El presidente de los azotes

El presidente de los azotes

22Sep21 0 Por Alfredo Grande

Del doble comando al copiloto que agrede, insulta, instiga a maltratar al piloto. Si el copiloto le rogó al piloto que manejara…ya fue. 

Un niño de los azotes es un niño azotado en lugar de otro. Ejemplos históricos hay en la nobleza a principios de la Europa Moderna. El niño de los azotes era educado junto a un noble, que recibía el castigo corporal lugar del noble. Esto se hacía porque no se podía castigar al príncipe o rey niño porque su estatus real excedía el de su tutor o el padre del niño noble había prohibido al tutor castigarle. Las organizaciones pasan, las instituciones quedan. Y más allá de quien de los azotes y más acá de quien los reciba, la idea fundante sigue vigente. En una época se hablaba del “fusible” de un primer ministro, de algún ministro, o de alguien que había estado antes, o de una mala cosecha, o de una sequía, o de una inundación. Pero la función siempre es la misma: que salte el fusible, o los fusibles, pero que no estalle toda la instalación eléctrica. 

Lamentablemente, todo tiempo presente no es mejor. Estamos en la epifanía donde la instalación eléctrica tiene como fusible al electricista a cargo. Creo que la metáfora eléctrica es efecto de mi infinita indignación hacia el Manzano que se llevó a cuestas una empresa robada al erario estatal y público. Hablando para que mi tía Matilde me entienda, aunque nunca logró entenderme y ahora ya es tarde:   que un presidente pida una renuncia es orgánica a la lógica jerárquica. Que un ministro presente la renuncia sin que se la hayan pedido, obviamente no es. Mi tía nunca entendió porque no era lo mismo un gato montés a que te montés un gato. Me parece que el presidente (que lo sigue siendo al menos mientras esto escribo, aunque no sé si lo seguirá siendo cuando esto se lea) tampoco lo entiende. Dicen que uno regresa de todo, menos del ridículo. Y de eso se trata, aunque no se trata solo de eso.

De lo solemne a lo ridículo no hay más que un paso. Y en las PASO se dio ese paso. A mi criterio, hacer caso omiso de las lógicas institucionales es nefasto. Lo político, lo económico, lo educativo, lo ambiental, lo sanitario, puede ser mejorado o empeorado con lógicas institucionales diferentes. El Partido Conservador Popular, cuya identidad autopercibida actual es “populismo”, intenta mejorar o al menos modificar las realidades apelando a los instituídos consagrados. Empresariado, Movimiento Obrero Organizado, Estado Benefactor (benefactor de quien es otro tema y otra trama). Apelaciones al consejo económico social no son más de lo mismo. Son menos de lo mismo. De Gelbard a Guzmán es una línea de tiempo político que nos remite al recuerdo de haber sido y al dolor de ya no ser.

En las PASO ganó la derecha. Pero la derecha siempre gana, aunque pierda en alguna de sus variantes más edulcoradas. Perdió ese andamiaje precario, encubridor, falso de falsedad absoluta, que algunos se empeñan en denominar democracia representativa. De nosotras y nosotros, desde todas las variantes de las izquierdas, depende que no se reconstruya con más de lo mismo, o con peor de lo mismo, o sea el fascismo tan temido. La forma actual de resolver y revolver la situación, es que los azotes por la derrota los reciba el presidente. La que debería ser azotada, en una dimensión política, es la Jefa que lo eligió. Un Scioli triunfador hubiera tenido destino similar. Por cierto, que sacaban número para azotarlo luego que la Jefa lo designara. Sin PASO que valga. Recibiendo los azotes, incluso justificándolos, el Presidente acepta que estamos en un feudalato de última generación. Y en el extremo del sometimiento voluntario, rechaza una renuncia que nunca pidió. Ya que estamos   ASPO y PASO permiten la permutación lineal. Al presidente de los azotes debería entender que al que a ASPO mata, a PASO muere.  Espero que al menos la tía lo entienda.

Alfredo Grande

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