La siniestra estupidez del ser (pandemia y frivolidad)

La siniestra estupidez del ser (pandemia y frivolidad)

10Jun21 1 Por Admin

No hay genocidio sin épica genocida. La idealización del horror es posible. Y además necesaria para que la dictadura se pueda imponer por la fuerza, pero también por la razón. Desde ya, es una razón represora, pero eso nunca le importó demasiado a nadie. Con la digna excepción de los nadies.

Por Alfredo Grande

El Gran Acuerdo Nacional fue bautizado por el General Lanusse como el partido que debíamos jugarlo todos. En 1971 mientras se iban callando los ecos de la revolución argentina, se apeló a una metáfora deportiva para que la boleta en las urnas comenzara a lavar la sangre que derramada por los cursillistas y
la entrega de Krieger Vasena.

Carlos Alberto Lacoste, vicealmirante, presidente de facto, o sea, ceo del estado terrorista, por 11 días, y otros yeites de la época, fue vicepresidente del EAM (ente autárquico mundial 78).
La estrella no fugaz de Grondona Corleone empezó a brillar. Una asociación mafiosa de altísima rentabilidad. El jingle de guerra se cantaba con voz aguardentosa: “25 millones de argentinos jugaremos el mundial”.

Desaparecidos, secuestrados, asesinados, torturados, no cuentan para las estadísticas. Obviamente entre 25 millones y 24.900.000 no hace diferencia. Pero la pasión de multitudes sigue alumbrando el camino de la mediocridad incluyendo formas bizarras de enfrentar supuestamente la pandemia.

Con el atontado título de “Coronavirus: un partido que jugamos “todos”, dos reconocidos y reconocibles periodistas deportivos informan cómo hacer una línea de cuatro para ganar la Copa Covid 19. La falta de liderazgo social se reemplaza parasitando a un deporte en retiro efectivo, por una catequesis idiota pero afín al “fútbol negocio”.

Y aunque no éramos pocos, igual parió la abuela, mejor dicho, el abuelo presidente, que tuvo un parto de nalgas y con fórceps. O sea, hablando en lenguaje entramado sin afeites, le salió por y como el culo. Citando mal a Octavio Paz. La frase real dice “Los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos”. En mezclar partidos anti corona, con barcos anti originarios, debe haber algo más que una casualidad. Quizá sea otra de las casualidades permanentes, al decir del turco que nos dejó en la neblina.

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