Varados en el exterior: la cuenta hipócrita

Varados en el exterior: la cuenta hipócrita

30Jun21 0 Por Guillermo Cieza

En los últimos diás, desde distintos medios de prensa, se ha agitado por la situación de “miles de argentinos varados en el exterior”.


Las cifras difieren, algunos sostienen que son sesenta mil, otros cuarenta y cinco mil. Los rostros compugnidos de los periodistas apelan a nuestros sentimientos por esas y esos compatriotas que seguramente la están pasando muy mal en lugares inhóspitos como Miami, Madrid, o Roma.
La titular de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), Florencia Carignano, desmintió estas cifras reduciéndolas a veintiseis mil y aclarando que de ese total, el 60% viajó con fines turísticos.
No se han realizado últimas mediciones sobre la cantidad de habitantes de este país que viven actualmente en la calle. Pero los últimos números señalan que en 2019 sólo en la ciudad de Buenos Aires vivían 7.251 personas “varadas en la calle”, de los cuales 871 eran niños y niñas. Y los números seguramente aumentaron en estos últimos años donde la pandemia agravó todos los indicadores sociales.
En la Argentina, en el último año cayeron en la pobreza dos millones y medio de personas. El gobierno afirma con razón, que si no hubiera tomado algunas medidas como la elevación de los montos de las Asignaciones Familiares, la caída hubiera sido más pronunciada. Sin embargo, los números son contundentes. En nuestro país, el porcentaje de niños y niñas pobres llega al 62,9% . Y con ello, aumenta el número de niños y niñas que viven en la calle.
Seguramente para los grandes medios de prensa los padecimientos de “los varados en el exterior” tienen más glamour que el desamparo de los “varados en las calles”.
´En días como hoy, cuando las bajas temperaturas invernales, agravan la situación de quienes viven a la intemperie, resulta bueno recordar el hermoso poema de Armando Tejada Gomez, “Canción para un niño en la calle”.


A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle…
¡Hay un niño en la calle!

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.

No debe andar el mundo con el amor descalzo
Enarbolando un diario como un ala en la mano
Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.
No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia
Porque entonces las manos son inútiles fardos
Y el corazón, apenas, una mala palabra.

Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
Que hay millones de niños que viven en la calle
Y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
Mirándonos a todas con fábula en los ojos.
Un relámpago trunco les cruza la mirada,
Porque nadie protege esa vida que crece
Y el amor se ha perdido, como un niño en la calle.

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