Villa Zabala grita “basta de fumigarnos”

Villa Zabala grita “basta de fumigarnos”

3Ago21 4 Por Daniela Lidia Sosa Otarola

Es domingo primero de agosto y la Villa de Zabala amanece embotada, gris plomo el cielo se pega al suelo, entre la bruma se mueven dos mujeres y un varón. Se encuentran en el mástil de la entrada al barrio.

Les ocupa izar una whipala, que por su textura remite años y por sus colores perseverancia y resistencia. Lo logran, y la observan; sus cuellos  se extienden, se miran y la emoción les invade. Es histórico, Zabala respira lucha.

Se separan cada quien a sus tareas, hay mucho por hacer en este día de la Pacha que coincide con el Festival de la Re Existencia, que la asamblea de “vecines autoconvocadxs basta de fumigar Zabala”, ha diagramado minuciosamente para esta fecha tan especial.

Ya en la plaza en construcción, comienza el ritual, algunes abren la huaca, otres acomodan las ofrendas, todo fluye al ritmo de alguna musiquita que pareciera haber estado allí por siglos. Se arma una ronda diversa multicolor con seres repletos de ilusiones deseos sueños y esperanzas. Y se respira hondo, se ofrendan, se completan en ese vínculo amoroso con la madre tierra. Ella que sufre y resiste e implora humildemente respeto.

El almuerzo sucede casi sin darse cuenta, la comida, las frutas, el té y los mates circulan entre manos que dan y reciben con un sinfín de miradas y gestos que entraman comunidad. Se reconocen, comparten experiencias de sus vidas allí, monte de eucaliptos rodeados por mar y campo.

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Zabala es territorio en forma de lengua que constituye el fin de la peri urbanidad al sur de Necochea, es tierra fértil con casitas, algunas bajas otras, pocas, de dos plantas, de barro, de madera, chapas, techos vivos o cobertizos de tejas y chapas. Es territorio de ritmo lento, donde la luz llega sólo por pedido y el agua para quienes han accedido es de pozo, que llega a napas contaminadas. El Estado parece no estar presente.

Lentamente, se ocupa la calle en una ronda enorme que se va nutriendo de experiencias que llegan de a pie, en bici, en autos desde lejos, de relatos y voces que se conciben colectivas, alertando sobre los efectos de la fumigación con agro tóxicos. Circula la palabra en un ir y venir de esperanzas, de buscar formas de hacer visible la problemática, ahora que hasta la Sociedad Argentina de Pediatría alerta sobre los efectos en la salud del uso de agro tóxicos. Se recuperan experiencias de luchas del territorio, se nombran la coordinadora por los 1000 metros libres de fumigación, la alianza en defensa de la escuela N°47, en donde decenas de niñes se intoxicaron porque les fumigaron mientras asistían a clases, y así otras tantas que remiten a un pueblo de pie, en lucha. De repente, con música de fondo aparece la “payasa raqueta mahony” llegada desde Quequén con su artivismo, dispuesta a poner a todes a jugar y reflexionar mientras cantan y comparten risas.

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Se buscan las maneras de difundir de seguir accionando para re existir, ya no se puede sostener este modelo de hambre y muerte. Con amor y humildad celebrando la vida se buscan otros modos de producir desde la agroecología. Caminando al ritmo de les sikuris entonando “cinco siglos resistiendo, cinco siglos de coraje…” se llegan hasta el borde del potrero sembrado de cebada cargado de pesticidas, plaguicidas y cuanto otro veneno exista.

 Allí es donde las vecinas registraron otra vez al mosquito hace unas semana atrás, y donde la policía ecológica les dijo que estaba bien lo que hacían quienes administran el campo, que habían presentado la receta agronómica en regla y que la policía entraba en acción sólo en el caso de que las vecinas presentaran una afección que ponga en riesgo la vida de forma notoria. Terrible, desolador, pero a les vecines nada les detiene; ni las mentiras, ni la impunidad. Cargan en elles la memoria histórica de las ancestras, de las madres de Ituzaingó de las cientos de asambleas de “paren de fumigarnos”, de organización socio territorial. Latinoamérica es pueblo en lucha y elles lo saben y arremeten.

El sol bajando de a poco, genera sombras mágicas de los cuerpos que apoyados sobre la tierra exigen “BASTA DE FUMIGARNOS”, cada letra se constituye en un testimonio vivo de resistencia, de convicción de que otro mundo es posible y se continúa construyendo…

Daniela Sosa Otarola

Fotos: Asamblea de vecines autoconvocados Paren de fumigar Zabala, Daniela Sosa Otarola.

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