De luchas, padecimientos y carencia de alternativas

De luchas, padecimientos y carencia de alternativas

27Jun21 0 Por Daniel Campione

Los reclamos sociales sólo obtienen respuestas parciales y provisorias, el debate político tiende a lo insustancial y no hay contrapesos eficaces al poder del gran capital y sus aliados.

Tras la importante movilización de hace poco más de una semana, no se concretó la perspectiva de un acampe de las organizaciones sociales en la Avenida 9 de Julio, en CABA. Una trabajosa negociación con el Ministerio de Desarrollo Social permitió abrir un período de espera.  

Declaraciones de referentes pusieron límites al acuerdo desde varias organizaciones sociales. Militantes Polo Obrero, Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) Movimiento Socialista de los Trabajadores-Teresa Vive, Barrios de Pie-Libres del Sur, entre otros puntualizaron: “Las respuestas están lejos de los objetivos planteados, pero hay un compromiso de recomposición de los envíos de alimentos a los comedores comunitarios que atienden a la emergencia alimentaria. Lo comprometido será verificado en el curso de los días venideros.” Los mismos dirigentes piqueteros señalaron que se atendieron algunas demandas muy urgentes de inclusión en los programas sociales.

Siguen en pie todos los reclamos  básicos de esas organizaciones, como la apertura de vacantes y aumentos de salarios del plan Potenciar Trabajo, la vacunación de las más de 70 mil personas que trabajan en comedores y merenderos, y la regularización del envío de alimentos. También se reclama el restablecimiento del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).  

Está claro que el camino de la lucha en las  calles sigue abierto, para las organizaciones que participaron de esta negociación y para todas las demás.

Una mínima baja en el índice de desempleo, de apenas dos décimas en el primer trimestre de 2021 respecto a igual lapso del año pasado, es el único indicador, algo mísero, de mejoría social. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) estableció en 10,2% de la población económicamente activa el índice de desocupación. Siempre debe remarcarse que las cifras de desempleo no dan cuenta de aquellas personas que, luego de una búsqueda infructuosa de trabajo, desisten de su empeño.

Ha arrancado una nueva tanda de negociaciones paritarias, de las que surge una nueva pauta salarial. Así el 45% de aumento firmado por el sindicato de Camioneros. Reabren negociaciones los bancarios, que en su momento habían cerrado trato por el 29%, en coincidencia con la previsión presupuestaria oficial, y ahora quieren llegar a más del 40%. La Asociación Trabajadores del Estado, tardíamente “arrepentida” de haber firmado hace poco por un 35% enarbola también el “revisionismo” paritario. Se verá que hace la Unión Personal Civil de la Nación (UPCN), cuyos dirigentes suelen ser los “mejores alumnos” a la hora de acordar convenios a la baja. Cabe acotar que estos aumentos son en varias cuotas, lo que aminora su impacto real sobre la recuperación del salario.

Aparece difícil que los sindicatos más débiles logren una reapertura de las negociaciones. Y ya es sabido que la pérdida de poder adquisitivo de les trabajadores precarizados bordea la catástrofe.  Hay patronales, como la de sanidad, que directamente se niegan a negociar incrementos de sueldos.

Una política antiinflacionaria vigorosa sigue ausente, salvo que se tome por tal la fijación de unos pocos precios en los comercios de cercanía o los recaudos tomados para los cortes de carne “populares”. La proximidad de las elecciones no ha inspirado otras medidas, al menos hasta ahora. Y las proyecciones de suba de precios en los próximos meses siguen por arriba del 3%.

Esas circunstancias sociales sirven de encuadre a las cercanas campañas electorales. Según La Nación del viernes 25/6, Mauricio Macri afirmó que, de triunfar el kirchnerismo en esa votación: “Ahí se acabó todo, nos quedamos sin libertad. La Argentina se convierte en Venezuela o Nicaragua”. Lo habría repetido ante quienes lo visitan en sus oficinas.

Lo que parece claro es que dirigentes de la oposición de derecha y medios de comunicación que les responden tratan de conferirle dramatismo a los comicios de septiembre y noviembre.  Se comprende la lógica; la demonización del gobierno actual es un recurso electoral para quienes cargan con el peso de su desastrosa gestión entre 2015 y 2019. Al mismo tiempo pasan factura por cualquier mínimo gesto de autonomía de la política internacional. Siguen cobrándole la cuenta al gobierno por sus negativas a tomar parte en condenas internacionales. Más allá de la opinión que se tenga sobre los gobiernos de los países latinoamericanos, lo evidente es que se  rechaza todo lo que no sea acatar los dictados estadounidenses.

 Un grupo de intelectuales de “Juntos por el Cambio”, a los que esta vez se sumó Beatriz Sarlo, han escrito que si el kirchnerismo suma nuevas bancas, la democracia será vaciada “hasta la última gota.” Un aporte adicional para legitimar al espantajo eleccionario de aspecto “republicano”.

En materia sanitaria, los funcionarios nacionales muestran preocupación ante la factible “tercera ola”, corporizada en la variante Delta, de origen indio. Siguen mientras tanto las aperturas de diversas actividades económicas como locales gastronómicos, gimnasios, salones de fiesta, la escolaridad presencial en el nivel secundario. La restricción del cupo de número de personas de ingreso al país por día, puede convertirse en una medida tardía e ineficaz. La vacunación con las dos dosis continúa bastante por debajo del 10%.

Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical, una de las empresas “líderes” en medicina prepaga, ha desatado una campaña contra el supuesto propósito de “estatización” del sistema de salud.  El empresario es a la vez presidente de la Unión Argentina de la Salud (UAS), entidad que nuclea a grandes mercaderes de la medicina. En nombre de esa cámara convierte en fantasma “socializante” lo que sólo fue una genérica apelación a la coordinación del sistema sanitario, hecha por la vicepresidenta.

Los que deberían ser los grandes temas nacionales siguen relegados. Y los propósitos declamados  de mejora de la distribución del ingreso y reducción de la desigualdad continúan huérfanos de cualquier realización efectiva. Son las ganancias de los grandes conglomerados empresarios las que siguen en aumento. Las mismas grandes empresas que reclaman contra cualquier control de precios o tarifas. Y se encrespan ante la falta de una política más permisiva en cuanto a despidos y suspensiones.

Vista la situación desde la perspectiva de las clases populares, un déficit persistente es la no formulación de una alternativa política y económica que pueda alcanzar visibilidad y resonancia masiva. Sin menospreciar a las agrupaciones de izquierda que animan reclamos y luchas, el escenario sigue dominado a pleno por el acatamiento, abierto o vergonzante, a un orden de desigualdad e injusticia.

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