¿Biocombustibles o agrocombustibles? ¿Sustentabilidad o negocio?

¿Biocombustibles o agrocombustibles? ¿Sustentabilidad o negocio?

14Jul21 0 Por Nora Tamagno

La Cámara de Senadores de la Nación tratará un proyecto sobre biocombustibles. Este proyecto
busca modificar el Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y uso Sustentable de
Biocombustibles (Ley 26093/2006).

Por Nora Tamagno y Mariano Feliz

La Ley 26093 define como biocombustibles “al bioetanol, biodiesel y biogás, que se produzcan a partir de materias primas de origen agropecuario, agroindustrial o desechos orgánicos, que cumplan los requisitos de calidad que establezca la autoridad de aplicación”. Por esta ley se determina que los combustibles que se comercialicen en el mercado interno deberán tener un corte (porcentaje) mínimo de biocombustibles. Las naftas deben contener un porcentaje mínimo de bioetanol mientras que el combustible diesel debe tener un porcentaje mínimo de biodiesel. Esta ley, aprobada en 2006, generó un marco de promoción de la industria en base a beneficios impositivos y dio un fuerte crecimiento de la actividad.

El propio ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca, en su sitio oficial, dice respecto de la industria del biodiesel en nuestro país: “…varios factores contribuyeron a su rápido crecimiento. En primer lugar, impulsada por el competitivo complejo oleaginoso (léase soja), la producción de biodiesel atrajo importantes inversiones nacionales y extranjeras tendientes a incorporar un nuevo eslabón en la cadena productiva. En segundo lugar, su desarrollo inicial fue motivado por una demanda internacional creciente desde mediados de la primera década de los años 2000. En efecto varios países, tanto desarrollados como en desarrollo, establecieron políticas que comenzaron a exigir la mezcla de biocombustibles con combustibles fósiles, en un contexto de altos precios del petróleo hasta 2008, de reemplazo de aditivos y de mayor peso por las preocupaciones por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En tercer lugar, beneficios impositivos favorecieron la creación de este nuevo eslabón en la cadena oleaginosa durante su etapa de despegue, complementando los derivados de la Ley de promoción, orientada fundamentalmente a construir las bases de un mercado interno de biocombustibles.”

Hoy (julio de 2021) el corte de los combustibles en nuestro país es del 10 % para el diesel y 12% para las naftas. El nuevo régimen dispondría hasta 2030, reducir el corte para el biodiesel al 5% y mantener el del bioetanol en 12%, en partes iguales para maíz y caña de azúcar. Por otro lado, habilitaría a que el gobierno pueda reducir al 3% el corte ante subas de los precios agrícolas, salvo para la caña (cuya cuota se mantendría en el 6%). El proyecto también establece prioridad a las pymes para el abastecimiento al mercado interno.

El cambio en la reglamentación afecta los intereses de diferentes sectores. La rebaja en el corte de biodiesel es bienvenida por los intereses de las petroleras y sus socios. El complejo azucarero queda protegido ya que se mantiene su nivel de corte. Considerando que en nuestro país el biodiesel es producido exclusivamente a partir del cultivo de soja, la principal oposición al proyecto proviene de las grandes aceiteras. Estas empresas se niegan a reducir su producción para el mercado interno de biodiesel, especialmente frente a las dificultades que puedan darse en el mercado internacional.

Los biocombustibles son productos industriales presentados como alternativas de los combustibles fósiles (derivados del petróleo) porque generan una menor emisión de CO2 a la atmósfera. El CO2 es uno de los principales responsables del llamado ‘efecto invernadero’ que contribuye al calentamiento global.

El uso del prefijo “bio” para estos combustibles es engañoso. Con ese nombre se los presenta como sustentables y amigables con el ambiente. Sin embargo, lo correcto es llamarlos “agrocombustibles” ya que se producen a partir de productos agrícolas. En nuestro país se producen a partir de la soja (en el caso del agrodiesel) y de la caña de azúcar o maíz (en el caso del agroetanol).

Para hablar de su aporte a la sustentabilidad y la protección ambiental no es suficiente con analizar las diferencias en las emisiones de CO2 entre estos agrocombustibles y los combustibles fósiles. Por lo contrario, es necesario tener en cuenta todo el proceso de producción, con especial atención en la producción primaria. En Argentina, es bien conocido que la gran expansión de la soja con el paquete tecnológico basado en agrotóxicos, es insustentable pues tiene un gran impacto negativo sobre la salud de la población y del ambiente.

La industria de agrocombustibles en Argentina, impulsada en 2006 para satisfacer la creciente demanda internacional, no ha hecho otra cosa que profundizar el modelo de producción agrícola industrial y el agronegocio. Como en otros casos, los gobiernos usan el mercado internacional como el gran orientador de las políticas, imponiendo de esa manera un modelo dominante de producción que garantice las ganancias de las empresas. Esa estrategia olvida una cuestión central: la agricultura debe planificarse prioritariamente para garantizar la alimentación de la población, evitando la fuerte competencia que sobre ella ejercen los agrocombustibles.

La cuestión energética requiere un debate urgente e integral. Esta discusión nos permitirá superar el modelo energético global que es abusivo e insustentable y presenta profundas desigualdades entre los países del mundo.

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