Orejeando las elecciones de noviembre

Orejeando las elecciones de noviembre

20Jun21 0 Por Admin

Cuando falta poco más de cuatro meses para las elecciones de medio término ya empiezan a vislumbrarse cuáles serán los ejes de las futuras campañas electorales del oficialismo y la oposición. También los temas que pueden quedar al margen del debate electoral.

Por Guillermo Cieza

Con una segunda ola de coronavirus que desciende muy lentamente, pero que todavía se mantiene con cifras muy altas de contagiados y fallecidos, el oficialismo caracteriza que ha pasado lo peor. Con un horizonte bastante despejado en lo que hace a la provisión de vacunas supone que, por ese lado, sólo recibirá buenas noticias en los próximos meses. El punto de partida para esa recuperación es bastante incómodo. A la fecha del 19 de junio de 2021, la Argentina con 4,22 millones de infectados ocupa el noveno lugar en el mundo y con 88.000 fallecidos el puesto trece. Su número más favorable es que, con 17,7 millones de vacunados, esta en el puesto veinte. El mayor logro del gobierno ha sido tener una fuerte iniciativa para conseguir las vacunas que permitiran cubrir a todos los mayores de 18 años a fines de agosto y poder empezar a reforzar con la segunda dosis a los grupos de riesgo. La aparición de la variante Delta, que exige dos vacunaciones, plantea interrogantes sobre la confianza de alcanzar rapidamente la “inmunidad de rebaño”.
La gran ventaja que tiene el oficialismo sobre la oposición de derecha para poner en agenda de debate lo del manejo de la pandemia es que, lo que tiene enfrente, es un una suma de discursos que sólo tienen en común la voluntad de poner palos en la rueda y no tener ninguna propuesta coherente. Allí conviven distintas posturas: agitar posiciones negacionistas de la epidemia o antivacunas, descalificar a la vacuna rusa que después terminó convirtiéndose en una de las más exitosas, reclamar por falta de vacunas y aumentos de ritmo de vacunación y embanderarse con la vacuna Pfizer que en el mundo ha tenido problemas de abastecimiento y no ha mostrado resultados diferentes al resto. En provincias donde gobierna la derecha, el PRO (CABA, Jujuy, Mendoza), y el peronismo (Cordoba y Santa Fe), se han producido los peores resultados de contagiados y fallecidos por millón de habitantes.
La oposición por derecha apuesta sus principales fichas discursivas a capitalizar el descontento por la pérdida de ingresos de la mayoría de la población en los últimos 20 meses del Gobierno de Alberto Fernández. Puede apoyarse en datos estadísticos elocuentes que muestran que los salarios y las jubilaciones han perdido contra la inflación, que el índice de pobreza hoy cercano al 45%, ha aumentado entre 3 y 5 puntos, y que el aumento de precios ha desbordado las previsiones del gobierno. Frases como: “Estamos a siete diputados de ser Venezuela”, disparada por el mediático díputado de Juntos por el Cambio, Waldo Wolf, pretenden capitalizar ese descontento.
El oficialismo puede alegar que la caída de la economia, la caída de los ingresos populares y el aumento de las desigualdad es un fenómeno mundial. Y también que, con sus medidas paliativas, morigeraron los efectos negativos de la pandemia. Pero sabe también que estos argumentos son insuficientes para el que no llega a fin de mes. El gobierno se ilusiona con dar en los últimos meses un empujón a los ingresos populares que de la sensación de que “estamos mejorando”. El gobierno cuenta a su favor con un sostenido crecimiento del valor de las exportaciones agropecuarias en el mundo, lo que le permitiría hacer una caja suficiente para animar esta “sensación de mejoría”. Apuesta también a llegar a octubre con un dólar tranquilo, y con negociaciones avanzadas para el pago de la deuda externa. Con esas variables bajo control, su única preocupación será evitar que se disparen los precios internos.
Las elecciones de medio término tienen importancia para el oficialismo, porque aún haciendo una elección aceptable, podrá aumentar su caudal de diputados. En esta elección se renuevan las bancas de quienes fueron elegidos en 2017, una votación que fue favorable a Cambiemos. Por lo tanto es la derecha quien pone más bancas en juego.
En las actuales circunstancias, el descontento social es inevitable. se expresó con mucha claridad en la ultima movilización de movimentos sociales que reunió alrededor de cien mil personas y se hará más visible en la medida que la vacunación afloje los efectos paralizantes de la pandemia. Estará en disputa quién va a capitalizar electoralmente ese descontento.
En tiempos de campañas electorales aumenta la atención masiva sobre las diferentes propuestas políticas. En la actualidad podemos advertir que ni el oficialismo, ni la oposición quieren ocuparse de problemas gruesos como son la auditoría de la deuda externa, o la recuperacion del Paraná, los puertos y el control de las exportaciones agropecuarias. El problema del hambre, se agita discursivamente, y se han tomado medidas paliativas, pero no está planteada la cuestión de un ingreso mínimo que garantice que todas las familias que habitan el país queden al margen de ese flagelo. En lo que hace al modelo productivo el gobierno ha tomado algunas iniciativas que hacen a lo declarativo como es el proyecto de la ley de Agroecología y algunas iniciativas que benefician la economía popular, pero no está planteada como politica de Estado una transición a escala nacional a una producción que sea sustentable. Tampoco hay medidas efectivas que garanticen el acceso a la tierra para vivir y para producir alimentos. La nueva normalidad post-pandemia traerá consigo un aumento de la desigualdad y una reducción de puestos de trabajo, con mayor precarización y salarios más bajos. No están planteadas políticas de reforma impositiva que reduzcan desigualdades y proporcionen fondos para que el Estado nacional pueda dinamizar una mejora de empleos y salarios.
La campañas electorales por las elecciones legislativas abrirán espacios para que puedan colar algunos de estos debates. Quienes se animen a dar estos debates y ofrezcan propuestas transformadoras, tendrán la posibilidad de expresar al menos una parte del descontento social. Es de esperar que aparezcan estas opciones. Sería penoso que fuera la derecha, que se ha opuesto a toda medida progresista, quien termine beneficiada por la legítima bronca popular.

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