Pfizer: el jardinero fiel y las víctimas necesarias

Pfizer: el jardinero fiel y las víctimas necesarias

9Jun21 0 Por Admin

El lobby de Pfizer vuelve al ruedo. En 2005 se estrenó la película El jardinero fiel,
basada en el libro de John Le Carre, que ficciona la historia sobre la responsabilidad de
Pfizer en la muerte de niños en Africa. Las actuales exigencias y la confidencialidad de
los contratos por la provisión de las vacunas, tienen un antecedente en estos hechos.


Silvio Schachter


El jardinero fiel – The constant gardener- es un film dirigido por el brasilero Fernando
Meirelles, realizador de la aclamada Ciudad de Dios, con las estupendas actuaciones
protagónicas de Ralph Fiennes como Justin Quayle y Rachel Weisz en el papel de su
esposa Tessa Quaylepor el cual obtuvo el Oscar a la mejor actriz de reparto. El guion se
basa en la novela del mismo nombre escrita por John Le Carre publicada en 2001. El
film cuenta además con la magnífica banda sonora de Alberto Iglesias, donde se
destaca el hipnótico tema de Ayub Ogada – Kothbiro 1 .*
Es una historia de amor unida a un tema político de enorme actualidad, Justin es un
hombre sin convicciones políticas con un cargo burocrático en el servicio exterior
británico, que dedica su tiempo libre al cuidado de su jardín, hasta que cuando muere
Tessa, descubre quién era realmente la mujer a la que amaba y dando un giro a su vida
se involucra en lo que ella investigaba y por lo cual fue asesinada. La historia transcurre
en Kenia, en el corazón de África, el continente donde se dan los mayores dramas del
mundo.
Tessa descubre como las grandes empresas farmacéuticas manejan
inescrupulosamente el mercado de las medicinas en el continente africano. La
compañía farmacéutica internacional KDH, apoyada por Three bees, su aliada en el
país, creó Dypraxa, un fármaco en estudio que se empleará en el tratamiento de la
tuberculosis multi resistente. KDH es la versión fílmica de Pfizer.
Los resultados con Dypraxa no son los esperados, genera graves efectos secundarios
que las empresas ocultan con la complicidad del Comisionado Británico. Justin
descubre que Tessa fue víctima de los sicarios de la empresa, debido a que quería
detener las pruebas de Dypraxa.

La novela de John Le Carre se basa en un hecho real ocurrido en 1996, cuando unas
200 familias de Kano, al norte de Nigeria denunciaron que fueron objeto de un
experimento para probar un medicamento llamado Trovan que utilizo a sus hijos
como cobayos humanos. Los “daños colaterales” del experimento causaron la muerte
de 11 niños y secuelas graves a decenas de ellos. En 2009, pasada más de una década
desde el crimen empresarial, Pfizer negocio con el gobierno de Nigeria el pago de 75
millones de dólares, 10 millones en costes legales, 30 millones para el Gobierno del
Estado de Kano, y 35 millones para para indemnizar a las familias y evitar así que la
causa criminal que había comenzado en los tribunales llegase a prosperar.
La historia del experimento del medicamento Trovan fue corroborada por uno de los
médicos de la compañía, Juan Walterspiel quien, denunció la violación de las normas
éticas en el ensayo clínico. Poco después Walterspiel fue despedido.
La información sobre el caso aparecío en un informe del gobierno nigeriano que fue
denunciada por el Washington Post en 2006, cinco años después de que le Carré
publicara su libro y poco después del impacto que produjo el estreno de la película.
Durante esos años Pfizer trato por todos los medios posibles de justificar su actuación,
y abortar la investigación contando, entre otros, con los servicios mediadores del ex
presidente, el general Yakubu “Jack” Dan-Yumma Gowon, dictador y jefe de la junta
militar que gobernó ese país desde 1966 hasta 1975.
Según la información del Washington Post, Pfizer seleccionó a 100 niños del hospital
de Kano, donde estaban siendo tratados de una cepa muy letal de meningitis. La
comisión de expertos que redactó el informe consideró que Pfizer había llevado a cabo
“una explotación de los ignorantes”, abusando de su desconocimiento y probando una
droga ilegal sin su consentimiento real.
Entre los documentos de la diplomacia de EEUU se halló un telegrama fechado en esa
época que dice: “La imagen de Pfizer en Nigeria ha quedado dañada con este caso. Los
directivos de Pfizer consideran que Nigeria es un mercado creciente para sus
productos y dejar atrás este caso ayudará a reconstruir la imagen de la empresa”.
Vacunas, un negocio sin riesgos.
Los contratos secretos, donde las farmacéuticas fijan sus exigencias, entre ellas la
cobertura legal ante cualquier consecuencia que genere la aplicación de las vacunas,
fueron firmados por muchos gobiernos ante la urgencia de contar con las vacunas para
enfrentar el desarrollo letal de la pandemia. El cuadro se agudizo por la disputa con los
países centrales que rápidamente acapararon la producción de los laboratorios. Ante
la alternativa de una respuesta humanitaria común para una catástrofe universal,
prefirieron hacer valer su posición dominante para el salvese quien pueda. En esa

