La burbuja mediática y los antivacunas

La burbuja mediática y los antivacunas

20Jul21 0 Por Guillermo Cieza

La huida de los medios convencionales de prensa no resuelve el problema de la desinformación. Redes sociales también alimentan a los terraplanistas y a los antivacunas.


Hace unos siglos se aseguraba que buena parte del poder de la Iglesia se asentaba en los confesionarios, pero con el advenimiento de la modernidad y por efecto de la secularización esta base de datos se ha trasladado a las peluquerías.
Las conversaciones en la peluquería tienen el condimento que nuestro interlocutor es un veterano en escucha de historias y opiniones ajenas, por lo que es casi siempre una persona muy informada. Pero, además, el profesional peluquero debe tener la capacidad de escuchar las opiniones más disparatadas sin trenzarse en una disputa verbal que ocasionaría, en un caso de excesivo apasionamiento, cortarle la oreja al cliente, o lo que resultaría peor, la garganta.
El peluquero debe conservar la clientela y para ello reafirma las opiniones del cliente, asegurándole que la semana pasada otro señor le dijo algo parecido, o proporcionando un ejemplo que permite reforzar el disparate.
Desde lo subjetivo, resulta mucho más amigable conversar con el peluquero que con el cura, que por considerarse intérprete de una inspiración superior, no está dispuesto a escuchar otras razones, ni siquiera en discusiones sobre fútbol.
En los últimos años se ha producido un cambio en los medios más tradicionales de información pública como son los diarios, las radios y la televisión. Medios que aportaban al entretenimiento con alguna dosis de información, siempre sesgada, pero que al menos disimulaba su apasionamiento, se han convertido en productos comerciales muy diferentes. Los medios tradicionales de prensa en la actualidad, más bien parecen invitar a formar parte de una barra brava que, como ocurre en los estadios de fútbol, está más preocupada por insultar al árbitro y amenazar a sus rivales, que por ver el partido.
Después de un día de trabajo agotador y para quien sólo quiere un momento de relax, encender la televisión resulta algo parecido a quien concurre a la Iglesia para aliviar su alma y lo recibe un cura de la Inquisición.
Y entonces ocurre lo previsto. Se busca un lugar donde le digan que todo esta bién, como la peluquería.
Me lo han dicho amigos, vecinos, parientes. Rompimos la televisión, nos borramos del cable y nos informamos por las redes sociales. Ahora somos LIBRES.
Pero resulta que eso de la libertad, no es producto exclusivo de una decisión individual. O mejor dicho, que lleguemos a creer que la libertad es producto exclusivo de una decisión individual es uno de los logros más importantes de años de opresión neoliberal. Una batalla perdida en la conciencia.
Las redes sociales, no están por fuera del capitalismo, no funcionan en un tubo de vacío. Por el contrario las redes son una de las herramientas más eficaces de desinformación y manipulación del capitalismo. Quien pone dinero en facebook, instagram, etc. multiplicará la difusión de sus opiniones, acumulará “Me gusta”, invadirá páginas privadas, moldeará cabezas. Las redes sociales también promueven la barbarie.
A modo de ejemplo. La consultora Zurban Córdoba y Asociados realizó una encuesta nacional sobre los que creen que la tierra es plana y en la región noroeste, las respuestas positivas alcanzaron al 11% de la población. Debe sumarse a esta cuenta que un 14,5%, no quiso opinar o manifestó no estar convencido si la tierra era plana o redonda.
¿Como funcionó la propagación de ese disparate? Alguien leyó por allí que la tierra podía ser plana y lo consultó en las redes sociales. El algoritmo de las redes sociales detectó que había un tonto haciendo esas preguntas e inmediatamente lo contactó con trescientas personas que tenían las mismas dudas o que aseguraban que la tierra era plana. Y cuando trescientas personas afirmaron ese disparate, el tonto ya se convenció de que tenía razón. Las redes sociales, al igual que el peluquero tratan de conservar la clientela, y no hay nada más agradable que sentirnos aprobados en nuestras opiniones.
Muchas veces se critica desde la izquierda por analizar la realidad exclusivamente a partir de lo que hacen los gobiernos y no se toma en cuenta lo que hacen los pueblos. Se dice que eso análisis son muy estatalistas, o gobernistas. Pero cuando se abordan fenómenos como el de los antivacunas, la mayoría de los discursos de la Izquierda responsabilizan exclusivamente a los gobiernos: a Trump, Bolsonaro, Schiaretti, etc. Sin lugar a dudas es enorme la responsabilidad de quienes, contando con el aparato del Estado, hacen muy poco para promover la vacunación. También es cierto que en un momento crítico en el mundo, donde se vio reforzada la intervención estatal imponiendo cuarentenas, cierres de fronteras, etc. las derechas mundiales enarbolaron las banderas de su libertad individualista y se opusieron a toda medida que afectara a la obtención de ganancias y privilegiara el interes comunitario.
Sin embargo, no todos los antivacunas se autodefinen como de derecha. También allí hay muchos que tratando de escaparle a la dictadura de los medios hegemónicos, se zambulleron en la supuesta libre información de las redes sociales y allí se nutrieron de nuevos argumentos “por izquierda”, con los que pretenden justificar no vacunarse, eludiendo su responsabilidad social. No se vacunan porque se oponen al lucro de las farmaceúticas, no se vacunan porque defienden la naturaleza, no se vacunan porque se reservan el derecho a vivir y a morir como se les da la gana (y al que contagian que se embrome). No se hacen la pregunta de qué sucedería si todas las personas eligieran no vacunarse. Su concepto de solidaridad social es parecido al de algunos estancieros que, para no gastar en jornales, no vacunaban a su hacienda contra la aftosa. Sabían que los vecinos iban a vacunar e igual se iba a conseguir la inmunidad de rebaño.
Hoy nos enteramos que el conductor Julián Weich, que se enfermó con coronavirus, está internado en terapia intensiva. La primera vez que vi a Julian Weich fue en una tira que se llamaba La Banda del Golden Rocket, en 1991. Cuando condujo Sorpresa y media, uno de los premiados fue la Biblioteca de Niños No Videntes, que organizaba Autoconvocados de Glew y uno de sus puntales era Mabel Ruiz, la madre de Maximiliano Kosteki. Quizas por eso siempre tuve de ese comunicador, un recuerdo amable. No seguí su trayectoria, pero sí me entere que amaba la vida natural y escaló el Aconcagua, por lo que fue recibido por Macri. A la distancia, siempre me pareció que la imagen de Julián era algo asi como el yerno que hubieran querido tener todas las vecinas de mi barrio.
Carolina Papaleo, su compañera de Vivo para vos, ha confirmado que no estaba vacunado. Por su edad, 55 años, es evidente que eligió no vacunarse. Resulta penoso decirlo, pero creo que ni Weich, ni nadie merece pasar por una situación parecida. Ojalá pueda salir adelante y que la repercusión mediática de su caso contribuya a la reflexión colectiva .
Con razón, el Ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires Daniel Gollán ha afirmado que la pandemia empieza a ser de los no vacunados. Para quien no quiera creerlo no va a faltar un peluquero o una red social que le diga lo que quiere escuchar.

Guillermo Cieza

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