¿Para qué sirve la moringa? Secretos para tener una planta en casa

¿Para qué sirve la moringa? Secretos para tener una planta en casa

1Ago21 0 Por Tramas

La moringa es un alimento inmejorable y con reconocidas propiedades medicinales. ¿Podemos tener nuestro propio árbol? Les contamos los secretos para que sobreviva a las heladas.

La moringa oleifera es un árbol conocido por los pueblos orientales y africanos desde hace siglos. El mundo occidental se enteró de su existencia en el siglo XX cuando una Misión de Médicos Sin Fronteras se encontraron con una comunidad en Malawi (África), que sobrevivía a a pesar de no contar con alimentos disponibles a la vista. Asombrados por la situación, interrogaron a los nativos quienes les comentaron de la existencia del que ellos llamaban “arbol de la vida”. De él consumían sus hojas, sus flores y sus frutos.
Al realizar un estudio de sus propiedades, descubrieron que las hojas frescas de moringa tienen más proteína que cualquier otro vegetal, más potasio que el plátano, más hierro que la espinaca, más vitamina A que las zanahorias y más vitamina C que las naranjas.
El doctor Mark Olson, del Instituto de Biología de la Unam, señaló que ‘‘desde el punto de vista nutritivo no existe un producto comercial congruente con lo que realmente ofrece la planta. Su valor nutritivo está ampliamente comprobado’’.
Pero además tiene propiedades antiinflamatorias, antimicrobianas, antioxidantes, cardiovasculares, y hepatoprotectoras, que la hacen muy útil en el tratamiento de diversas enfermedades.
El gran propagandista de las virtudes de la moringa en América fue Fidel Castro que estaba convencido de que su sobrevivencia como enfermo de cáncer, durante largos años, se debía al consumo de esa planta. El líder cubano, en 2016, la denominó “la esperanza alimentaria de la humanidad”. Y afirmó que la plantación masiva de moringa haría un aporte importante a la lucha contra la desnutrición porque era una ” fuentes inagotables de carne, huevo y leche”. Estas afirmaciones han sido ratificadas por múltiples experiencias de producción ganadera en América Central con vacas lecheras, cerdas y cabras donde se utiliza la moringa como aporte proteico, reemplazando a los concentrados comerciales.
Al desplegarse la epidemia del coronavirus no faltaron quienes se entusiasmaron con la posibilidad que el consumo de moringa fuera eficaz para combatir ese flagelo. Lo que está comprobado científicamente es que la moringa refuerza el sistema inmunológico, mejorando la respuesta inmune celular, el número de leucocitos totales y anticuerpos. Es decir genera mejores condiciones para transitar la enfermedad, pero no puede reemplazar a las vacunas.
La moringa es una planta tropical que se ha extendido en América del Sur, y en nuestro país crece en provincias donde las condiciones climáticas le son favorables como Misiones y Corrientes. Más al sur, en los grandes centros urbanos como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fé se compran hojas secas y semillas de moringa en las dietéticas y en farmacias. Sin embargo, es posible tener un árbol en casa, aún en zonas de inviernos más fríos y disponer de hojas para consumo familiar.
El secreto para garantizar su supervivencia es ubicar las plantas en grandes macetones (porque la puede afectar el exceso de agua), en lugares soleados y muy cercanos a una salida de un calefactor de gas de tiro balanceado que se use habitualmente. El tamaño de los macetones es importante porque la moringa forma una raíz muy voluminosa, parecida a una papa, que le permite recuperarse después del invierno. La salida del calefactor contribuye a generar un microclima menos afectado por las heladas. El árbol de moringa crece rápidamente y en pocos años pude superar los diez metros de altura. Para un mejor manejo es conveniente podarlo todos los inviernos evitando que supere los dos metros. Las hojas pueden ser consumidas verdes o secas. Como en invierno las pierde, es recomendable a fines de otoño cosecharlas y colgarlas en pequeños manojos en un lugar oscuro y seco. Una vez secas se almacenan en recipientes de vidrio como reserva para ser consumidas durante todo el invierno.
En tiempos de pandemia ha resultado indiscutible el aporte de productos farmacéuticos como las vacunas para bajar las cifras de internados en grave estado y fallecidos. Pero también se ha confirmado que los grandes laboratorios guiados por el afán de lucro, han discriminado a los países más pobres. Resulta alentador recordar que, por suerte, no toda nuestra salud depende de estas grandes empresas. Los saberes populares acumulados durante siglos contienen valiosos conocimientos sobre alimentación y medicina natural que deben ser socializados y devueltos al pueblo. Desde tramas intentamos aportar a esa tarea.

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