Desocupación, división del trabajo y pobreza: cuestiones de género

Desocupación, división del trabajo y pobreza: cuestiones de género

16Jul21 0 Por María Ordoñez

Con 50% de inflación interanual la desocupación, subocupación y pobreza afecta significativamente a las mujeres en Argentina. Economía Femini(s)ta brinda datos sobre estas problemáticas en base a la Encuesta Permanente de Hogares realizada por el INDEC el último trimestre del 2020.

En el último trimestre del 2020, las tasas de desocupación y subocupación fueron más altas en las mujeres que en los varones en Argentina. Así lo indica el informe “La desigualdad de género se puede medir” elaborado por el equipo de datos de Economía Femini(s)ta. Precisamente, ayer se conocieron los datos referidos a la inflación en nuestro país, de acuerdo al INDEC el aumento interanual fue del 50,2%. ¿Cómo impacta esto si miramos con una perspectiva de género? En esta oportunidad, recuperamos algunos indicadores que nos permiten analizar los impactos de la situación económica considerando la variable de género y para ello retomamos el informe “La desigualdad de género se puede medir” elaborado por el equipo de datos de Economía Femini(s)ta.

El informe fue elaborado recuperando las bases de datos publicadas por la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC (EPH) del último trimestre del 2020, que en sus informes no incluye la variable de género. Cabe recordar que esta encuesta releva características demográficas, sociales y económicas, atendiendo especialmente a las formas de participación en el mercado laboral, entre hogares y personas de 31 aglomerados urbanos de nuestro país.

Trabajo, desocupación y subocupación

Un primer elemento a considerar es la tasa de actividad, que representa la relación entre quienes participan en el mercado de trabajo como ocupados/as o como desocupados/as y la población total. En el caso de las mujeres la tasa de actividad es del 47,6%, mientras que en los varones es del 68,4%. Como podemos ver, la diferencia está cerca de los 21 puntos porcentuales, siendo ampliamente mayor entre los varones. De acuerdo a Economía Femini(s)ta, esta diferencia puede explicarse por múltiples causas: “una importante porción de las mujeres en edad laboral dedica su tiempo a realizar tareas domésticas no remuneradas, en lugar de tener una actividad en el mercado de trabajo. Otra razón posible podría ser el hecho de que las mujeres tiendan, en promedio, a educarse más que sus pares varones”. De hecho, el mismo informe señala que el 72% de las personas que realizan tareas domésticas son mujeres y sólo el 28% son varones. El informe de incremento de precios de junio publicado por el INDEC señala que el rubro de “alimentos y bebidas no alcohólicas” tuvo un incremento del 3,2% y fue la de mayor incidencia en todas las regiones. El incremento, de acuerdo al INDEC, “se explicó principalmente por los aumentos en Carnes y derivados; Leche, productos lácteos y huevos; Pan y cereales; Aceites, grasas y manteca; y Café, té, yerba y cacao” que fueron compensadas por “bajas en Frutas, y en Verduras, tubérculos y legumbres en la mayoría de las regiones”. ¿Qué impacto tiene el constante aumento de precios de alimentos para las personas que día a día se encargan de las tareas de cuidado y alimentación en sus hogares?

Abordaremos ahora la tasa de empleo, que expresa la proporción de personas ocupadas entre la población total. “La diferencia entre varones y mujeres en este caso ronda los 20 puntos”, afirma el informe de Economía Femini(s)ta. Aquí vemos que la tasa de ocupación del total de la población de mujeres es del 41,9% y del total de varones es del 61,4%. De forma congruente, podemos ver que la desocupación y subocupación afecta más a las mujeres que a los varones que forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA). En el gráfico vemos con claridad este impacto, del total de mujeres de la PEA la tasa de desocupación es del 11,9% y la de subocupación es del 17,8%. En el caso de los varones de dicha población, la tasa de desocupación es de 10,2% y la de subocupación de 13%.

Es importante señalar, que estos datos deben analizarse en conjunto, pues la población de mujeres, a pesar de tener menor presencia en el mercado de trabajo (tasa de actividad) tiene mayores niveles de desocupación y subocupación. Especialmente, las mujeres más jóvenes son las más afectadas, pues un 26% de las mujeres de 14 a 29 años está desocupada. Para la misma franja etaria en la población de varones el porcentaje de desocupación es del 19%.

División del trabajo, ingresos y pobreza

Dentro del mercado de trabajo hay ciertas persistencias que nos permiten hablar de la “feminización” de ciertos ámbitos laborales remunerados. Nos referimos a trabajos que son realizados mayoritariamente por mujeres y que se vinculan directamente con tareas de cuidado y reproducción. El 98.6% de las personas que trabajan en tareas de servicio doméstico son mujeres; en el rubro de la enseñanza o educación el 74.6% son mujeres; los servicios sociales y de salud son realizados en un 72.4% por mujeres. Es fundamental pensar en estos números cuando reflexionamos sobre los impactos de un año y medio de pandemia sobre ciertos sectores laborales considerados discursivamente “esenciales” y formados mayoritariamente por mujeres.

En el campo de los ingresos, existe una brecha del 23,7% en el ingreso total individual de varones y mujeres. Inclusive contemplando los ingresos de origen laboral y no laboral (jubilaciones, pensiones, cuotas alimentarias, subsidios, etc.) las mujeres perciben en promedio cerca de 24 puntos porcentuales menos que los varones, la media del ingreso en mujeres es de $28.900 y en varones de $37.900. En el mercado laboral, las mujeres ganan en promedio un 22.4% menos que los varones. Esta brecha es mayor si se tiene en cuenta a personas que no poseen descuentos jubilatorios: las mujeres ganan en promedio un 41.2% menos que los varones. Siendo más perjudicial la situación para las mujeres que tienen empleos precarios sin acceso a derechos laborales.

De acuerdo al INDEC, en el último trimestre del 2020 se registró un 31,6% de hogares por debajo de la línea de pobreza, hogares que forman el 42% de las personas que habitan nuestro país. Este dato toma otra relevancia cuando consideramos la composición de los deciles de acuerdo al ingreso total individual y al género. Economía Femini(s)ta indica que son precisamente los deciles con ingresos más bajos los que están compuestos mayoritariamente por mujeres y los de mayores ingresos por varones. En el siguiente gráfico puede observarse con facilidad esta diferencia, donde el 1 es el decil con ingresos más bajos y el 10, con ingresos más altos.

El informe alerta sobre los problemas de ordenar los deciles de acuerdo al ingreso per cápita familiar, es decir, el ingreso total del hogar dividido por la cantidad de personas que lo componen. Afirman que al tomar como unidad de análisis a los hogares se invisibilizan las brechas de ingresos antes mencionadas, pues “la unidad familiar parece resolver la diferencia entre sexos, pero es dentro de ésta que se mantiene la diferencia (…). Entonces, la familia como unidad de reproducción esconde y resuelve debajo de la superficie (la distribución aparentemente equitativa según los ingresos per cápita) la inequitativa distribución de las tareas de reproducción y las dificultades asociadas que tienen las mujeres para participar de forma plena en el mercado de trabajo y por tanto percibir ingresos semejantes a los de los varones”.

Es necesario contar con estadísticas que permitan transparentar las problemáticas desde una perspectiva de género, que precisamente busca visibilizar las desigualdades en diversos ámbitos. Estos son datos fundamentales para el diseño de políticas públicas integrales que aborden al género como una dimensión de análisis central.

Mary Ordóñez

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