Nuevas tecnologías y vida cotidiana

Nuevas tecnologías y vida cotidiana

24Jun21 0 Por Eduardo Lucita

En todos lados se está discutiendo la pospandemia, mejor dicho que futuro nos espera luego de la esperada recuperación.

Cómo será ese mundo, qué cambios se impondrán en la vida cotidiana, en las relaciones personales, en la economía, en el mundo del trabajo, qué estructura de poder mundial se conformará. Lo discuten desde la filosofía, la psicología, la sociología, la economía, la politología… Debates que a veces, desde corrientes de pensamiento distintas, toman formas multidisciplinarias, no siempre son convergentes o puede que haya acuerdos. Son todas aproximaciones provisorias, porque nadie sabe a ciencia cierta cuándo termina esta pandemia y que saldos dejará.

Sin embargo hay si un acuerdo general. Que las grandes potencias tecnológicas globales –Amazón, Google, Apple, Facebook, Alibabá, y las multiples plataformas digitales que controlan, son las que predominan en este tiempo y tienen proyecciones futuras. Incluso nuestro capitalismo atrasado y dependiente tiene hoy varias luminarias tecnológicas que brillan en Wall Street: Mercado Libre y Globant las mas conocidas pero no solo ellas, que han pasado largamente el umbral de valuación de los mil millones de dólares, entrando en la nueva denominación de “unicornios”.

Un directivo de una de las grandes tecnológicas declaró al principio de la pandemia: “En dos semanas hemos avanzado lo que proyectábamos hacer en 10 años”. Es que la pandemia aceleró todos los tiempos y potenció estas tendencias. Todos nosotros, aún los atrasados tecnológicamente como quien esto escribe, lo hicimos. En este contexto de avances tecnológicos es que quiero narrarles una experiencia que me tuvo como protagonista.

Muchos de Uds. saben que fui infectado por el coronavirus, que cumplí estrictamente el protocolo de aislamiento (hospitalario y en casa) terapia intensiva incluída y finalmente zafé. No tuvo la misma suerte el amigo que formaba parte del grupo de hinchas de Atlanta que compartíamos la esperanza de volver a primera. Cuando yo abandonaba el hospital él ingresaba, en poco tiempo se nos fue definitivamente. Cuando este virus maldito pase y volvamos a las canchas su ausencia se notará en la tribuna bohemia.

Pero volviendo a la narración, estaba yo en ese trámite sanitario de aislamiento total–que no se lo recomiendo a nadie- cuando cumplí años. A mi regreso a casa me encontré con la novedad que Cristina, mi compañera, me había regalado una tablet de última generación. Ocurrió que tanto ella como mis hijos habían escuchado mis quejas por no poder sumarme a las múltiples charlas y conferencias virtuales por la sencilla razón que mi vieja PC de escritorio no es apta para incorporarle una cámara web y sonido de salida. Había hecho pruebas con el celular pero por alguna falla técnica o algo mal que hice yo -lo más probable- la cosa no funcionaba. Así que la tablet, previo conclave familiar en mi ausencia, vino a cubrir esa necesidad. Y así fue efectivamente- con el asesoramiento de mis hijos y del amigo JP Casiello, que me guió a la distancia- experimenté con éxito el sumarme a una reunión virtual. Ahora he incorporado nueva terminología a mi reducido léxico. Se trata de reuniones “remotas”, que organiza un “anfitrión”, que se hacen por las plataformas “Zoom”,” Jitsi Meet”, “Meet” y otras, que hay que tener cuidado de no estar “muteado” y varios términos más que no recuerdo y me cuesta incorporarlos.

Pero el impacto de la tablet en mi vida no han sido solo complicaciones lingüisticas. Muchos de Uds. saben que soy tempranero, en cualquier época del año a la 6 am estoy despierto, entre las 6 y las 6.30 me tiran el diario por debajo de la puerta y me avisan con un timbrazo. Este detalle es fundamental ya que el recorrido hasta la puerta es de más 30 mts. a la intemperie, así que no se trata de asomarse una y otra vez para ver si llegó el periódico. La rutina es la siguiente: suena el timbre, me levanto, exprimo un limón, pongo a calentar el agua mientras preparo el mate, voy hasta la puerta y recojo el diario, me tomo el jugo del limón en ayunas, previo cortarlo con un chorro de agua tibia, termino de preparar el mate y con todo regreso a la cama. Allí comienza el problema, porque Cristina ya está despierta y la discusión es quién lee primero el diario. Una discusión que se arrastra en el tiempo porque compartimos cama, mate, diario y discusión política de las noticias desde hace más de cuatro largas décadas. Discusión que como comprenderán yo la tengo perdida de antemano, salvo excepciones, si alguna radio me avisa que me llamará entre las 8 y las 9hs para entrevistarme entonces tengo prioridad, pero solo en esos casos.

Resulta ser que la tablet puso fin a este incordio. La rutina sigue siendo la ya descripta pero cuando regreso a la cama le cedo gentilmente el diario en papel a Cristina, y yo me dedico a leerlos en la tablet. Digo leerlos porque los hijos me pusieron unos dispositivos (creo que se llaman aplicaciones) que me permiten acceder a todos los diarios locales y a varios de otros países mientras seguimos tomando el mate.

El tema que ahora me preocupa es otro. El trámite de leerlos, o al menos revisar los títulos, lleva tiempo y me quedo en la cama hasta las 10hs. sino más, y le estoy tomando el gusto, es decir corro el riesgo de convertirme en un holgazán mañanero. Por ahora tengo argumentos sólidos: estoy convaleciente del coronavuirus, hace frío por lo tanto es mejor que me proteja, lo peor sería una recaída, ya zafé una vez no hay que tentar la suerte… Sin embargo esta argumentación puede tener cierta validez hasta septiembre, con la llegada de la primavera se agotará. Desde hace unos días pienso y pienso como justificar la continuidad, incluso lo he pensado en “esas desveladas noches” como dice Juan José Castellí –el orador de la revolución que paradojalmente murió de un cáncer de lengua- en esa formidable novela historiográfica que es “La revolución es un sueño eterno” de Andrés Rivera.

Finalmente he llegado a una conclusión, el mejor argumento es el que utilizó el protagonista de uno de los más leídos cuentos del Negro Fontanarrosa, que ante la suma de evidencias en su contra decidió “Negarlo todo”. Eso haré.

Mientras tanto, ¡Cómo nos cambia la tecnología!! yo puedo contarlo.

Salute.

CGR

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