El Frente de Todos y el poder de la “lapicera”

El Frente de Todos y el poder de la “lapicera”

7Jul21 0 Por Daniel Campione

Una somera recorrida por los medios dominantes permite tomar contacto con múltiples especulaciones acerca de quiénes serán candidatos por el Frente de Todos.   Poco se sabe a ciencia cierta y son muchos los nombres que circulan para ocupar los primeros lugares en las listas del principal distrito del país.

Podría argumentarse que las elucubraciones que se realizan no son muy útiles, ya que se da por sentado que las decisiones sobre las candidaturas será tomada desde arriba hacia abajo. Y que la última palabra la tendrá la actual vicepresidenta, al menos para los lugares más elevados. Que en nuestro nunca reformado sistema de listas “sábana” son los únicos que el votante llega a conocer. A Cristina Kirchner se le atribuye la metafórica “lapicera”, con cuya tinta se escribirán las nóminas

Las instancias preelectorales del FdT no dan lugar a congresos, ni menos a asambleas de organizaciones de base. Ni siquiera a reuniones de algún comité nacional de “notables”. Todo se desenvuelve en ámbitos reducidos, a través de deliberaciones restringidas y en principio secretas.

Dentro de esos espacios limitados, nadie se atreve a cuestionar a la conducción, unipersonal e indiscutible. Tal subordinación comprende la extrema dificultad de que se utilicen las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para competir entre diferentes listas. Las decisiones supremas no admiten ser sometidas al debate público.

Por debajo de esa cúspide que decide se mueven actores diferentes y a veces antagónicos. Por lo pronto hay tres “familias” políticas en el interior del FdT. Están quienes responden de modo directo a la ex presidenta,  los llamados “kirchneristas puros”. Otro conglomerado lo forman los que están más o menos alineados con el presidente Alberto Fernández. Y por último, quienes responden a la conducción del presidente de la cámara de diputados, Sergio Massa.

Por fuera o por debajo de las tres “familias” se encuentran variados actores, también con aspiraciones. Para nombrar sólo a algunos: Los intendentes, las organizaciones sociales, los sindicatos. También varias agrupaciones políticas de las cuales la más conocida es La Cámpora así como individualidades o pequeños grupos que no tienen otra referencia que CFK. Todos pretenderán lugares “elegibles” y darán motivo a una complicada ingeniería electoral

En ese contexto, la ronda de nombres es muy variada y lucen interminables las suposiciones sobre quiénes accederían a lugares de privilegio. Se menciona la posibilidad de dar primacía a figuras femeninas, todas ellas funcionarias nacionales. Así Victoria Tolosa Paz (Consejo Nacional de Políticas Sociales), Fernanda Raverta (Anses) o Luana Volnovich (Pami) .

En su momento se habló de que encabezara la lista bonaerense el actual embajador en Brasil, Daniel Scioli, versión que pareció diluirse en los últimos días. ¿Tal vez algún ministro? Se ha mencionado a Daniel Arroyo e incluso al jefe de gabinete, Santiago Cafiero. También tomaron fuerza las conjeturas acerca de algún intendente-candidato. Se le asignan posibilidades a  Martín Insaurralde, alcalde de Lomas de Zamora, aunque también se hizo referencia  a Juan Zabaleta, de Hurlingham.

El pueblo ¿es soberano?

Más allá de ese juego entre posibles postulantes, lo que queda claro es que la militancia de base, y mucho menos el “pueblo” tienen poco o nada que decir en estas discusiones. Sólo les quedará acatar lo decidido por los “jefes”, y en primer lugar “la jefa”. Y depositar su voto de modo obediente.

Por detrás de estas “roscas” interminables, lo que resulta patente es que la siempre invocada soberanía popular queda circunscripta al momento de emitir el sufragio, de hacer efectiva la opción electoral. Y esa opción está muy limitada y condicionada.

Entre quiénes puede elegir la ciudadanía es algo que escapa por completo a la esfera de influencia de mujeres y varones “de a pie”. La alta dirigencia sólo se les da la palabra a encuestadores, expertos en imagen, agencias de publicidad y otras especies similares. A ellos les corresponde interpretar a una supuesta “opinión pública” para que los jerarcas estén mejor informados al evaluar las posibilidades de éxito de los potenciales candidatos.

La conclusión que cabe es que pese a la discursividad “nacional y popular” del peronismo y de la coalición que hoy lo incluye, las mayorías populares resultan convidadas de piedra. En el mejor de los casos les corresponde una lejana “tribuna” desde la cual aclamar a sus favoritos o abuchear a los que sean escogidos como adversarios. Formulaciones más optimistas, como la en un tiempo famosa, y hoy casi olvidada “democracia participativa”, quedan en el lugar de las deudas impagables.

Las urnas nos esperan. El domingo 12 de septiembre, para emitir el voto en unas PASO que no se sabe bien para qué sirven. Y el 14 de noviembre, para sufragar en las elecciones generales. Entonces habrá que escoger, como en un supermercado, entre “paquetes” que armaron otros, y cuyas características no podemos modificar.

¿Hay alguna forma de romper, o al menos matizar, el pasivo sometimiento a esta pobre versión de la democracia? Lo primero sería expandir la mirada reflexiva y crítica acerca de las condiciones en las que votamos. Tal vez debería continuarse con pensar alternativas, construcciones políticas que al menos intenten tomar en serio la noción de “gobierno del pueblo”.

Daniel Campione

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