El 26 de junio y ellas, las escenciales

El 26 de junio y ellas, las escenciales

26Jun21 0 Por Yanina Waldhorn

El 26 de junio de 2002 fueron ELLAS, las que no dudaron en ir y tomar tareas de autocuidado, de dejar los barrios y a les niñes para volver con algo, las que corrían – las que se levantaban – las que se escondían y las cayeron presas; las que no dudaron en abrazar, llorar y en duelar colectivamente.

Aquel 26 de junio, organizaciones piqueteras coordinaron una acción conjunta para bloquear los accesos a la Capital Federal en un plan de lucha político reivindicativo. En aquel momento los seis puntos que formaban parte del reclamo eran el urgente pago de los planes de empleo, el aumento de los subsidios de 150 a 300 pesos, la implementación de un plan alimentario bajo gestión de les propies desocupades, la exigencia de insumos para las escuelas y centros de salud de los barrios, el desprocesamiento de les luchadores sociales y la declaración de solidaridad con la Fábrica Zanon bajo control obrero que se encontraba ante amenaza de desalojo.

Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, jóvenes compañeros del Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón fueron parte de les más de 4000 desocupades que se movilizaron aquel día en el Puente Pueyrredón en busca de la construcción de un futuro con trabajo, dignidad y cambio social para todes. En los días previos, los gobiernos nacional y provincial amenazaron con no permitir los cortes y reprimirlos.

Duhalde había llegado al gobierno el 2 de enero de 2002, tras los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 que provocaron la renuncia de Fernando de la Rúa, seguido de una serie de continuaciones presidenciales. El 26 la respuesta del gobierno fue la represión, para demostrar firmeza ante el Fondo Monetario Internacional que lo caracterizaba como un gobierno débil. El objetivo era claro, anular la protesta social “caiga quien caiga”.

La Masacre de Avellaneda fue una “decisión política”, así lo reconoció el entonces Secretario de Seguridad, Juan José Álvarez. Hubo más de 400 efectivos de cuatro fuerzas de represión del Estado (Gendarmería, Prefectura, Policía Federal y Policía Bonaerense) que actuaron articuladamente en el operativo. Al menos dos grupos de agentes se conformaron en forma ilegal como “grupo de tareas” con el fin de dar muerte.

Desatada la represión, Darío y Maxi resistieron con firmeza junto a miles de otres, hasta ser brutalmente asesinados. Hubo más de cuarenta personas que resultaron heridas con balas de plomo. Los policías disparaban y levantaban los cartuchos para esconder sus delitos y abusos. Todo quedo registrado por fotógrafes y camarógrafes quienes fueron claves al momento de esclarecer lo sucedido aquel día.

Con el inclaudicable reclamo de justicia de familiares y de organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos se consiguió que Fanchioti y Acosta (responsables materiales) fueran condenados. Hoy el reclamo sigue vigente para avanzar con la exigencia de juicio y castigo sobre los responsables políticos de aquella masacre. Ellos son Luis Genoud (Ministro de Seguridad y Justicia de la Provincia de Buenos Aires); Juan José Álvarez (Secretario de Seguridad de la Nación); Alfredo Atanasof (Jefe de Gabinete); Jorge Matzkin (Ministro del Interior); Carlos Soria (Secretario de inteligencia del Estado – SIDE); Jorge Vanossi (Ministro de Justicia); Felipe Solá (Gobernador de la Provincia de Buenos Aires) y Eduardo Duhalde (Presidente de la Nación).

Pero en este contexto, en ese día, en esos días y en estos días que transitamos de pandemias e individualismos que nos meten en casa, quienes estaban y están son ELLAS. Las esenciales, las piqueteras, las mujeres y disidencias sexogeneropolíticas; las que cuidan, las de la primera línea.

Como decía Nancy Slupsky, compañera Docente y Psicóloga Social que formó parte de Vecinos Autoconvocados de Glew y luego del nacimiento del Movimiento de Trabajadores Desocupados, el 26 fue dignidad. Fue retroceder y seguir avanzando, fue historia despertando nuevas historias. Fue Darío y un gesto de humanidad, ejemplo, compañerismo, solidaridad, sororidad extrema y genuina. Fue salir sabiendo las consecuencias, pero con la fuerza de querer transformarlo todo.

El 26 –sobretodo- fueron ELLAS, las que no dudaron en ir y tomar tareas de autocuidado, de dejar los barrios y a les niñes para volver con algo, las que corrían – las que se levantaban – las que se escondían y las cayeron presas; las que no dudaron en abrazar, llorar y en duelar colectivamente.

ELLAS que nadie sabe, como decía Nancy, como hacen con el tiempo; que trabajan y trabajan, que lavan – planchan – cosen – barren – limpian – cocinan – bañan – peinan – sacan piojos – hacen camas – buscan precios – amasan – educan – llevan a les chiques a la escuela -… ELLAS que sueñan con otro mundo, que sueñan con algo mejor, mucho mejor.

Hoy sabemos que ELLAS son las imprescinbles, la gran mayoría de la composición de las organizaciones sociales, territoriales y políticas. Que son la primera línea, las que cuidan lo comunitario y lo privado, las que sostienen las vidas y la organización. Las que se han permitido cuestionarlo todo, las dispuestas a transformarlo todo; desde los feminismos populares hasta llegar a romper los mandatos heredados de los malditos sistemas de opresión capitalista, patriarcal, racista y colonial. ELLAS dispuestas a distribuir todas las tareas, a coordinar asambleas – encuentros – talleres, a conquistar leyes y sentir placeres.

ELLAS: Carmen, Josefina, Liliana, Nancy, Mercedes, Irinea, Remedios, Maite, Lohana, Diana, Luisa, y muchas más. ELLAS, presentes ahora y siempre! ELLAS, piqueteras carajo!

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