En Hungría ¿o en cualquier lugar? Tal vez en ninguna parte

En Hungría ¿o en cualquier lugar? Tal vez en ninguna parte

16Jun21 0 Por editor

Una escritora húngara, exiliada en Suiza hasta su muerte, escribió un terceto de novelas en las que jamás nombra a su país. Los acontecimientos narrados eluden toda certidumbre. Hasta los propios protagonistas podrían no existir. Lo que queda claro es que habla de su tierra natal y en cierta medida de su vida, desde la segunda guerra hasta los años del régimen prosoviético.

Por Daniel Campione.

Agota Kristof.

Claus y Lucas

Buenos Aires. Libros del Asteroide.

464 páginas.

La autora publicó tres novelas sucesivas, El gran cuaderno (1986), La prueba (1988) y La tercera mentira (1992) que conforman una trilogía. Marcaron el inicio de su transcurrir en el género narrativo y, a juzgar por varias críticas, fueron lo mejor de su producción.

Kristof habitó en su país de nacimiento hasta 1956, año fatídico. Fue el de la entrada de tropas soviéticas para  derrotar a un levantamiento que chocaba con el país predominante en el Pacto de Varsovia. Su camino de expatriada comenzó con algunos años de trabajo en una fábrica de relojes y el esfuerzo por dominar el francés, lengua en la que escribió. Su obra comenzó a desenvolverse en el teatro y la poesía, pero a partir de su primera novela adquiere otra dimensión.

La presente edición en castellano reúne las  tres obras en un solo volumen. El título de éste corresponde al nombre de los protagonistas de todas ellas. Dos hermanos gemelos nacidos en un país innominado, del que sólo se sabe que está ocupado por soldados alemanes, en medio de una guerra. En la primera parte se cuenta cómo los mellizos son dejados por su madre en manos de su abuela, una mujer despiadada y de impulsos primitivos. Los hermanos se adaptan a ese ambiente, se adiestran en la resistencia a las condiciones adversas, también en la crueldad e incluso en el asesinato. La acción transcurre en un mundo inhabitable, devastado por la prepotencia y la ocupación extranjera, en el que todo resulta brutal, hasta el amor y el sexo.

El gran cuaderno está signada por una apariencia de realismo, con un ágil transcurrir de pura acción. Algunos cabos sueltos, palabras no pronunciadas, pequeños misterios no aclarados, van creando una atmósfera opresiva con surcos de irrealidad.

Esto último crece y se afianza en La prueba y La tercera mentira. Todo va quedando en duda, incluida la supuesta muerte de los padres de Claus y Lucas. La madre, a la que se vio morir en un bombardeo, reaparece de modo inexplicado. Luego entra en tela de juicio la identidad de ambos y hasta su existencia. Incluso los dos hermanos parecen intercambiarse entre sí, ya no sabemos quién es Claus (o Klaus) y quien es Lucas. Cambian los puntos de vista, el relato se hace más introspectivo. El poder de las tropas ocupantes es reemplazado en cierto modo por la prepotencia de una burocracia impenetrable, en la que hasta sus propias fallas contribuyen a sojuzgar a los que están sometidos a ella. La irrupción de los tanques soviéticos empeora la atmósfera social y el clima moral.

Esta trama tortuosa y amarga no deja decaer el interés del lector. No hay mucho resquicio para la esperanza, los personajes conmueven en su propia tristeza sin remedio, a menudo en un vagabundaje sin rumbo, una búsqueda infructuosa de un sendero para sus vidas.

Un personaje inanimado, a lo largo de los tres relatos, es la frontera. No se dice a qué países separa. Se  la cruza con peligro y esfuerzo, se muere al intentarlo, se habita del otro lado para regresar un tiempo después. Sólo está claro que al cambiar de país empieza un mundo diferente. La autora apenas escribe sobre esa otra dimensión. Lo que está claro es que no se pueden albergar grandes expectativas. “Una civilización basada en el dinero” se dice como al pasar.

Este mundo narrativo está signado a menudo por la maldad, las persecuciones y la muerte, cuando no por la inhumanidad que se reviste de una apariencia administrativa y burocrática. Se deja transparentar que el conjunto de los relatos es la trasposición de un trozo de la historia del siglo XX. Los enigmas y las tragedias de unos personajes de aspecto gris reflejan a su modo las de Europa. Un continente que convive, de modo sucesivo o al mismo tiempo,  con el genocidio, la dictadura de una elite en nombre del socialismo y la destrucción de las relaciones humanas en búsqueda de ganancias.

Hacia el final, Claus y Lucas se desdibujan, usurpan sus nombres, niegan su vínculo, y marchan hacia la muerte. Las fechas en que fueron compuestas las novelas, entre 1988 y 1992, hacen pensar que el final de los hermanos coincide con la terminación de una época. Tal vez era el adelantado “fin de siglo” que creyeron ver algunos historiadores.

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter