Cuando el trabajo no es salud

Cuando el trabajo no es salud

8Ago21 0 Por Alfredo Grande

La narrativa de la empresa arma un relato de los sucesos amputando la matriz económica, histórica y política que los genera.

 “los pueblos no roban ni asesinan sino a través de sus representantes”

 (aforismo implicado AG)

La planta Siderar registró una explosión el jueves 5 a la madrugada. Y para un periodismo entramado en la génesis política, social, histórica y económica de la actualidad de nuestra cultura, cada noticia, cada hecho, será atravesado con el filo, contrafilo y punta del pensamiento crítico. La empresa Terniun Siderar hereda, es un decir, a SOMISA.  Para decirlo en lenguaje vulgar: hicieron explotar a SOMISA y el eufemismo encubridor utilizado fue “privatización”.

Las expropiaciones reaccionarias del capitalismo mundial integrado que la implosión del socialismo real facilitó, construyeron un Estado garantista del nuevo paradigma neoliberal. La denominada tercerización, flexibilización, son también denominaciones encubridoras de las formas posmodernas de mita, yanaconazgo, servidumbre de la burguesía feudal y de la esclavitud de los imperios de turno.

Las misiones jesuíticas fueron recicladas como misiones del fondo monetario internacional. Se privatizó el pensamiento, y aparecieron los Fukuyamas mentirosos. Ese apocalipsis privatizador, que vendió hasta las joyas de la abuela, al decir del amigo del ex ministro Ginés González García, fue como el estallido de una supernova. La explosión en la acería Siderar es el equivalente a unas estrellitas navideñas.

Desde ya, los trabajadores están absolutamente a merced de los mariscales de la victoria, con Paolo Rocca a la cabeza. Y a sus pies la realeza democrática que le sigue implorando que no conteste con el bolsillo. La soberanía está ausente y no solamente en las islas Malvinas. Obviamente reclamar esa soberanía garpa. Pelear por la soberanía política y económica es partidariamente incorrecto. Cualquier similitud con Massa no es pura coincidencia.

La explosión del jueves evidencia que el trabajo no siempre es salud. Incluso puede ser la más terrible enfermedad. Desde el asbesto de los subtes, hasta la bagazosis producida en el cultivo de la caña de azúcar. Las aseguradoras de riesgos del trabajo, solamente cuidan sus propios intereses y los de las patronales.

Incluyendo al “estado benefactor”, todas las empresas tienen más del 50% de su planta laboral en condiciones ilegales, incluso clandestinas. Un periodismo entramado no se conforma con la descripción de la realidad. Lo que pretende es transformarla. Hasta que todo trabajo sea salud.

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