La Guernica bananera

La Guernica bananera

25Jun21 0 Por Carlos Munevar

Manejo criminal de la pandemia en Colombia, 100 mil fallecidos por Covid-19, desorganización y sin segundas dosis.

Esta semana Colombia superó el récord de los 100 mil fallecimientos producto del Covid-19 con un proceso de vacunación desorganizado y la  falta de  segundas dosis, lo que demuestra un manejo casi criminal de la pandemia, sumado a esto la democracia recibe otro nuevo golpe a manos del congreso en donde se aprobó una reforma a la procuraduría  quien obtiene superpoderes que algunos expertos señalan pueden ser usados  contra políticos de la  oposición y además aumenta en 500 el número de sus funcionarios con un costo de nómina de 87 mil millones a la par que se niega la matricula cero para que los jóvenes de las clases populares puedan acceder a la educación superior.

Para empeorar las cosas la barbarie se encuentra en su apogeo, para quienes pensaban ilusamente que lo peor del uribismo había acontecido durante el gobierno del expresidente Uribe, las últimas semanas les han dado un baño de realidad de color rojo intenso, la carnicería y la barbarie han llegado a escenarios que sobrepasan con creces a algunas de las dictaduras mas brutales que se hayan tenido en el continente, la “Guernica bananera” en palabras del caricaturista Matador.

Los medios colombianos que tienen  el monopolio de la información continúan con su campaña de atenuar las causas del actual proceso de lucha social y estigmatizar a los diferentes sectores sociales  que se encuentran movilizados y en protesta, atribuyéndoles el calificativo delincuencial de “vándalos” ya institucionalizado e incrustado como un chip en el imaginario de sectores sociales con poca formación política o ideologizados por décadas de bombardeo mediático, reduciendo el inconformismo social y la protesta a hechos aislados de “un grupo de desadaptados que quieren acabar con el país” y en esa lógica, la desaparición de jóvenes, su descuartizamiento  y la aparición de cuerpos desmembrados no parecen ser un problema  tan serio como los daños a la infraestructura producto de los enfrentamientos entre manifestantes y policía.

De no ser por las redes sociales, muchos colombianos seguirían pensando que esos casos  extremos de barbarie son ficción pues  en el pasado eran presentados por el periodismo oficialista como una especie de  relatos propios  del realismo mágico en donde no se sabía en donde terminaba el mito y empezaba la realidad, sucesos que los habitantes de las ciudades colombianas apenas entendían y que eran envueltos en el halo siniestro de veredas, pueblos, corregimientos envueltos en la espesura de la vegetación del magdalena medio y de otros lugares recónditos de la geografía nacional, en donde se escuchaban relatos  de que los “paras” “mochaban” cabezas y al son del vallenato y el aguardiente jugaban con ellas, mientras las mujeres eran violadas y los hombres desaparecidos.

Pues bien, ahora ese horror se traslada a las ciudades, lugares en donde la mayoría de votantes le dijeron NO al plebiscito por la paz de 2016, tal vez porque para ellos la guerra era algo que solo se veía en los campos colombianos y a través de una pantalla de televisión, hoy 5 años después sin una guerrilla fuerte, el nuevo enemigo interno es la juventud que se encuentra movilizada en las urbes colombianas, habría que analizar las cifras y edades de quienes han sido asesinados desde la llegada de Duque al poder y en especial en la actual arremetida fascista y a partir de allí entender que el horror se ha desplazado a las ciudades en donde en los centros de resistencia sobre todo en Cali y Bogotá se desarrolla una política de contrainsurgencia antipopular, en otras palabras se hizo realidad la orden velada del expresidente en sus twitters de  finales de abril y mayo en donde llamaba a tener el ejercito en las calles y  dar tratamiento de guerra  a la movilización social denominándola “revolución molecular disipada” utilizando el término de  Alexis López, un conferencista chileno invitado al país por sectores de las fuerzas militares (calificado como un ideólogo del neonazismo).

En esa lógica el hecho de decapitar jóvenes como fue el caso de Santiago Ochoa en Tuluá, implica una muestra de poder, históricamente es un trofeo de guerra que en el caso colombiano demuestra hasta qué punto se ha degradado la represión y como ese nuevo paramilitarismo urbano tiene como objetivo ocasionar horror y reciclar eternamente esa estrategia del miedo para desmovilizar, desmotivar y derrotar la movilización. Junto a esto, la utilización indiscriminada de artefactos no convencionales, hecho que ha sido denunciado, disparados por agentes del ESMAD directamente a los cuerpos de los jóvenes de primera línea han ocasionado muertes cuyas cifras dependen de la fuente consultada, obviamente las que maneja el gobierno son muy inferiores a las que manejan ONG dedicadas al tema de derechos humanos.

El horror y la brutalidad de la represión del régimen es  disimulada por comunicados e informes suavizados que algunos funcionarios como la alcaldesa Claudia López han entregado, volviéndose cómplices de una situación insostenible de derechos humanos que unido a la “reactivación” económica total derivada del concepto “aislamiento selectivo con distanciamiento individual responsable” sume al país en un escenario complejo de contagio, crisis social, violencia estatal y movilización, en resumen una colcha de retazos que solo evidencia horror, confusión, dolor, fascismo… una Guernica bananera.

Carlos Munevar, corresponsal tramas Colombia

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