No lloren por mí las prepagas…

No lloren por mí las prepagas…

17Jun21 0 Por editor

Breve tránsito del arte de curar al arte de currar

Escribe Alfredo Grande (redactor de “tramas en movimiento”)

“si la necesidad es herejía, puedo tolerar comer gato. Pero no puedo tolerar que me digan que es liebre” (aforismo implicado AG)

Cuentan que el Cid Campeador aun muerto, seguía combatiendo a los sarracenos. Nunca me gustó escribir sobre personas determinadas, pero como hago muchas cosas que no me gustan, voy a escribir sobre personas determinadas. Claudio Belocopitt es el Cid Sanador. Paladín de la cruzada de la medicina prepaga. En la búsqueda del santo grial sanitario. Haré una breve reseña del Paladín porque necesito fundamentar porque lo he elegido, nombrado, ungido, como “analizador construido”. Lo bautizo en esta sencilla y emotiva ceremonia como Analizador ClauBel. Felicitaciones. Enumero brevemente los méritos que ha realizado el Cid Sanador para recibir esta, sin dudas, merecida distinción. (Aplausos) Estudió en la Escuela del Sol, de la cual le quedó el Sol que lo alumbra. Claudio se recibió de contador en la UB (Universidad de Belgrano lo paqueta). Es dueño, o sea, propietario, de la Clínica Suizo Argentina, Sanatorio de Los Arcos, Agote, Clínica Olivos, Swiss Medical Center (siguen las propiedades y los aplausos) Como todo Empresario Sol tiene días nublados. En los Panamá Papers figuraba en un listado de ciudadanos argentinos (variedad cipayense) involucrados en cuentas sin declarar en paraísos fecales. Perdón, es el teclado predictivo. Paraísos fiscales, preferibles a los infiernos tributarios. Por lo tanto, el por mi bautizado Analizador ClauBel tiene méritos y deméritos suficientes que informar sobre la formidable estafa que es la autodenominada “medicina prepaga”. Yo no soy demasiado inteligente, pero a pesar de eso me di cuenta el salto sin red de “medicina prepaga” a “mercado de la salud”. La salud, pensada como un mercado más. Como la educación, la vivienda, la alimentación. La sospechosa reacción de una fracción del Frente de Todos pretende revolver un avispero, aunque saben que las avispas ya están hace décadas avispadas. La medicina prepaga es prepaga pero no es medicina. Es un seguro de salud donde el negocio es bajar la siniestralidad. Palabra horrible indigna de nuestro Paladín Sanitario. Pero es lo que hay. Ramón Carrillo, referencia insoslayable, se opuso a la creación de las obras sociales. Terminaron siendo la caja de los sindicatos. Y contratando con las aseguradoras de riesgo en salud, cuya identidad autopercibida es “medicina prepaga”, la atención de su clientela cautiva que algunos llaman afiliados. No creo que el Estado se tenga que hacer cargo de la salud. Creo que cuando el Estado sale a robar se hace llamar mercado. Por lo tanto, tampoco creo en el supuesto antagonismo entre Estado y Mercado. Pero si creo en un cooperativismo en salud donde usuarios y profesionales sean una y la misma cosa. La cooperación para ejercer un derecho. Que, si no se ejerce, no se tiene. Digan lo que digan los tratados nacionales e internacionales.  La cultura represora siempre encubre, y no es el peor de sus males. Cuando a la medicina prepaga se la llama aseguradora de riesgos en salud, nuestro Paladín Sanitario volverá a ser lo que nunca dejó de ser: un contador de las ganancias de su macabra industria. Por eso no lloren por mi las prepagas. Y tampoco lloraré por ellas.

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