La vorágine colombiana

La vorágine colombiana

16Jun21 0 Por Admin

Mientras el mundo pone sus ojos en Colombia el país no sabe hacia donde mirar.

Carlos Alberto Munevar Ortiz/corresponsal en Colombia


La vorágine de acontecimientos de violencia descontrolada, corrupción, novelón político, masacres y señalamientos diariamente desbordan muchas veces la capacidad de análisis, en medio de un escenario de crisis multidimensional ocasionado por la imposición a sangre y fuego del neoliberalismo desde la década de los noventa, el fascismo “criollo” desarrollado por el uribismo y la necropolítica que expone abiertamente un estado de excepción permanente en donde paramilitares, policías y en general el aparato represivo colombiano actúa con total impunidad, frente a las cámaras en contra de la población civil, esos y esas “homo sacer” en palabras de Agamben, que son asesinados, torturados, violentados, desaparecidos, negados y excluidos, dejando claro que el Estado social de derecho es apenas una fábula, una triste sombra que alguna vez fue el sueño de los jóvenes que promovieron la séptima papeleta.
Basta un ejemplo para dar cuenta de las profundas diferencias. Mientras el expresidente y nobel de la paz, Juan Manuel Santos, pide perdón a las madres de los falsos positivos ante la comisión de la verdad e invita a que el ejército haga lo mismo, mostrando el grave hecho de que Uribe Vélez nunca tuvo la intención de frenar esta práctica macabra, por el contrario el “señor del Ubérrimo” sale a dar declaraciones a la cuestionada periodista Vicky Dávila directora de la hoy controvertida revista Semana, tribuna de la derecha colombiana, para negar todo lo relacionado con los falsos positivos pero además a mostrar las “bondades” de su gobierno. Así de esta manera un medio de comunicación privado entra a reemplazar y a sabotear el ejercicio de una entidad estatal como la comisión de la verdad, manipulando la opinión pública y suavizando la gravedad del debate que se encuentra implícito.
Esta situación es ejemplificante del modelo con el cual se maneja todo en Colombia, por un lado, la impunidad, el poder de los medios, la debilidad de las instituciones y por otra las profundas y gravísimas contradicciones sociales, políticas, económicas, culturales y hasta éticas que han llevado a que el Paro nacional convocado por el CNP haya pasado de ser una acción de dos días a ser un proceso de movilización social sin precedentes en la historia colombiana. Después de mas de 48 días de movilización en las calles es claro que el gobierno nunca tuvo la voluntad de negociar: la negativa del gobierno Duque de echar abajo el decreto 575 por el cual se militarizan las ciudades y se desconocen los derechos de los protestantes, con toda la batería de los medios de comunicación proclives al uribismo en campaña de desprestigio de la protesta social, criminalizando y censurando desde los micrófonos a los líderes del paro y a miles de jóvenes, avalando soslayadamente la brutal represión, con campaña diplomática internacional liderada por la vicepresidenta Marta Lucia Ramírez quien miente con total descaro y sin ruborizarse, gritando a los cuatro vientos que el gobierno respeta la protesta social ignorando los ríos de sangre que han corrido por estos dias.
Para complicar aún más la situación, los números de la pandemia, los debates internos al interior del CNP y los externos con las asambleas populares que se han ido conformando con amplios sectores que no tienen representación en el comité, el desgaste de la protesta y los bloqueos como consecuencia de la represión brutal y sostenida, han llevado a que la táctica de la movilización cambie, se diversifique y se amplíe en el tiempo. Es indiscutible que para derrotar a un regimen uribista con mas de 20 años de hegemonía, con una acumulación excesiva de poder, riqueza y el monopolio del Estado gracias a un complicado sistema de alianzas regionales, pero además con amplios sectores sociales que se convierten en un electorado disciplinado que actúa jalonado por la fe, el clientelismo y el fanatismo, dejando de lado el sentido común y el análisis de la realidad, se necesita un proceso largo en el cual el paro elevó la conciencia política de miles, mostró dinámicas de protesta nuevas en donde el arte, la cultura, las juventudes, ganaron el favor popular, desenmascaró ante el mundo definitivamente el verdadero rostro de un regimen criminal y deshumanizado, evidenció la crisis de los sindicatos, mostró el poder de las redes sociales, involucró personas de diferentes sectores y extracción social, en definitiva dejó claro que el paro es político y que el objetivo es derrotar al uribismo, para ello los diversos sectores sociales que promueven el cambio de modelo deben entender que la semilla ya está sembrada y que se necesita de la máxima coherencia histórica, política y ética para no dilapidar lo que se ha avanzado y poder seguir adelantando la agenda sin olvidar los muertos que el pueblo colocó y sin caer en la trampa del uribismo que tiene como combustible la violencia permanente, como dice un Twitter de una frase del fallecido Jaime Garzón: Necesitan los muertos para justificar los actos de guerra, necesitan la guerra para justificar su política y necesitan la política para perpetuar su impunidad.
créditos de la imagen
https://www.instagram.com/camilolopezart/

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