De recuerdo también se vive: cafetero

De recuerdo también se vive: cafetero

4Jul21 0 Por Héctor Zuñiga (Panini)

Más frío me daba ver a mis hermanos alzar de brazadas esos apilados congelados cuando le tocaba la cargada

Veo con agrado que hablar de la zafra ha movilizado la nostalgia de un montón de personas que quizás en carne propia han sufrido el rigor del trabajo bruto. Y como he dado, sin querer queriendo (diría el Chavo del ocho) en la yema del gusto, voy a continuar incitándolos al pasado. Pues en mi memoria y en la de ustedes eso es algo difícil de olvidar.
Una vez, siendo pendejo, llevaba el café al cerco para mis hermanos. No sé si por ser cagón nomás (mantequita diría la Michila). Me tiritaba la carretilla de frío. Iba por los callejones con las patas congeladas, cuidando de ver dónde pisaba, porque el terreno escarchado era resbaloso y si no tenía cuidado podría caer y tirar todo a la mierda. Mi vieja me había arropado como para ir al Polo Norte y aún así me recontramilcagaba de frío. En la parte de abajo de la pava colgaba un plato de cobre atado con alambre lleno de brasas para que el líquido llegue caliente a la panza de los changos. Todo estaba blanco de la helada que había caído esa mañana. Esos inviernos sí que eran bravos, ¿verdad? No como los de ahora que comparado con los de esos años serían basuritas. Semanas enteras sufríamos los cafeteros.
Chorreando los mocos y la nariz colorada llegábamos a destino. Ni la caminata nos calentaba el cuerpo.
Más frío me daba ver a mis hermanos alzar de brazadas esos apilados congelados cuando le tocaba la cargada.
Con el tiempo, al pasar los años yo también hice éste trabajo que no me gustaba para nada pero lo tenía que hacer, “no había tu tía”. En la escuela era malísimo. Como estudiante no avizoraba ningún futuro, y mi viejo en casa no quería parásitos, así que me enseñó a laburar para que por lo menos tuviera algo de dónde agárrame.
Si me habré tajeado punteando la caña, carajo.
Se resbalaba el cuchillo y pafff. O al querer cortar en el último canuto me daba en los dedos. Chorreaba la sangre, y eso que usaba la manopla lo mismo el cuchillo “desgraciao” me lastimaba.
Esa marca, no se borra más en la vida como la final de Madrid, ¿cierto? Imagino que el que peló caña en aquellos tiempos al leer mi escrito estará de acuerdo conmigo de que es verdad.

Hector Zuñiga – alias Panini

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