El “Castelar”, “Iberia” y la apuesta al regreso

El “Castelar”, “Iberia” y la apuesta al regreso

10Sep21 0 Por Daniel Campione

Las pérdidas sufridas durante este año y medio de pandemia son muchas en Buenos Aires. Sin pretender equipararlo con dolores más graves e irreparables, el ocaso de lugares entrañables de la ciudad añade penas

.

En estos días el enterarse acerca de sitios de referencia que han cerrado o descubrir cierres mientras se camina por alguna calle, se ha vuelto una experiencia cotidiana. El que escribe estas líneas sabía de la “defección” del Hotel Castelar desde los primeros meses del encierro por  el Covid-19. Otra sensación que el leerlo o saberlo “de oídas” es la de transitar por la cuadra del 1100 de Avenida de Mayo y ver el local tapado por una gruesa cortina metálica y la marquesina en avanzado proceso de deterioro.

El recuerdo nos trae un pasado no tan lejano de cierre y posterior reapertura del hotel. Que incluyó la conversión en pequeño “museo” de la habitación 704, aquella que habría ocupado Federico García Lorca en su estadía de seis meses en Buenos Aires, allá por 1933 y 1934. Y la remodelación del café o bar del frente, bello y tranquilo lugar donde hemos compartido reuniones de trabajo y también alguna cerveza, en épocas de tener oficina a escasos 200 metros de allí.

Imaginarse a la 704 cubierta de polvo proporciona otra sensación ingrata. Allí el poeta andaluz vivió momentos de triunfo. Bodas de Sangre tuvo una repercusión clamorosa. Se exhibía a sala llena en el teatro Avenida,  a unos 100 metros de allí. García Lorca acompañó su éxito teatral con su espíritu de “fiesta perpetua”, que incluyó recitales poéticos a dúo con Pablo Neruda, por entonces también en tierras porteñas. Hasta alguna vez habría, jubiloso, interpretado al piano El ciruja, que se dice era su tango favorito.

Imposible caminar por esa cuadra sin recordar una de las pequeñas historias de Buenos Aires más invocadas: La de los enfrentamientos de republicanos y franquistas durante los tiempos de la guerra de España. A correrse entonces al escenario privilegiado de aquellas reyertas, el bar Iberia, en la esquina de Avenida de Mayo y Salta. También está cerrado, aunque sin signos tan rotundos. Apenas las cortinas de paño bajas, sin manifestaciones de presencia humana en el interior. No hay anuncios, no hay cartel de “se alquila”. Tal vez es temporario, quizás han decidido abrir sólo de noche en plan de supervivencia. Ni siquiera google proporciona información concluyente al respecto.

Al menos  están las placas (todas menos la única hecha en bronce, como era de prever). Una de ellas es la más conmovedora, homenajea a los “exiliados, caídos y represaliados en defensa de la segunda república española”. Otra produce sentimientos encontrados, ya que proclama al bar “símbolo de la hispanidad”. El término resuena a ideas opuestas a la república. “En defensa de la hispanidad” se titula el libro más famoso de Ramiro de Maeztu, intelectual de primera línea de la extrema derecha española. Y fusilado por los republicanos, para más datos. Además, Iberia no es un emblema hispano genérico, sino del sector de la colectividad española que cinchaba en contra de los sublevados.

Los dos recordatorios emanan de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.  La primera que mencionamos data de 2006, la otra es de 2016. Tal vez los distintos momentos políticos y las diversas integraciones del órgano legislativo tuvieron que ver con esta discordancia.

En estos tiempos sombríos, cada ausencia, significa un golpe. El ocaso de lugares entrañables conjuga las penurias derivadas de la pandemia con los efectos de la crisis económica que la acompaña, y potencia sus resultados. Queda la apuesta por el futuro. Que la “peste” pase, que la crisis amaine. Que podamos volver a tomar café en el Iberia y a disfrutar una cerveza en el Castelar. Y comprobar que la habitación de Federico no fue devorada por el polvo.

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