Horacio

Horacio

22Jun21 1 Por Alejandro Urioste

Murió el Caballero de la Orden de las Letras. Pensábamos que la noticia era otra vez un error de alguien, pero no.

Su vasta obra, llena de búsquedas y de preguntas, su integridad incómoda, su obligación de opinar ya eran suficientes. Pero desde las lejanas Cátedras Nacionales junto a Alcira Argumedo, hasta su paso por la Biblioteca lo empujaba el torbellino del camino que nunca terminaba.

Solo una generosidad gigante como la de Horacio, hermana de su pasión polémica, pudo sacar a la luz para el gran público, desde el fondo de los archivos, el desmesurado catálogo de publicaciones de la Biblioteca Nacional.

Desde allí León Rozitchner, David Viñas, John William Cooke volvieron a encender los fuegos.

Las publicaciones facsimilares de Contorno, Literal, Envido, Fichas, Pasado y Presente, La rosa blindada, los folletos anarquistas, por nombrar unos pocos, lo convirtieron en el artífice de una reparación, de una fabulosa restitución a sus legítimos depositarios de la gran tradición polémica de las ideas argentinas.

Vamos a extrañar por acá el ancho gesto de abrazar que te precedía, tu cansancio de viajero insomne, tu mirada compadre, el café ya frío y vos hablando.

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