El debate: Santoro, Vidal, Milei, Bregman y la cuestión del gran relato

El debate: Santoro, Vidal, Milei, Bregman y la cuestión del gran relato

14Oct21 2 Por Mauro Berengan

En el día de ayer se realizó el debate de candidatos y candidatas a la Cámara de Diputados por la ciudad de Buenos Aires. En un arco identificable de izquierda a derecha –creemos en estas categorías menoscabadas- participaron Myriam Bergman por el Frente de Izquierda, Leandro Santoro por el Frente de Todos, María Eugenia Vidal por Juntos, y Javier Milei por Avanza Libertad. En las repercusiones se vio un relativo acuerdo en que fue Bregman quien se mostró más sólida, mientras que Milei tuvo enormes dificultades para sostener el debate. Pero aquí nos detendremos en otra cuestión: la crisis de proyectos hegemónicos que se traduce en la ausencia de grandes relatos hacia el futuro; sin mito político no hay transformación.

Crisis de hegemonía: Santoro y Vidal, dos proyectos que no encantan

A partir del trabajo del gran marxista italiano Antonio Gramsci, se entiende por hegemonía a la dirección intelectual y moral de una sociedad. Desde esta interpretación, la forma en que las clases dominantes ejercen su poder no se basa en la coerción, en la violencia. La coerción existe, pero el poder está basado en el convencimiento hacia las grandes mayorías de que los intereses de la minoría dominante en lo económico son los de todos y todas, en la invisibilización del “sistema”, en la naturalización de las relaciones desiguales, en la eternización de esta forma de vida, en el ocultamiento de alternativas. Valga para ilustrar esta cuestión los famosos dibujos animados “Los Picapiedras” y “Los Supersónicos”, una familia de un remoto pasado prehistórico y otra de un lejano futuro de autos voladores que, en prácticamente todo, son iguales, comparten la misma forma de vida, los mismos roles de género, las mismas maneras de trabajar, la estructura familiar y un largo etcétera. La vida “burguesa” es la vida eterna, siempre fue así y así será para siempre, eso es hegemonía.

Pero la hegemonía requiere de un “gran relato”, de presentar a la sociedad un discurso que funcione, que otorgue una interpretación de qué es la vida y nos movilice a vivirla, como lo fue el “sueño americano”. Asistimos hoy a una crisis de estos relatos. El sueño americano centrado en el modelo fordista, con pleno empleo y salarios relativamente altos que permitan una vida cómoda en “los suburbios”, como la familia Tanner –sin el extraterrestre-, ha sucumbido ante el avance neoliberal excluyente de las últimas décadas. En una apretada síntesis, el Frente de Todos expresa el intento de su recuperación, no por nada es Ford el empresario modelo en los discursos de Cristina. Pero no parece estar funcionando, la configuración neoliberal de la economía mundial, con los “servicios financieros” como columna vertebral, hacen casi imposible la constitución de una burguesía nacional que sustente el proyecto. Santoro parece ser un cuadro sólido, pero no tiene con qué encantar a las mayorías. La mística de la recuperación del gobierno en 2019 se desinfló en el objetivo cumplido. Los otros objetivos acompañan la crisis.

Mas el neoliberalismo, “culpable” en gran medida de la crisis de hegemonía del modelo que funcionó durante mediados del siglo XX, también ha agotado sus promesas rápidamente. El neoliberalismo vino a cambiarlo todo: sustituyó las bases económicas de acumulación (claro, no en esencia, no en la plusvalía), de un sistema de producción masiva para el consumo de grandes mayorías, a otro basado en la especulación financiera y el consumo de élite, tirando por la borda a la masa sobrante, a trabajadores con nombre y apellido, a familias completas. Así, la pobreza en nuestro país pasó de un 6 o 7% a mediados de los años 70, al casi 60% de 2001, este fue su resultado en cada rincón de aplicación salvaje neoliberal. Pero transformó también el discurso, el gran relato, ya no había sueño americano “inclusivo” sino individuo en competencia, no había Estado protector, sino mercado salvador, “sé tu propio jefe” para ser tu propio esclavo. Pedalear con pizzas en mochilas es el proyecto para los jóvenes, nadie puede encantarse con el neoliberalismo. Vidal es hábil, o tiene asesores hábiles que suplieron el carisma por caras de ciudadana conmovida, pero no tiene, tampoco, con qué encantar a las mayorías.

