Ficciones sobre la desesperanza: De “La Estrategia del Caracol” a “El Juego del Calamar”

Ficciones sobre la desesperanza: De “La Estrategia del Caracol” a “El Juego del Calamar”

14Oct21 0 Por Guillermo Cieza

“El juego del Calamar” se ha convertido en la serie más vista de Netflix. Propone una metáfora sobre la sociedad surcoreana, que resulta interesante contrastar con la metáfora que propuso la película colombiana “La Estrategia del Caracol”. ¿Hay alternativas a la regodearse con la miseria humana?


La estrategia del Caracol, es una película colombiana estrenada en 1993, que fue dirigida por Sergio Cabrera. Esta ficción cuenta los avatares de familias desesperadas ante el inminente desalojo de su vivienda. El guión es de Ramón Jimeno y está basada en hechos reales.
El juego de El Calamar es una serie de Netflix estrenada en 2021, de orígen surcoreano, que cuenta también una historia de personajes desesperados, en este caso acosados por las deudas o sin el dinero suficiente como para cumplir con compromisos elementales, como sacar a un hermano de un orfanato.
En las dos ficciones interviene un personaje ajeno a la situación, de otra condición social. En la colombiana se trata de un abogado de poca monta que presta sus servicios a las familias afectadas, y en la surcoreana, un policía que busca a su hermano desaparecido. Hasta aquí las coincidencias.
La estrategia del Caracol cuenta la epopeya de un grupo humano que, sometido a la presión del inminente desalojo, después de vacilaciones y tropiezos iniciales, decide no seguir las reglas impuestas por el acoso inmobiliario. Apelando a la solidaridad y a la creatividad popular, buscan una salida colectiva. Allí confluyen experiencias y concepciones diversas sobre la vida, que incluyen desde la adhesión a la religiosidad popular, hasta la reivindicación del derecho al uso de la violencia, y se ponen en evidencia valiosos saberes populares. El abogado que acompaña a las víctimas, puede sortear las limitaciones que le impone su formación profesional y hacerse parte de la aventura común.
En El Juego del Calamar nada de eso ocurre, los participantes aceptan las reglas perversas que le impone el poder dominante e ingresan en una gran picadora de carne que los va despojando de los últimos rastros de su condición humana. Desde la reivindicación de la salida individual, se desciende a lo más bajo: a la eliminación de sus pares, que son visualizados como competidores para alcanzar el premio, una gran suma de dinero. El policía que se convierte en observador de esta manipulación criminal, no intenta intervenir ni vincularse con los participantes y busca ayuda en el exterior, en su propia institución.


La Estrategia del Caracol y El Juego del Calamar son dos metáforas potentes sobre las posibilidades de enfrentar a sociedades que no son tan diferentes. La Colombia de los 90 y Corea del Sur en la segunda década del siglo XXI, han sido fuertemente impactadas por el neoliberalismo, con su secuela de víctimas sociales. La gran diferencia entre ambas ficciones es la perspectiva del director y del guión. También hay cambios en las preferencias de buena parte de quienes consumen estas ficciones. El éxito de El Juego del Calamar parece sostenerse en la propensión a regodearse con la miseria humana, y estos lodazales sin salida. La exposición de la peor mugre de la humanidad se convierte en top de audiencia televisiva y en “best-seller” literario. A falta de utopías civilizatorias, alivia comprobar que hay otros y otras que viven mucho peor.

Para quienes exigen un poco más que eso para alimentar sus almas, recomiendo que vean o vuelvan a ver “La Estrategia del Caracol”.


Guillermo Cieza

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