Se buscan docentes sin antecedentes culturales

Se buscan docentes sin antecedentes culturales

5Jul21 0 Por Darío Balvidares

En las últimas modificaciones al estatuto docente de la Ciudad de Buenos, el gobierno del PRO vuelve a utilizar el decreto como herramienta reformista de la ley que regula el trabajo de les educadores.

A través del decreto 179/21, el ejecutivo con el ministerio de educación porteño, decidió unilateralmente una nueva modificatoria, de las que viene realizando desde hace 14 años, o de manera directa, como en este caso, o mediante la mayoría automática que consigue en la legislatura con algunos legisladores aliados; como fue la histórica jornada, presidida por María Eugenia Vidal (vicejefa del segundo gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad <2011/2015>), en la que se disolvieron las juntas de clasificación docente y se creó la Comisión del Registro y Evaluación de Antecedentes Profesionales (COREAP), entidad que desplaza a los propios docentes de esas tareas de registro y evaluación de antecedentes de sus pares y los reemplaza por tres funcionarios del  ejecutivo.

foto Ademys.org

En nada sorprenden las continuas injerencias del gobierno en las modificatorias del estatuto docente, siempre reduciendo derechos, porque expone su continuo avasallamiento al quehacer de les educadores y a la concepción instrumental que tiene de la educación.

Concepción que ya dejaban manifiesta en los comienzos del llamado Grupo Sophia, fundado por Horacio Rodríguez Larreta (actual jefe de gobierno), durante los primeros años de la década del 90 del siglo pasado. En la fundación Sophia se formaron, Gabriel Sánchez Zinny, María Eugenia Vidal, Soledad Acuña (actual ministra de educación de la Ciudad), entre otres dirigentes y funcionarios PRO. Cabe señalar que la fundación siempre estuvo subsidiada con aportes de la banca privada y/o corporaciones empresariales y organismos internacionales.

Pero lo interesante es que el proyecto de “escuelas autónomas”, que fue financiado por la fundación del Banco de Boston (1996), ya adelantaba casi todas las modificatorias que se vienen practicando en el estatuto docente.

Esas reformas, que se enmascaran en cuestiones administrativas, responden a concepciones ideológicas de carácter instrumental, propias del neoliberalismo y la concepción posmoderna en la que abrevan sobre la obsolescencia. De hecho, desde los años 90, encontraban el estatuto docente, obsoleto.

En este artículo sólo nos vamos a referir a una de las modificatorias que propone el decreto mencionado, que desacredita de manera sutil la posibilidad de ver al docente como intelectual.

El decreto elimina del estatuto lo que hace a los “antecedentes culturales”, y mantiene solamente, “antecedentes pedagógicos” (artículo 17, apartado “E” – pág. 34 – ) que en el que la publicación de un libro especializado, por ejemplo, tiene un otorgamiento de 0,20 centésimas de punto “hasta alcanzar la totalidad de dos (2) puntos. Se podrá acreditar hasta un (1) libro por año calendario”.

Mientras que: “Publicaciones en diarios, revistas, publicaciones electrónicas y publicaciones producto de investigaciones científicas y educativas (…) Se otorgará diez centésimas (0,10) de punto por publicación. Se podrá acreditar hasta una (1) publicación por año calendario…”.

Esto es solo un ejemplo de lo que las aparentes variables administrativo – burocráticas significan en la formación docente; y no, porque haya sido muy distinto antes de esta  modificación, sino porque se sigue avasallando la subjetividad de los educadores que se va redefiniendo con sentido utilitarista.

En lugar de promover el conocimiento, que les docentes puedan trabajar para repensar el sistema y adquirir formación crítica; lo que se hace es desalentar la formación cultural, que no solo no se fomenta, sino que es subvaluada. Tan subvaluada que los “antecedentes culturales”,  tienen fecha de vencimiento: “El puntaje que obre en el rubro «Antecedentes pedagógicos y culturales» en el legajo de los docentes a la fecha de entrada en vigencia del presente decreto tendrá una vigencia de tres (3) años. Luego de ese plazo, vencerá la valoración del puntaje que obre en el legajo en este rubro. Los docentes deberán presentar nuevamente la documentación que acredite los antecedentes del rubro ajustándose a los requisitos actuales del mismo”.

La obsolescencia es una de las concepciones más caras a la concepción posmoderna, adoptada por el capitalismo en función de su propia dinámica, pero lo que era atribuible a los bienes de uso, se desplazó a las actividades humanas. El principio de lo descartable, casi como razón de existencia, es principio propio de la razón instrumental.

Estas fechas de vencimiento son las marcas de borramiento de la trayectoria laboral, de la propia historia personal enmarcada en distintos contextos políticos-sociales, son la estrategia que oculta en el refranero de la “profesionalización”, nos acerca a lo que Angelique del Rey (filósofa franco-argentina) llamó “hombre sin atributos“, quien debe olvidar quien es para ser, reconfigurarse de acuerdo con los “intereses” del sistema. Un sistema que no puede pensar, pero en el que es pensado.

El ataque, el desprestigio y la precarización de les educadores en todos los órdenes, son las estrategias que impiden debatir la escuela como espacio de cuestionamiento, como decía el pedagogo crítico Henry Giroux: “sobre qué formas de autoridad, tipos de conocimiento, regulación moral e interpretaciones del pasado y del futuro deberían ser legitimadas y transmitidas a los estudiantes”. Lo que no ocurre, porque una de las grandes paradojas es que la docencia no construye, ni piensa el curriculum; es decir, que está apartada de su herramienta de trabajo, el conocimiento.

Seguramente es la razón instrumental por la cual se eliminaron los antecedentes culturales del estatuto y no se necesiten trabajadores intelectuales de la educación, porque son las fundaciones corporativas las que se encargan de validar qué conocer y cómo; lo que se oculta es el porqué.

Darío Balvidares

Foto destacada SEducA

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