Nos visita Jake Sullivan. ¿Habrá que festejar?

Nos visita Jake Sullivan. ¿Habrá que festejar?

6Ago21 0 Por Guillermo Cieza

Hoy llega a la Argentina, Jake Sullivan, asesor de Seguridad de Joe Biden. La visita de esta delegación de alto nivel de la administración norteamericana, en una mini- gira que también incluye a Brasil , merece atención.

Digamos para empezar que este funcionario no llego solo, vino acompañado por el Director de Tecnología y Seguridad Nacional, Tarun Chhabra; el director de Cibernética, Amit Mital y el director de la Oficina para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Ricardo Zúñiga. Debe agregarse también que esta visita estuvo precedida por la realizada en marzo por el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos y, unas semanas después, por Juan González, el Director Senior para el Hemisferio Occidental. Este último también acompañó a Sullivan en su viaje.
La explicación de la visita fue dada en un comunicado en el cual el gobierno de Estados Unidos afirma su decisión de dialogar con “los líderes de los principales países aliados en América, no pertenecientes a la OTAN”. El único país que pertenece a la OTAN en América Latina es Colombia.
Con respecto a los motivos de la visita, el mismo comunicado dice que: “En Argentina, discutirán el fortalecimiento de los lazos estratégicos con respecto a las prioridades bilaterales y regionales, incluída la recuperación pandémica, la cumbre climática regional, el crecimiento económico compartido y la seguridad en nuestro hemisferio y en todo el mundo”.
La primera pregunta que surge es: ¿Por qué en este viaje se visita a Argentina y Brasil y no otros países de América del Sur? La segunda inquietud es: ¿Por qué en una delegación del más alto nivel, se incluye a expertos informáticos?
Me parece necesario encuadrar esta respuesta en el conjunto de políticas e iniciativas que está impulsando Estados Unidos en materia de política internacional, a partir de la asunción del nuevo gobierno.
Estas iniciativas parten de la caracterización de que la orientación impulsada por el gobierno de Donald Trump, no alcanzó sus objetivos de aportar a fortalecer el liderazgo mundial de Estados Unidos. Y esto ocurrió porque el repliegue de iniciativas globalistas, para centrarse en recuperar su economía interna, quedaron mediatizados por la epidemia de Covid19, y porque los intentos de presionar y chantajear a sus aliados, como la Unión Europea, generaron más distanciamientos que obediencias. A modo de ejemplo, no pudieron impedir que siguiera avanzando la construcción del Nord Stream, el gasoducto ruso que cruzando el mar Báltico llega a Alemania.
El nuevo gobierno de Estados Unidos reconoce que está cuestionada su condición de superpotencia hegemónica por otros centros de poder emergente como son China y Rusia, pero también los principales analistas de política exterior están convencidos de que su hegemonía mundial, no será reemplazada por otra potencia, sino que el poder se desplazará hacia redes y coaliciones en un mundo multipolar. Desde esa caracterización, el gobierno de Estados Unidos se propone sostener su liderazgo mundial a través de alianzas megaregionales; pactos económicos, como son los tratados de Libre Comercio; sanciones económicas, una activa diplomacia y el ejercicio del poder inteligente.
Estados Unidos cuenta con el mayor ejército mundial, pero advierte también que ese poder, sumado al poderío económico y sus inversiones tecnológicas, podrían no ser suficientes para ejercer el control. En las nuevas disputas que se avecinan cobra especial importancia su enorme desarrollo de la información que se asienta en su liderazgo en la industria del entretenimiento, (que le permite imponer masívamente valores y conductas), en el control de la comunicación (prensa y redes sociales), y también en la inteligencia y el espionaje. Este llamado poder “blando”, junto al poder “duro” que se ejerce en el plano militar, configuran un “poder inteligente”, que sintetiza las nueva fuerza de dominación. Las alianzas y asociaciones le permiten extender y legitimar ese liderazgo.
Como ya lo vinieron haciendo, cuando el objetivo sea legitimar el “cambio de régimen” en algún país, actuarán en cadena las redes de prensa para desestabilizar y desligitimar al gobierno, y si es necesario una intervencion militar intentarán apoyarse en fuerzas locales o regionales, tratando de reducir al máximo la intervención directa de fuerzas militares estadounidenses. A modo de ejemplo: los grupos monopólicos de prensa del continente actuaron en cadena para tratar de imponer la idea de que Evo Morales había hecho fraude en las elecciones de Bolivia y desde Argentina, Ecuador y probablemente otros países vecinos se prestó apoyo logístico a los golpistas (informacion, envío de material represivo, etc.). El papel que se da a la información y a las redes informáticas en la nueva estrategia imperial, explica por qué acompañan a Sullivan el director de Tecnología y Seguridad Nacional y el Director de Cibernética.
En la nueva estrategia de Estados Unidos, también la cuestión energética merece especial atención, tanto para recuperar su propia economía, como para proyectar sus iniciativas geopolíticas. Desde los tiempos de la gestión Obama, ha priorizado las iniciativas hacia regiones y países con grandes reservas en hidrocarburos. Los “cambios de regímenes” impulsados en esos paises se proponen reducir la participación de los Estados y los intereses nacionales en todo el ciclo de producción y comercialización de los hidrocarburos y aumentar la presencia de empresas multinacionales, adecuando las matrices energéticas en función de sus intereses imperiales. Argentina es uno de los países con mayores reservas mundiales de gas y petróleo, a las que se puede acceder via fracking. Esta es una de las claves del repentino interes estadounidense por nuestro país.
Finalmente el contexto político en América del Sur se ha modificado con la recuperación por parte del MAS del gobierno de Bolivia y la asunción de Pedro Castillo en Perú. También con las grandes movilizaciones en Colombia, que ponen en duda la continuidad del gobierno de Ivan Duque, las grandes protestas populares y muy bajos niveles de adhesion alcanzados por la derecha en Chile y la probable derrota de Jair Bolsonaro en las próximas elecciones.
Hoy en Argentina distintos medios informarán sobre la visita de Jake Sullivan. Algunos festejarán afirmando que vino a darnos una mano con las negociaciones con el FMI, o a concretar nuevas donaciones de vacunas contra el Covid. Otros se manifestaran agradecidos porque seguramente los “hermanos del Norte” han venido a Buenos Aires para presionar al gobierno para que no continue con “un camino que nos lleva inexoráblemente a parecernos a Venezuela”.

Tratando de interpretar esta visita a la luz de lo que es la actual política exterior de Estados Unidos, no parece que haya mucho para festejar.

Guillermo Cieza

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