La obligación de Bregman y el intento de Milei

Myriam Bregman es sin duda una de las militantes y referentes de izquierda más respetadas del país, y se lo ha ganado en años de trabajo tanto como abogada de Derechos Humanos, llevando adelante la causa de Julio López, como en la construcción de su partido (Partido de los Trabajadores Socialistas) y el Frente de Izquierda junto a otras tres agrupaciones trotskistas. Encontramos un límite ya en esta cuestión: el frente, que ha sabido ocupar un lugar que el resto no consiguió, solo nuclea a una tendencia ideológica del amplio espectro de la izquierda, y siquiera a toda esa tendencia. Pero aquí apuntamos a otro límite.

Con centro nuevamente en Gramsci, la cuestión del mito político, del gran relato de futuro que articule a las clases trabajadoras, que nuclee lo disperso en una sola tendencia, en un solo proyecto de porvenir, que nos de fuerzas para transformarlo todo, que desnude el relato naturalizado picapedrezco de la hegemonía burguesa, tiene un largo recorrido de tinta en las izquierdas, desde Mariátegui a Hugo Chávez. Y si nombramos a Chávez, a quien sabemos el trotskismo no lo considera un par, pero no es el punto, es porque fue quien más se preocupó y logró construir un gran relato de futuro en pleno auge del fin de la historia, del fin de las ideologías. Es decir, Chávez emerge a la vida pública en 1992, con plena conciencia de la crisis de hegemonía neoliberal, pero con el derrumbe de la Unión Soviética a sus espaldas. No había relato en la Venezuela pos Caracazo. Chávez tenía ya una formación y lectura de izquierda que incluía al propio Gramsci, siendo miembro del directorio del Partido de la Revolución Venezolana dirigido por Douglas Bravo desde fines de los 80. En su discurso público fue construyendo el imaginario de un futuro prometedor y posible en base a algunos sentidos ya arraigados en la cultura popular. Logró presentarse como la única vida para salir de un sistema “podrido”. Consiguió a fuerza de pedagogía y de palabras precisas que las mayorías populares se identifiquen con su persona, con su proyecto. Se sustentó en el “bolivarianismo” presente en cada escolar venezolano y fácilmente encadenable con la liberación de la patria grande, con el antiimperialismo. Creó un “mito posible”, la “utopía concreta robinsoniana”, la ilusión de crear un nuevo país al que puso nombre y lo fijó en cada oído “La Quinta República”. Y taladró hasta el tuétano con el camino para conseguirlo “La Asamblea Constituyente”. Tras impugnar el sistema, decidió presentarse a elecciones y con dos años de campaña arrasó con todo el establishment unido en su contra con candidato único.

¿Qué nos promete Bregman? ¿Cuál es su proyecto de futuro? ¿Hacia dónde vamos? ¿Con qué va a unir a los trabajadores y trabajadoras? ¿Cuál es su país por venir? ¿Cuál es la Quinta república argentina? La disruptiva, la antisistema en el debate, la “anti casta”, era Bregman, no Milei. Pero no lo fue. Llenó de verdades el debate, fue la más sólida, marcó las desgracias del gobierno anterior y los desaciertos del presente, pero el PTS, el Frente de Izquierda, el trotskismo y la izquierda toda no tiene un gran relato para convencer a la mayoría, llámese como se llame. Sin mito movilizante, sin futuro deseable, sin convencernos de que ese futuro es posible y necesario, sin ponerle nombre, los trabajadores no han de arrojarse a la pileta. Además, tampoco presenta un camino, una Asamblea Constituyente. El trotskismo basa su campaña en la denuncia, no en la propuesta. No tiene mito, y no tiene camino (insisto, el problema no es solo del trotskismo). En una más que interesante entrevista del joven Pablo Agustín a Nicolás del Caño, se le preguntaron cuestiones concretas basadas en un “imagínate que mañana sos presidente”: qué harán con el parlamento, como sería su sistema de gobierno, qué pasará con la exportación y la importación, qué cosas prohibirán según lo que denuncian. El compañero Nicolás casi no puede contestar, volviendo cada vez al plano de la denuncia.

A riesgo de extremar la hipótesis, creo que el relativo éxito de Milei se basa en comprender la cuestión del gran relato. Milei se presenta como lo distinto, confronta a todos por igual, propone un insostenible futuro que, sabemos, no tiene nada de nuevo, ni de futuro, pero no todos lo sabemos. Milei tiene un mito en su discurso, un mito movilizador, acabar con la casta, acabar con los privilegios de los políticos, construir la verdadera libertad. Su proyecto es lo más parecido de los últimos años al de Alsogaray-Videla, pero no importa, las mayorías no lo recuerdan, se para hacia adelante y llama a los jóvenes a construir el mañana, a unirse y arrojarse, a sumarse al relato del mito porvenir. Milei sí tiene con qué encantar.

Allí está el desafío.

Mauro Berengan

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