1420 ley de educación común, la otra trama del mito

1420 ley de educación común, la otra trama del mito

8Jul21 0 Por Darío Balvidares

Un día como hoy, 8 de julio pero de 1884, se promulgaba la ley 1420 que creaba la escuela pública, laica, gratuita y obligatoria.

El llamado proceso de organización nacional en el que se funda el Estado argentino, tiene a la ley 1420 como la meta de un proceso que se viene desarrollando desde muchos años antes, con Sarmiento como protagonista desde su fuga a Chile, hasta su presidencia y la creación de escuelas, especialmente la Escuela Normal de Paraná  (Entre Ríos) en 1870.

El Estado que se inscribe mientras se perpetraba el más brutal genocidio indígena, da cuenta de la traición a los ideales de mayo, incluso, respecto de la creación de escuelas como las habían pensado Manuel Belgrano  y José de San Martín, con la inclusión de los originarios. Es el Estado que con la 1420, además, se aseguraba la sustitución de la pedagogía criollo-española por la pedagogía  pragmática estadounidense  (Johann Heienrich Pestalozzi y Herbert Spencer). Lo que da como resultado la generación de los primeros cuadros formados en el positivismo que va a organizar todo el contexto educativo, cultural y político del Estado argentino.

De hecho, la 1420 es también el (supuesto) final de la pulseada con la iglesia católica y el monopolio de la educación, por lo menos en teoría. Y aunque pareciera que el divorcio fue un hecho, sólo lo pareció. La influencia de los representantes de la iglesia permitió que se continuara dando religión o bien antes de la entrada a clase, o bien después: “Art. 8° La enseñanza religiosa solo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su respectiva comunión, y antes o después de las horas de clase”. Lo que sí sucedió fue que no solo la iglesia católica continuaría, sino todos los cultos con sus respectivos representantes, de manera que la 1420 abriría la puerta a la diferentes vertientes inmigratorias.

Desde Alberdi a Sarmiento y el tándem político – militar; Mitre – Roca son la llave del proceso imperialista que marca el origen cultural de la llamada generación del 80 que encuentra en la ley 1420 la posibilidad de expansión del liberalismo como doctrina económica, el positivismo como filosofía científica y los valores que se presentan como universales, aunque imponen los intereses de la burguesía.

La ley 1420 hacia finales de siglo comenzó a ser cuestionada, a pesar de haber salido del riñón de la clase dominante, pero a finales del siglo XIX una parte importante de los bachilleres se volcaban al radicalismo o al socialismo y, curiosamente (o no tanto), la creación de nuevos colegios nacionales se suspende y aparecen las escuelas de artes y oficios a las que se accedía con el cuarto grado de la primaria completo, es decir cuando apenas se tenía un incipiente dominio de la lectura y la escritura, nociones claves para lo que la nueva burguesía necesitaba como mano de obra.

Unos años más tarde las políticas conservadoras llevaron a proponer proyectos que restringieran el acceso a la educación clásica y que sólo ésta permitiera el acceso a la universidad. Pero eso no era todo, en 1909 el presidente José Figueroa Alcorta temía la expansión de la educación primaria y llegó a manifestar que “se apodera de los hijos de las madres trabajadoras como una fiebre maligna, quienes salen de las escuelas desdeñando el trabajo y aspiran a una vida superior, a la cual no están preparados por sus recursos ni por sus antecedentes”.  Probablemente y casi en esos términos hemos escuchado de altos funcionarios decir lo mismo.

Lo que sucede con la ley 1420 nos permite ver desde dos perspectivas, se promulga con la intención de resguardar intereses de clase, aumentar el poder político, asegurar la formación de maestros en el pensamiento positivista y el modelo liberal, de ahí el modelo pedagógico que formaría también la descendencia de la inmigración.

Pero, como vemos, se desborda, de ahí las palabras de Figueroa Alcorta, por lo tanto la propia clase comienza a buscar restricciones de acceso para sostener una educación pública de élite y otra educación pública para generar mano de obra.

El logro de la 1420 es, también, la masificación del mito de la “educación común”, porque sí fue pública, pero no común, siempre se mantuvieron las diferencias entre la educación de la élite y el resto y tampoco se pudo quebrar el sesgo ideológico con el que nació.

La 1420 hoy es una pieza del museo educativo, fue derogada en 2014 por haber sido superada por la ley de educación nacional. Esta última abrió las puertas a los procesos de endoprivatización a través de fundaciones y corporaciones empresariales e incluso a la mayor injerencia de la religión en varias provincias del país.

La 1420, el mito que permitió seguir luchando por una educación común,  pública, científica y gratuita.

Foto destacada: observatorio del laicismo

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