De la Masacre de Trelew a la revuelta popular del 2001-2

De la Masacre de Trelew a la revuelta popular del 2001-2

1Sep21 0 Por Damián Ravenna

Al hablar de Trelew y de la revuelta popular de 2001-2 debemos hablar también del genocidio, acá ocurre también un cimiento de la institucionalización de la memoria que debemos atacar de frente, y es sobre la implementación del neoliberalismo y sus continuidades.

LA REVOLUCIÓN NO SERÁ NEGOCIADA

Habiendo transcurrido un nuevo aniversario de la masacre de Trelew, volví a leer como todos los años las conmemoraciones y observé en la redes sociales cómo muches reivindicaban a les cumpas de Trelew, pero hubo una nota que me cruzo el corazón por sus aciertos, escrita por el compañero Alfredo Grande y que salió en Tramas, periodismo en movimiento. 

Él hace un enlace o en sus palabras cose  la masacre de Trelew y Ezeiza, pero sobre todo nos dice, y apunta una verdad colosal que “A 49 años de la masacre de Trelew, la sangre derramada ha sido negociada, no una vez, que ya es malo, sino muchas veces, lo que sin duda es muchísimo peor. El homenaje a los combatientes, guerrilleros, luchadores, es sin duda necesario. Pero a mi criterio, totalmente insuficiente. Toda masacre es la penúltima carta de la cultura represora. La última es el genocidio.” La verdad hay que decirla así sin tapujos, pero me gustaría pensar(nos) que también estamos quienes no negociamos ni la sangre de les cumpas, ni la revolución.

Para quien escribe entre les revolucionarios de Trelew y Darío Santillán (como máximo referente de la revuelta popular que es para nosotres) hay una continuidad, un ethos revolucionario, hay un intento de radicalidad en la acción, hay un tejido social con conciencia para sí, hay lucha de clases. Sabemos lo que la revuelta popular ha significado para la creación de una nueva-nueva-izquierda -y trelew dado la acción conjunta de revolucionarios de distintas organizaciones tiene este mismo contenido- por ello mismo entiendo que debemos seguir ensayando respuestas desde los cimientos de la revuelta popular, pues ellos son la continuidad de la lucha del pueblo y esa continuidad es legítimamente hija, hijo e hije de les revolucionarios anteriores. 

Esa prosapia para mí ha sido ganada en la lucha y con la permanencia ética de una forma de praxis, de un quehacer popular-revolucionario. Algo de esto nos dice Alfredo Grande, aunque sólo desde una mirada dentro del peronismo al decirnos que “la militancia guerrillera y revolucionaria del peronismo quedó quebrada y poco tiempo después, cuadripléjica. Fueron recuperados y actualmente integran el Frente de Todos. Otros sectores siguieron sosteniendo la lucha revolucionaria, porque tuvieron el coraje de construir nuevos colectivos que ya no respondían a la lógica del pejotismo”  

Es por ello que debemos hacer hincapié en que la institucionalización de la memoria a través del sector peronista gobernarte y victorioso, tiene ingentes consecuencias.  Una de ellas es quitar de la memoria las continuidades revolucionarias -la lucha por el socialismo y contra el capitalismo- parte de esa operatoria sobre la memoria además entrelaza a les 30 mil con el capital, como si el proyecto “setentista” fuera el capitalismo con rostro humano. Tiene con ello un intento de “peronizar” (en un sentido burocrático ortodoxo) la militancia de los 70tas, como si la revolución socialista y la “patria socialista” no hubieran sido el horizonte estratégico mayoritario. 

Debemos ciertamente denunciar estos intentos de enhebrar la lucha del  pueblo con salidas sistémicas, pero además de resistir, debemos hacer nuestra memoria donde las revueltas populares,  los “azos” (Cordobazo, rosariazo etc)  y les 30 mil sean lo que son, REVOLUCIÓN. 

De ahí que podemos también coser Trelew y la revuelta popular del 2001-2, ya que ambas fueron un prolegómeno de lo que después vendría, pero además trelew tiene el alto contenido de ser la acción de revolucionarios pertenecientes a distintas organizaciones que aunaron sus esfuerzos en el intento de fuga, esta pluralidad revolucionaria para nosotres es una cuestión de fundamental trascendencia, y que entendemos tuvo este mismo contenido en algunos aspectos de la revuelta popular del 2001-2.  

Al hablar de Trelew y de la revuelta popular de 2001-2 debemos hablar también del genocidio, acá ocurre también un cimiento de la institucionalización de la memoria que debemos atacar de frente, y es sobre la implementación del neoliberalismo y sus continuidades. Más allá de los acuerdo parciales que podemos tener con los sectores del revisionismo histórico nac and pop -al respecto de que el neoliberalismo requirió de un genocidio para ser implementado- debemos hacer hincapié en que ese genocidio fue un genocidio de clase y que el neoliberalismo es una faceta, una etapa del capital que diríamos funciona como un “sistema digestivo” requiriendo de distintas etapas para su regulación y valorización. 

 La cuestión de clase en el genocidio queda palmariamente clara en varios aspectos, uno de ellos es que el neoliberalismo como etapa del capital busca romper con la sociedad asalariada, atacando por ello mucho más de frente a la clase que vive de su trabajo, es decir la valorización del capital en esa etapa no genera la plusvalía únicamente a través de la clásica jornada laboral, sino que lo hace sobre todo sobreexplotando el trabajo y corriendo parte del eje de la valorización del capital hacia la renta financiera.  

Con ello además y es un aspecto a resaltar, (teorización que expuse en varios de mis textos pero que no está de más volver a explicar)  la cuestión de cómo se estipula según la convención internacional para la prevención y sanción del genocidio en su artículo 2do inciso C qué es genocidio; describiendo perfectamente la opresión de clase en el marco sistémico del genocidio al decirnos que éste es un: “c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;” lo que describe ciertamente la vida plebeya, popular y proletaria. 

Al mismo tiempo y en esta misma sintonía las continuidades del genocidio son palmariamente claras  ya sea que observemos el genocidio por goteo o la herramienta genocida que es el modelo económico-social capitalista a través justamente de la economía como una herramienta de control y aniquilamiento de una clase sobre otra clase.

Todo ello debe llevarnos a estructurar una memoria desde abajo, por fuera del Estado y sus gestores, apropiándonos de nuestra historia y las continuidades de la lucha. Única manera de ejercer una memoria revolucionaria. 

Le mandó un abrazo al compañero Alfredo Grande, a quien no conozco personalmente pero le agradezco la valentía de sus palabras, y en él  a aquellos que en la noche oscura del capital sostenemos que ni la revolución ni la sangre de nuestros revolucionarios será negociada. 

Memoria, Verdad y Justicia

Damián Ravenna

Presidente 

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE

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