Los dilemas de Juntos por el Cambio

Los dilemas de Juntos por el Cambio

24Ago21 0 Por Guillermo Cieza

En Juntos por el Cambio han recrudecido las disputas internas, pero ellas son apenas el emergente de un problema mayor. Empieza a estar cuestionada no sólo su capacidad de gobernar para las mayorías, sino también su condición de ser los mejores gestores para defender los intereses del capital.



En la superficie, los dilemas de Juntos por el Cambio son los debates surgidos a partir de la reaparición pública de Macri y el agravamiento de las disputas internas, que ha provocado que no se haya podido concretar la unidad en los distritos electorales más importantes.
Sin embargo, el panorama de fragmentación política que expresan distintas listas compitiendo entre si, y las distintas opiniones sobre si el ex-presidente suma o resta votos, son apenas el emergente de un problema más profundo y más grave. Ese problema es que se ha instalado la duda de que Juntos por el Cambio sea la mejor opción de gobierno para la Argentina. Y esa duda ya no es patrimonio exclusivo de las clases medias, que alguna vez fueron sus votantes. Lo más grave es que también estan dudando los sectores más concentrados del poder económico y el gobierno de Estados Unidos.
Es indiscutible que el programa económico de Juntos por el Cambio es mucho más cercano al de los grandes grupos económicos y a los de la gran potencia del Norte. Ellos comparten su desagrado por todo tipo de regulaciones estatales y apuestan a maximizar beneficios avanzando en sus políticas de saqueo y precarización de las y los trabajadores. Pero también, perciben que Juntos por el Cambio ha fracasado, al igual que Donald Trump, en lo mínimo que se le pide a un presidente burgués: que renueve su primer mandato. Su antecedente, que es la gestión Macri, mostró mucha iniciativa para favorecer sus intereses pero poca vocación estratégica. Y, haciendo un análisis más fino: tuvo una extremada fijación por hacer negocios financieros de corto plazo para su grupo cercano, pero escasa preocupación por consolidar a mediano plazo la dominación del proyecto del conjunto de la burguesía.
Lo que ofrece el Frente de Todos es un proyecto con el que tienen diferencias, en particular por la imposición de algunas regulaciones al capital, pero que está demostrando ser sustentable a mediano plazo. En ese proyecto se destacan la comprensión que tiene el Ministro Martín Guzmán de cómo funciona el sistema capitalista en el país y en el mundo; y la enorme capacidad que tiene el actual peronismo de amortiguar los conflictos sociales. El proyecto de Guzman propone un relativo grado de autonomía del gobierno en sus decisiones, manteniendo una relación amigable con los poderes económicos existentes.
En el tema de la deuda externa ha disputado, con los acreedores externos públicos y privados, plazos de pago, intereses y quitas; pero partiendo de que la deuda se reconoce, se paga y no se investiga. Argentina ha venido padeciendo históricamente de la falta de divisas, la mayoría de las cuales, ingresan por las exportaciones agropecuarias. Guzman identificó con claridad cuáles son los actores de la cadena agropecuaria y negocia con los grupos más concentrados expresados en el Consejo Agroindustrial Argentino. Esa negociación tuvo tres hechos paradigmáticos: no se avanzó con la expropiación de Vicentín, en el tema de la Hidrovía se abrió un compás de espera donde el Estado recupera por un año el control de la gestión, y se impuso una regulación a las exportaciones de carnes. En los últimos dos años, ese sector acumuló ganancias extraordinarias y el gobierno impuso algunas regulaciones pero no hizo cambios sustanciales. Salvo el aporte del impuesto a las grandes fortunas, esa renta extraordinaria no fue afectada para aliviar la situación de una mayoría que se empobreció.
Con respecto a la capacidad de contención social del Frente de Todos no hay más que comparar lo sucedido en la Argentina con lo que pasó en Chile, Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú. En esos cinco países gobiernos neoliberales se enfrentaron a explosiones sociales: En Chile y Colombia los gobiernos están fuertemente cuestionados; el de Ecuador no pudo renovar mandato, pero la crisis fue capitalizada por otro sector neoliberal; en Bolivia y Perú, la crisis les costó perder las elecciones y fueron reemplazados por partidos populares. En nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, no hay amenazas relevantes por izquierda a la continuidad de los negocios del capital.
En la Argentina y en Latinoamérica, por causa de la pandemia, se produjo una parálisis económica y una abrupta caída de los empleos y los salarios. Pero en nuestro país esa crisis no produjo estallidos sociales, huelgas importantes o manifestaciones multitudinarias. La Argentina ha transitado sin demasiado sobresaltos la crisis de la pandemia y el gobierno ha preservado las reglas básicas del funcionamiento capitalista tal como se expresa en la actual etapa, con fuerte predominancia del modelo extractivista. La ampliación de planes sociales cuestionada por Juntos por el Cambio, también se produjo en Estados Unidos y la Unión Europea en tiempos de pandemia. Para colmo, el antecedente del macrismo es que en cuatro años y sin ninguna emergencia sanitaria, triplicó los planes sociales que heredó del kirchnerismo.
El otro aspecto que desvela a Juntos por el Cambio es que ha advertido que las elecciones de medio término van a coincidir con un repunte económico que puede influir en el humor social de los y las votantes que no son de su núcleo duro. Se llegará a octubre con índices positivos de crecimiento económico, con aumento del empleo y con mayorías populares que si bien no habrán recuperado todo lo perdido en los últimos seis años, seguramente tendrán más plata en el bolsillo que en los último meses. Completarán ese panorama, por un lado la reactivación de la obra pública, en particular las rutas donde han reaparecido los movimientos de tierra, reparación de asfaltos, etc. y por otro, la reactivación de la construcción y del turismo interno, beneficiados por el cepo al dólar y las dificultades para viajar al exterior.
Juntos por el Cambio, tiene, a su disposición un enorme aparato comunicacional sustentado en el 80 % de las emisoras privadas de televisión, radio y diarios. Esta hegemonía se completa con una activa participación en las redes sociales. Sin embargo, no tiene demasiados argumentos para evadir sus responsabilidades en la ampliación de la deuda externa, o para convencer a las mayorías que un gobierno de Juntos por el Cambio hubiera gestionado mejor la pandemia. Además, como le suele ocurrir a los gobiernos salientes, se han producido grietas en el blindaje judicial y salen a la luz algunos escándalos. En el caso de Macri: la estafa del Correo, las maniobras de la Mesa Judicial con “Pepín” Rodríguez Simón prófugo, el contrabando de armas a Bolivia, etc.
Por más que los comunicadores sobreactúen las críticas al gobierno, este país no se parece a Venezuela. El Frente de Todos no intenta grandes cambios, en consecuencia no es sancionado con el bloqueo de Estados Unidos, ni padece sus consecuencias. Los cien mil muertos por la pandemia en Argentina y los pocos escándalos que el actual gobierno le regaló a la oposición (cumpleaños de Fabiola Yáñez, vacunacion VIP de una docena de amigos del Presidente), parecen insuficientes para que Juntos por el Cambio se gane el apoyo de los votantes más volubles o independientes.
En ese escenario pesimista, la táctica de presentar un perfil dialoguista para tratar de seducir a los votantes indecisos, confronta con los que insisten en asegurar el núcleo duro, donde se puede desgranar una porción de votantes seducidos por las opciones de Javier Milei o Jose Luís Espert.
Juntos por el Cambio seguirá discutiendo si lo que más le conviene es promover a figuras nuevas como Manes, o seguir insistiendo en los muy conocidos, como Rodríguez Larreta o Macri. Pero lo que realmente lo desvela, es la posibilidad de ya no ser, en los próximos años, la mejor opción de gestión política para los dueños del país. Esas dudas comenzaran a develarse con lo que hagan o dejen de hacer esos grupos económicos de aquí a octubre. Ellos manejan las dos grandes armas que pueden jugar fuerte en un intento de desestabilización política: los precios internos y el dólar.
Desde lo ideológico, no hay dudas de que los grupos más concentrados se sienten identificados con Juntos por el Cambio, pero la derecha económica suele ser más pragmática que la política.


Guillermo Cieza

Foto: Noticias de Bariloche.

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