dirección Pfizer mostro claramente cuáles eran sus prioridades y sus vacunas una
mercancía de altísima demanda a colocar sin riesgos.
Pfizer y las otras corporaciones farmacéuticas contaron con la complicidad de
gobiernos y funcionarios internacionales, en el Parlamento Europeo a mediados de
noviembre, la comisaria de Salud, Estela Kiriakides, afirmó: “Debido a la naturaleza
altamente competitiva de este mercado, la Comisión está legalmente imposibilitada
para desvelar la información que contienen estos contratos”. Jonathan García, experto
en salud pública en la Universidad de Harvard, en EE.UU., señalo “esto no es nada
nuevo; es frecuente que en los contratos entre los sistemas de salud de los países y las
farmacéuticas se incluyan cláusulas de confidencialidad
Similares argumentos se escucharon en todas latitudes, en Argentina no hubo acuerdo
con Pfizer, según se informó porque consideraron inaceptables sus exigencias. Pero se
firmaron los contratos para la provisión de las vacunas con AstraZeneca/Oxford y
Sputnik V. según el Ministerio de Salud “los mismos fueron suscritos en el marco de la
ley 27.573 ,de vacunas, aprobada en noviembre de 2020, por la cual se faculta al poder
al Poder Ejecutivo Nacional, a incluir cláusulas o acuerdos de confidencialidad”
Ante la magnitud de contagios y fallecimientos, la desesperación por contar con
vacunas pudo más que el derecho de la población a estar informada cuando su salud
es la está en riesgo.
Por otra parte la oposición, que avalo la aprobación de la ley, sigue en su accionar
lobista a favor de Pfizer, en una ominosa puja política y comercial. Todo vale.
Mientras tanto en todo el mundo se alzan voces, que no solo reclaman transparencia,
como lo afirma el Manifiesto ¡Acabemos con el sistema de patentes privadas! un
llamamiento de personalidades de todo el mundo que señala: “Gracias a un enorme
esfuerzo científico basado en la colaboración internacional y a históricas sumas de
dinero público, la humanidad ha podido desarrollar varias vacunas contra la COVID-19
eficaces en menos de un año. Sin embargo, este gran logro puede verse, totalmente,
ensombrecido por la codicia de la industria farmacéutica. En una situación tan crítica
como la que vivimos, el criterio de excepcionalidad que se exige a la mayoría de la
población debe aplicarse, también, sobre la industria farmacéutica privada y su
permanente sed de beneficio. Liberar las patentes relacionadas con la Covid-19 debe
ser una prioridad y un primer paso” 2
No se debe obviar la evidencia, que como ocurrió con otros experimentos, en el caso del
COVID 19, las multinacionales farmacéuticas han desplazado sus investigaciones hacia
los países emergentes para reducir costes en el reclutamiento de voluntarios. Un
método que también busca externalizar los riesgos ante efectos no deseados.

El mérito de El jardinero fiel es que, además de una tragica historia de amor y de
intriga, se exponen sustanciales cuestiones como el manejo de la información y el
consentimiento, las enfermedades infecciosas y la situación sanitaria en Africa, el
manejo de las corporaciones farmacéuticas y la manipulación de los datos y el fraude
publicitario.
Tanto el libro como la película denuncian que África no puede ser el laboratorio de
occidente y así lo declara un personaje: “No, no ha habido asesinatos en África. Solo
lamentables muertes y de esas muertes obtenemos los beneficios de la civilización.
Beneficios que obtenemos fácilmente porque esas vidas se compraron muy baratas”.
El jardinero fiel explica muy bien cómo funciona todo ese mundo de pruebas,
intereses, que implica a gobiernos y empresas y donde los pacientes son, además del
eslabón más débil, el menos importante y en muchos casos las victimas necesarias.
La película replantea uno de los ejes principales en el debate sobre los temas
relacionados con la ética de la ciencia, donde como explica Guillermo Folguera “el
mercado digita y las respuestas características que se dan desde la ciencia y la
tecnología reproducen ese esquema… donde el Estado no está ausente sino que
reproduce las lógicas empresariales” 3
La denominada Gran Farmacia, que concentra sus esfuerzos en las enfermedades del
mundo occidental en desfavor de las enfermedades endémicas que matan en los
países pobres, nos recuerda que no son filántropos y que se deben a los accionistas de
sus empresas, que se dedican a una de las actividades más provechosas del capitalismo
globalizado, rentar con la salud de la humanidad.

1 https://www.youtube.com/watch?v=3F2K9PFENdQ&ab
2 https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=3558
3 Guillermo Folguera, La ciencia sin freno, 2020, CFP24 ediciones

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