Una copa redentora en Río

Una copa redentora en Río

11Jul21 0 Por Matías Gianfelice

Messi logró su primer título con la selección luego 15 años intentándolo. Scaloni silenciará por un rato las críticas a sus planteos y cambios. Di María fue clave en una final. 28 años de creernos todo y quedarnos sin nada.

Márcio Rezende pita el final del partido, son aproximadamente las 18hs del 4 de julio de 1993. El muy buen equipo del Coco Basile, le acaba de ganar la final de la Copa América a México por 2 a 1 con dos goles del tanque goleador, Gabriel Batistuta. La selección Argentina cierra así un ciclo de 7 años donde salió campeona del mundo, subcampeona del mundo y bicampeona de la Copa América. El mundial en USA 94′ asoma, hay una generación de argentines que se acostumbró a los festejos en el obelisco y la Plaza de Mayo. Asomamos una generación joven e infantil en esos mediados de los 90′, que nos comemos el mundo porque un dolar vale un peso, porque Menem recibe a los Rolling y porque el Diego, Cani, el Bati y Goyco son argentinos. Nos creemos campeones de todo antes de empezar a jugar. Nos suponemos mejores que cualquiera y vamos por todo.

En la helada madrugada del 12 de junio del 2002 el Bati llora de rodillas en el césped del estadio Miyagi, el Cani se fue expulsado sin entrar a jugar un minuto, Suecia nos deja afuera del mundial en primera ronda. El dolor de tamaño fracaso se llevará puesto dos años después, las energías y el profesionalismo de Bielsa, marcará a fuego a una camada de jugadores. Las operaciones periodísticas que comienzan con el cuerpo caliente desde Corea-Japón nos mostrarán a los más jóvenes que tan podrido está el periodismo deportivo argento.

Batistua y Bielsa sufren la eliminación en 2002

El sol de Berlín calienta la tarde el 30 de junio del 2006, la selección de Pekerman parece ir en paso firme y con buen fútbol en su objetivo de la semifinal. Le está ganando 1 a 0 en cuartos de final al local, con un gran cabezazo de Roberto Ayala y con un cerebro que domina la escena, el de Juan Román Riquelme. A los 72′, el técnico argentino decide que sale Román y entra Cambiasso. El destino del partido y del ciclo de José cambian para siempre, Argentina se mete atrás, Klose empata sobre el final y nos dejan afuera por penales. La imagen atónita del joven crack del Barca, Leo Messi, sentado en el banco sin haber jugado unos minutos, son letales.

Messi ve desde el banco como Argentina se queda afuera del Mundial de 2006

El 15 de julio de 2007 el caribe y sus colores, el ritmo venezolano y el rojo chavista, le dan el marco a una fiesta. La selección Argentina de Basile fue un show de fútbol en toda la Copa América. De la mano de un imparable Riquelme que venia de sacar campeón de la Libertadores a Boca, con Verón como ordenador del medio y con Messi, Tevez y Agüero en ataque, parecía que el mismo técnico y en el mismo torneo ponía fin a la sequía de 14 años. La ilusión dura 4 minutos, el tiempo que le llevó a Brasil en la final marcar el primer gol y demostrar, como hacía 3 años en Perú, que la alegría no es solo brasileña, pero tiene sede central en las tierras cariocas. Fue un 3 a 0 final que empezó a marcar el fin de muchos.

Ciudad del Cabo se ve iluminada por un Diego Maradona que parece renacido de sus cenizas, el astro eclipsa un mundial entero con su buena presencia, sus trajes combinados con una prolija barba. Lleva adelante la dirección técnica de la Argentina y comanda a Messi, Tevez, Higuain, Agüero y Di María en el sueño de volver a gritar campeones. Hasta que el 3 de julio del 2010 Alemania y su potencia pone en caja las ilusiones de millones. A los 74′ minutos Friedrich pone un irremontable 3 a 0 para los teutones, mientras Diego abraza al Kun como no queriendo ver la cachetada que se aproxima. Será 4 a 0 y eliminación.

Alemania marca el tercero. Maradona y Agüero lo sufren

Santa Fe es cuna de próceres, batallas heroicas, tierra de cereales y tambos. Es 16 de julio de 2011 y en la casa de Colón, el “Cementerio de los Elefantes”, quedará enterrada una ilusión, pero también una historia de aprietes y tensiones. Argentina volvía a organizar la Copa y la presencia de Messi, más Agüero, Di María, Higuaín, Gago y Mascherano en el medio y el polémico ingreso final de Tevez en la lista, suponían la chance más real de volver a ganar un torneo. Pero en cuartos de final tocó el mejor proceso del fútbol uruguayo en su historia. De este lado teníamos para ofrecer un entrenador con los escasos pergaminos de Batista, un crack con sobrepeso y metido por sus operadores periodísticos, como Tevez y un agotado Messi. El crack del Barca llegaba a un país y a una AFA, que le exigía, lo sobre explotaba y cada vez parecía quererlo menos. Fue 1 a 1 y derrota por penales. Quizás el momento de enojo más profundo de todo un pueblo futbolero con esta camada de jugadores, que la rompían en los mejores clubes del mundo, pero fallaban con la selección.

