Cortes populares de la carne, una buena noticia que va a durar poco

Cortes populares de la carne, una buena noticia que va a durar poco

24Jun21 0 Por Guillermo Cieza

El gobierno está convencido de que si quiere ganar la elecciones de noviembre debe controlar el aumento de los precios internos. Bajar los precios de la carne es un logro de buen impacto, pero con pocas posibilidades de mantenerse en el mediano plazo.

por Guillermo Cieza

Como he escrito en otras oportunidades la suba de los precios de la carne tiene un fuerte componente estructural. El stock ganadero y la producción anual se mantiene estable desde hace 50 años y la población se duplicó. Para las y los habitantes de este país, que en gran medida mantienen sus gustos carniceros, la carne es un producto escaso y en consecuencia cada vez más caro.
Pero además, la posibilidad de tomar medidas para controlar el precio de la carne tiene complejidades adicionales. A modo de ejemplo, para aumentar los rodeos se puede apelar a la disposición que tomó José Gervasio Artigas en 1815 en su Reglamento de Tierras con el que dispuso la prohibición de matar las hembras fértiles. En otras palabras, se puede disponer que sólo pueden ir a faena las vacas viejas y enfermas y se prohibe matar a las terneras, vaquillonas, vacas nuevas y de medio uso.
También se puede incrementar el peso mínimo de faena. En la actualidad no se puede faenar un ternero que pese menos de 300 kgs. o una ternera que pese menos de 260 kgs. En potencias carniceras como Estados Unidos, Brasil y Australia, se faenan reses más pesadas, por lo tanto con la misma cantidad de patas (terneros nacidos) se generan más kg de carne. Con las dos medidas mencionadas se genera a mediano plazo un crecimiento de los rodeos y el crecimiento de la faena, pero en el corto plazo provocan un faltante de oferta y en consecuencia aumentaría el precio de la carne. Estas medidas no son desconocidas, lo que sucede es que gobiernos, con urgencias electorales, nunca las toman.
Otra de las complejidades de la ganadería tiene que ver con el hecho de que en el país, buena parte de las tierras donde pastan las vacas, no son exclusivamente ganaderas. También allí se puede hacer una agricultura marginal. Si para los productores la ganadería es un buen negocio achican las tierras que destinan a la agricultura, y a la inversa, si la ganadería no rinde lo esperado, se venden las vacas y esas tierras van a la agricultura. Esta es una característica de la producción agropecuaria. Las políticas de las últimas décadas, que favorecieron la expansión del modelo de agricultura industrial, explican en gran medida por qué no ha crecido el stock ganadero.
Contemplando estos posibles corrimientos productivos, no hay que mirar solamente la ganadería, sino cómo están los precios de la agricultura. Y allí nos encontramos con que la tonelada de soja tiene precios muy altos. En el corto plazo un control del precio de la carne vacuna puede ser efectiva, pero generará para el mediano plazo una disminución de los rodeos. Menos carne y más cara.
La tercera complejidad tiene que ver con la pérdida del peso político y económico de los ganaderos en la producción agropecuaria y en las decisiones politicas del país. La poderosa oligarquía ganadera terrateniente es un fotografia vieja, de un pasado que sólo tiene valor para quienes la agitan amenazadoramente desde los dos lados de la grieta, aprovechándose de la extendida ignorancia sobre las profundas transformaciones que vivió el capitalismo agropecuario a partir de la década del 70. La última prueba de esa decadencia es el fallido paro ganadero que pasó sin pena ni gloria, donde no sólo no pudieron traccionar al resto de la cadena agropecuaria, sino que terminó sin que el gobierno hubiera hecho el gesto de recibirlos. Como suele suceder en la política, la exhaltación en los discursos, no expresan necesariamente poder efectivo para generar o modificar rumbos. Por el contrario, a veces esa radicalidad discursiva como la que ejercen los ganaderos autoconvocados, es inversamente proporcional a su incidencia politica.
Desde hace décadas el capitalismo agropecuario ha sido monopolizado por las multinacionales exportadoras, las proveedoras de insumos, los fondos de inversión (pools, feed-lot) y los frigoríficos exportadores y con ellos negocia el gobierno, acordando en temas muchos más gruesos como son los puertos, la Hidrovia, la aprobación de transgénicos, gravámenes impositivos, políticas de exportación e importación, etc.
Confirmando lo dicho anteriormente, las medidas anunciadas sobre los cortes populares de la carne, fueron acordadas con la industria frigorífica y los grandes supermercados. Luego fueron comunicadas a los ganaderos. Las medidas permitirán una tregua en la suba de los precios de la carne hasta las elecciones.
El plan ganadero que apunta a incorporar tecnología para mejorar los índices de preñez, puede ser efectivo si hay un seguimiento y esos préstamos subsidiados no tienen otro destino. Si se cumplen estas condiciones, habrá modestos avances en el mediano y largo plazo. La ganadería es una actividad donde los resultados no son inmediatos. Las declaraciones del ministro Kulfas de asociar este plan ganadero a la meta de pasar de 3 millones de toneladas de faena a 6 millones, es una frase que pertenece al realismo mágico. En cincuenta años, la faena no pudo aumentar ni un millón de toneladas. Quiero suponer que las declaraciones del Ministro sólo se tratan de promesas de campaña electoral.
En resumen: las medidas de precios populares de la carne permitirán que en los próximos meses familias de trabajadores recuperen la posibilidad de comerse un asado. Si se lo quieren comer para fin de año, recomendaría que hagan reservas y guarden en el freezer.

Foto: la Opinion Austral

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