Hacia las elecciones de noviembre, desencantos e ilusiones

Hacia las elecciones de noviembre, desencantos e ilusiones

28Sep21 1 Por Daniel Campione

En estos días, el oficialismo apuesta a dar vuelta el resultado de las PASO en las elecciones generales. O, en su defecto, a reducir la diferencia entre Juntos por el Cambio (JxC) y el Frente de Todos (FdT). Mantener la primera minoría en la Cámara de Diputados y no correr riesgos en la de Senadores son los objetivos concretos en materia de representación.

El FdT parte del diagnóstico de que no experimentó una fuga de votos hacia JxC sino que sufrió sobre todo por la elevada abstención electoral y, en menor medida, por los sufragios nulos o en blanco. Habituales votantes del peronismo que esta vez fueron reticentes serían así el objetivo a buscar en los 45 días que nos separan de las elecciones generales.

Dado lo exiguo del plazo disponible, es difícil pensar en acciones de gobierno que produzcan efectos perceptibles antes del 14 de noviembre, día de los comicios. Muy poco tiempo para “poner plata en el bolsillo de la gente”, como suelen decir. El gobierno necesita más bien emitir señales de mejoras futuras, sean coyunturales o con mayor vocación de permanencia

En esa línea, se engrosa la variedad de providencias orientadas a dar algún alivio a la situación de trabajadores y pobres, o a atenuar la disconformidad de los sectores medios. Al incremento del salario mínimo y el aumento del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias se agregan algunas otras medidas.

Un ejemplo es la política para favorecer la regularización del trabajo doméstico, uno de los rubros más afectados por la crisis pandémica y con un arrastre de precariedad que viene de más larga data. En una actividad con abrumadora mayoría de mujeres, la medida permite exhibir un sesgo feminista que compense el machismo de algunos personajes del oficialismo.

La posibilidad de jubilarse para trabajadoras y trabajadores que cuentan con treinta años de aporte y están cerca de cumplir la edad requerida, pero carecen de trabajo es otra línea que atiende a un espectro limitado de la población, pero puede servir como muestra de atención hacia demandas de estricta justicia.

En una línea más coyuntural, de efectos limitados pero inmediatos, todavía no está concretado el adicional temporario para jubilaciones y Asignación Universal por Hijo. De cualquier modo será un alivio mínimo y pasajero para sectores muy postergados, que adolecen de una continuada pérdida de poder adquisitivo.

Al mismo tiempo se siguen líneas de acción orientadas a la satisfacción de los dueños del poder. El pago de u$s 1900 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI) es un paso en esa dirección. Se concretó así el destino de pago de la deuda de los derechos especiales de giro, más allá de presuntos artilugios contables que fueron atribuidos por la oposición en estos días. No parece tener ningún rendimiento en votos, pero apunta a la tranquilidad de “los mercados”. Y a dar muestras de que la negociación amigable con el FMI es una política que va más allá de las contingencias electorales.

El nuevo ministro de Agricultura, Julián Domínguez, parece abocado a lograr la complacencia de las patronales agrarias.  El fantasma del choque con el “campo” sigue como un fantasma a aventar, pese al tiempo que nos separa de la Resolución 125. Tal vez caiga por el camino la restricción a las exportaciones de carne, que parece haber tenido algún efecto sobre los precios del producto, epicentro hasta hace poco de aumentos escandalosos.

El presidente no sólo ha cedido el primer plano en la gestión cotidiana sino que aparece relegado en la comunicación del gobierno en general y en la campaña electoral en particular. Un eufemismo utilizado es que trabaje “más cerca de la gente”, lo que tiene la exteriorización práctica de que el presidente hace menos declaraciones públicas, no toma  la delantera en los medios y se limita a actividades de medio tono, no muy expuestas a la luz pública.

La restricción de las capacidades de decisión de Alberto Fernández, tan anunciada por la oposición de derecha desde el comienzo de su mandato, parece al final haberse realizado. No a manos de Cristina y el “kirchnerismo puro” sino en beneficio de las aptitudes de gestión que se atribuyen al nuevo jefe de gabinete y a otros flamantes ministros. Ellos provienen de un peronismo más tradicional, sin actitudes “progres” como las que se suelen ostentar en el Instituto Patria o a La Cámpora.  La lectura en términos de “giro a la derecha” de los cambios en curso resulta por lo menos atendible.

Resta ver la orientación que va a adoptar la campaña electoral del FdT. Si acertará con algún eslogan menos ambiguo que “el país que queremos” y lxs candidatxs lograrán hacer algo más expresivo para las necesidades populares que referir su historia personal o dar detalles sobre la integración de sus familias. La militancia “territorial” tendrá la palabra a la hora de buscar el voto esquivo de quienes se quedaron en su casa en las PASO.

Abajo y a la izquierda

Algo que queda en el aire es si se ha producido un cierto quiebre entre el peronismo y sus votantes o este ha sido un mero toque de atención que puede ser superado a la brevedad. De cualquier modo, lo perceptible es un cierto desencanto con una dirigencia política que no da respuestas a las necesidades concretas. Y toma sus decisiones a puertas cerradas, sin prestar atención a las opiniones de su militancia de base ni de la ciudadanía en general. La protesta por las urgencias insatisfechas ganó la calle en los últimos días, como muestra de sectores que no confían en las respuestas “desde arriba”.

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Más allá de la proyección de los resultados electorales de las PASO en las generales, la oportunidad es propicia para hacer pública la crítica a la democracia menguante que vivimos, en la que la representación política se revela cada vez más como ficción. De no realizarse desde posiciones de izquierda, el espacio puede quedar para la “antipolítica” de derecha, por ahora un fenómeno localizado en la ciudad de Buenos Aires.

La actuación electoral del Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad (FITU) constituye un dato significativo, ya que  marcó la presencia de un electorado crítico, propenso a eludir la trampa del “bicoalicionismo” desde una perspectiva anticapitalista. Presencia que alcanzó altos porcentajes en algunos distritos.  Que mantenga o mejore el nivel de sufragios  obtenidos en las generales será un atisbo de consolidación de dicha perspectiva.

Sería deseable que desde el FITU se contemplara abrir la alianza en dirección a una izquierda multiforme que no tiene por ahora presencia electoral. Sería una señal de que la contracara del “posibilismo” que se somete a direcciones a lo sumo reformistas no reside en actitudes más o menos endogámicas, sino en una apuesta consecuente a construir desde la independencia, sin concesiones a las fuerzas del sistema.

Daniel Campione

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