La noche de Río se llena de tensión, más de 40 millones de almas empujan desde cerquita, la pelota pica, el pie derecho de Rodrigo Palacio se prepara para patear. Su cerebro da la orden: picala por arriba del arquero Neuer. Un pueblo entero patentará la frase “era por abajo”. Argentina se pierde una chance clave en la final de la Copa del Mundo. Aquella noche del 13 de julio de 2014 tenía un héroe predestinado, Mario Götze, quien recién ingresó a los 88′ de juego y marcó el único gol en tiempo suplementario. Sabella supo guiar ese resistido grupo de jugadores hasta un lugar que hacía 24 años no conocíamos: la final de un mundial. Messi estuvo ahí nomás de tapar millones de bocas e ingresar a un olimpo eterno. Un llanto repetido, dolido, insoportable a esas alturas.

Messi y el dolor de la final perdida en Brasil 2014

2014, 2015 y 2016. Si a cualquier hincha de fútbol le dicen que un mismo grupo de jugadores llegará a 3 finales seguidas en tres años, una de esas de un mundial y las otras dos de Copas Américas. Si además ese equipo no recibirá ni un solo gol en contra en los 90′ reglamentarios de cada final. Casi que afirmaríamos que estamos hablando de enormes jugadores que ganaron alguna o varias de las tres. Pero no, para esta camada toda derrota y frustración parecía ser posible. Al dolor de Río en 2014, a la frustración de las dos décadas acumuladas, se sumaron dos puñaladas más. Bien certeras y seguidas, como para dejar al enorme Messi sin más ganas de volver a vestir la celeste y blanca. Chile y su mejor selección de la historia, cortó la racha de nunca campeonar, justo contra Messi, Agüero, Di María, Higuain y compañía. Ambas definiciones por penales nos dejaron secos de gloria y desbordante de bronca y vergüenza deportiva.

Otro 30 de junio, el Kazán Arena de Rusia desborda de miles de espectadores. Una poco conocida Francia, envuelta en algunos conflictos grupales al inicio del torneo, juega en octavos de final contra la Argentina de Messi que clasificó de milagro ganándole a Nigeria. La albiceleste es un hervidero de desmanejos, malos tratos, peleas internas, dirigentes que dan asco y vergüenza; y un cuerpo técnico encabezado por el siempre descontrolado Sampaoli. Francia se pone en ventaja, pero Argentina lo da vuelta y parece que esta vez será. Sin embargo quedaba lugar para una decepción más, para que la realidad nos diga que los nuestros no son tan buenos como creemos, que ya van 25 años de no ganar nada y que lejos quedaron los tiempos de bonanzas. Francia nos hace 4 y nos hace precio. La fría Rusia invadida de argentines, quedará como otro eslabón de una generación que huele a derrota.

10 de julio de 2021, el mundo lleva más de un año y medio en pandemia. Poblaciones enteras aisladas, encerradas. La pelota es un negocio que necesita seguir girando. Estadios vacíos con pueblos en lucha. Son las 23:17hs de la noche Río de Janeiro, el Maracaná, el mundo se detienen. Dos rodillas caen al suelo y dos ojos rompen en llanto. Pantalón blanco como en el mundial 90′. No está el tobillo hinchado de Diego y los pelos al viento del Cani. Pero el 10, el nuestro, cae rendido, esta vez llenándose de gloria. Messi es campeón con Argentina, Gana la final en el Maracaná y contra el Brasil de su amigo Neymar. Un puñado de jugadores, la mayoría menores de 28 años, se abalanzan sobre el pibe que piensa en Catalán pero sangre rosarino. En las calles del fondo de Moreno, en La Matanza, en el Obelisco y en Rosario se escuchan gritos, algunos llantos y alegría. Se sacaron la mufa, levantan la Copa. Hay detrás un pueblo podrido de perder, sufriendo las miserias cotidianas de un sistema violento y desigual. Ninguna de esas injusticias se terminará porque una pelota entre en el arco. Pero millones de sonrisas y abrazos hoy vuelven a ser nuestros gracias al fútbol. Fútbol que le debe al 10 de rodillas y en llanto, muchas de sus horas más gloriosas.

Messi y Argentina celebran la Copa América en Brasil 2021
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