país, donde poseemos  uno de los caladeros más envidiados del planeta, se engorda a nuestros  pibes con harinas e hidratos de carbono, acto por demás bochornoso. Frente a esta realidad que es posible cambiar, se necesitan construir los  consensos populares que divulguen los beneficios y ventajas comparativas  que tiene hacer uso de un recurso legítimo y propio del pueblo argentino. No se trata de una mera consigna; por el contrario, es un desafío que nos  debe movilizar para generar la conciencia necesaria que transforme el  modelo pesquero actual que sólo favorece la concentración económica  en beneficio de las grandes y poderosas flotas pesqueras que en su gran  mayoría reportan en el puerto de Vigo. 

Promover la pesca social que aporte a la batalla contra el hambre es un  imperativo; se puede hacer, y las fuerzas sociales debemos exigir que sea  responsabilidad del Estado en todas sus instancias ejercer esa soberanía  plena. 

* Presidente del CECIM (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas) de La Plata.

Referencia: Lerena, César. 2019 Atlántico Sur, Malvinas y reforma federal pesquera (Mar del Plata: CESMA)

La publicación original de este artículo es del Colectivo “Crisis socioambiental y despojo” del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Foto Infosur. Info

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