Osvaldo Pugliese. Tango y política

Osvaldo Pugliese. Tango y política

25Jul21 1 Por Daniel Campione

El 25 de julio se cumple el aniversario de la muerte de una gran figura de la música, la ética solidaria y la militancia de izquierda.

Definir a Pugliese como “músico de tango” es correcto pero insuficiente.

Pianista, director, compositor, estuvo al frente de su orquesta durante cincuenta y seis años. Formó a generaciones de intérpretes que, con su fervoroso estímulo, se convirtieron a su vez en compositores y arregladores. Marcó un estilo desde un lugar de modestia. Su piano al costado, sin destacar mucho, sus anteojos que contribuían a aventar cierta timidez. Poco afecto al lucimiento personal, era la antítesis del individualismo

En la composición fue autor de algunos tangos instrumentales muy recordados, como La yumba, La Beba, Negracha, Malandraca y otros cantados, de parejo mérito, como El encopao, Una vez, Recién o Igual que una sombra.

Podría adscribírselo al tango clásico, sin por eso ser contrario a las innovaciones en la música ciudadana. Incorporó a su repertorio varios temas de Astor Piazzolla, como Adios Nonino, Verano Porteño, Balada para un loco, Marrón y azul, Bando, Zum.

Como director de la orquesta, durante más de medio siglo, nunca se comportó como “dueño”. La agrupación era una informal cooperativa, con retribuciones por puntaje que determinaban los ingresos de cada músico. A veces se escribe que todos ganaban igual. No era cierto, se buscaba recompensar el esfuerzo, el aporte al desenvolvimiento del conjunto. Era la única formación tanguera que funcionaba así, con espíritu solidario y equitativo. Allí se promovía a los muy jóvenes, que se sentían estimulados para cultivar y mejorar sus cualidades y conocimientos.

Esos quehaceres musicales hubieran bastado para darle un lugar en la historia de la cultura argentina. Su espíritu inquieto e inconformista lo condujo hacia otros menesteres.

Osvaldo era un luchador en todos los ámbitos. En el terreno sindical, fue fundador del sindicato de músicos en 1935  y al poco tiempo tomó parte en la conducción de una gran huelga. En el de la defensa del tango siempre estuvo presente, sobre todo cuando, desde mediados de la década de 1950, el género perdió el favor de la industria cultural y el del público.

 En la tarea de reivindicación de los músicos se enfrentó incluso con los “grandes señores” del género. Combatió a Francisco Canaro por su conducción “feudal” de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) y le plantó cara a actitudes reaccionarias de Julio de Caro.

La militancia política ocupó un lugar decisivo en su vida. Se afilió al Partido Comunista en 1936, durante los primeros meses de la guerra civil española, al calor de la solidaridad con la lucha contra el fascismo.

Su fervorosa adhesión al comunismo no reconoció desmayos ni interrupciones. Fue a la cárcel varias veces.  En una ocasión estuvo detenido más de seis meses, en el penal de Villa Devoto. Reiteradas prohibiciones recayeron sobre su persona y sobre la orquesta. No le importó, siguió “metido en política” pese a todos los consejos en contrario. Compuso e interpretó algunos temas de clara intencionalidad política y sufrió las consiguientes censuras. Quizás el más recordado sea Milonga para Fidel.

Sucesivas rupturas y disidencias dentro de su partido no consiguieron desalentarlo. Siguió fiel a la conducción partidaria, incluso con posterioridad a la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS, cuando tantos perdieron la fe en el socialismo. Su muerte, al filo de los noventa años, lo encontró con el carnet partidario en el bolsillo, después de casi seis décadas de pertenencia.

Osvaldo supo enmendar errores. Durante demasiado tiempo fue un crítico acerbo del rock y todo lo que estuviera relacionado con esa cultura. Sólo veía allí mercantilismo, extranjerización, imperialismo cultural. Siguió en esa posición cuando ya hacía tiempo que los rockeros  cantaban en castellano letras con sustancia. Y tenían un bagaje musical muy superior al de las melodías facilonas de la época del Club del Clan. Sin embargo, logró volver sobre sus pasos en sus últimos años. Se reunió con Fito Páez, con León Gieco. Quedan cálidos testimonios de esas coincidencias.

El nombre y la imagen de Pugliese se volvieron cábala y amuleto hasta el día de hoy. Primero en el ambiente rockero, luego en los más diversos campos. Cualquiera que pasee por Buenos Aires se encontrará con las “estampitas” de “San Pugliese”. Y les musiques repiten tres veces su apellido antes de comenzar sus actuaciones.

Osvaldo dejó centenares de grabaciones que pueden escucharse con placer, y que incluyen algunas exquisiteces. Esa herencia musical se ha tornado inescindible de su ejemplo ético y de su consecuencia política. Recordarlo lleva aparejado un homenaje a los mejores músicos del país y a los más esforzados militantes de la izquierda. Estuvo entre unos y otros, sin pretender nunca ser otra cosa que “un laburante de la música” y un hombre de convicciones firmes.

Daniel Campione

Osvaldo Pugliese – La mariposa

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter