“Utu”  y Fermín Olarte una dupla bien pijita

“Utu” y Fermín Olarte una dupla bien pijita

24Oct21 0 Por Héctor Zuñiga (Panini)

El calor empezó a hacer de la suyas en la lomadita de “El doce” (Las Mesadas). Para al mediodía, los que habían llevado un sandwichito, dejando el atril con las bandejas vacías buscaron una sombra en la vegetación dónde sentarse y “manyar”.

Por un rato se desentendieron de la cosecha y de los fuertes rayos del sol de octubre. Masticaron a las apuradas y volvieron a la contienda sin haber descansado lo suficiente para darle un rato más al laburo y luego levantar el mono ante la mirada y el fastidio del binomio Toscano-Pantera, que, testarudos, no entienden o no quieren entender que los cosechadores trabajamos a destajo, que no se nos asegura un jornal como para que vengan a imponernos un horario determinado de salida. Menos que menos todavía si el calor aprieta como lo estaba haciendo ese día.

Esclavos eran los de antes, muchachos, no sean rompe pelotas, quieren.

No es que uno se retira en cualquier momento. Qué sentido tiene hacerlo un ratito nomás.

Para eso uno se queda en casa a rascarse las pelotas con las dos manos, ¿no les parece? “Pero si ya se trabajó toda la mañana y pasó de largo el mediodía hasta las dos de la tarde, bueno…ya está. Qué más quieren”.

Ni que fuéramos blanqueados como para exigir el cumplimiento de los obreros. Aunque parezca la gata flora debo criticar al gremio hijoeputa que tenemos. No sé ha aparecido aún por la finca para hacer control, o simular un control de los obreros. Yo quiero verles la cara y decirle todo lo mal que pienso de ellos. Seguramente ya tienen su rédito asegurado por los dueños de la finca.

Entienda el que lea esto.

Seis menos diez pasa “Melón” Rodríguez (el que puede vivir mil años con el “bidón que tiene, Jajajá”) manejando su colectivo por mi parada del refugio frente a la estación de servicios de Acheral.

Seis menos veinte llego yo a esperarlo. Pero a las cuatro y cincuenta me levanto para arrancharme como es debido y salir tranquilo de casa a la madrugada, cerrando la puerta tras de mí e iniciar una nueva jornada.

“Melón”, (mala sangre) después de levantar la gente entre Acheral y Santa Lucía, mete fierro a fondo, cambiando de marcha como la música de su equipo. Cumbia, guaracha, cuarteto, folklore, y poco, poquísimo rock internacional.

“Direccionando por la trescientos siete rumbo a la finca con el coche lleno de sonsos…uy, perdón, de laburantes como el que esto escribe, va concentrado al volante. Una sola vez, desde que lo conozco, lo he visto irritado por una mandada de frente que le hicieron. Un tirón de bola, va.”

“Ciento veinte personas son las que siguen al reconocido binomio de Santa Lucía”:

“muchísima gente”, verdad?”

“Aunque no todos viajan con Melón”

Pues una cantidad que no podría precisar lo hacen en vehículos particulares:

Motos

Autos.

Bicicletas.

Se labura, claro.

A pesar del amontonamiento, de incomodarnos uno con otro en la fila, algo se gana; miseria si comparamos el alto costo de las cosas. Inconcebible, carajo.

Hoy me enteré que el gobierno provincial con el gobernador Jaldo a la cabeza dará un bono de cuarenta lucas a los estatales. Parece ser, que ellos, que tienen el sueldo asegurado mensualmente durante todo el año, son los únicos que sufren la Inflación. Nosotros no. Lo que se gana en la cosecha del limón y luego en el arándano nos alcanza y nos sobra para vivir dignamente hasta que vuelva la temporada. Que al pedo salimos este año con un buen grupo de rebeldes a cortar la circulación vehicular. Si nosotros estamos bien.

También es pura tontería eso de juntarse con los auto convocados para organizar un plan de lucha.

Malparidos. gobernantes malparidos. Ambiciosos hijos de putas, lo único que quieren es seguir mamando del bolsillo de la clase trabajadora.

El santiagueño pijita de Utú y su compañero de fila Fermín Olarte (anteojito) me la hicieron, los conchudos.

Al pasar por mi fila llenaron de arándano verde una bandeja mía. Yo no me dí cuenta. Fue cuando cruzaron a comer seguramente, ahí hicieron esa travesura.

Luego estando en la sombra entre masticada y masticada tiraban palos, distorsionando la voz para que yo no lo calara. Pero los juné ahí mismito.

“Avaro, me decían”.

“Anda a comer, chango”

“No seas perro, Pani”

“Tanto te gusta la guita”

” Ni un arándano vas a llevar el día que pares las hushutas, viejo culiao”. “Si no has traído para comer, vení, aquí y te voy a dar algo para que mastiqués”

Así, y así la siguieron.

No sé cansaban de tirar palos. Daba la sensación de que no comían por gastarme.

Los sentía cuchichear de rato en rato y reírse por lo bajo. Cien por ciento seguro estoy que se burlaban de esa maldad que me hicieron, mientras que yo, no podía llenar el canastito para completar mi trabajo.

Es natural entre cosecheros, joderse, hacerse bromas para salirse inconscientemente de la realidad perversa. De un sistema de gobierno podrido.

Cuando fui a canjear las bandejas (cuatro llenas) por fichas (cuatro). Cien pesos cada una, vi la oportunidad de desquitarme de los pijitas

Los dos atriles estaban juntos, el de Utú tenía colgado el canastito hasta mitad de arándanos justo lo que me faltaba para completar mi quinta bandeja. Entonces, echando un vistazo para aquí y otro para allá, haciéndome el otario, descolgué el canastito vacié su contenido, lo devolví a su lugar, caminé hasta el carro entregué la bandeja y recibí la ficha. Al rato, volviendo de la engullida Utú puso el grito en el cielo. “¿Quién es el hijo de puta que me ha sacao el arándano?”… Silencio, nadie dijo nada.

Nadie me delató.

“Que no me vaya a enterar quién fue el culiadito ese porque va a cagar”. Ajá, jodéte nomás, decía entre dientes para mí.

-Tío Pani dijo mirándome a la cara ¿No sabes quién me ha sacao la fruta? -No. La verdad, no tengo ni idea de quién pudo ser, contesté gesticulando como un consumado actor.

Habíamos terminado un lote y pasamos a otro. Marqué lejos de Utú y de su calentura. La misma calentura que siento de los que nos representan como gremio. Vamos retrocediendo en vez de adelantar. Con los autoconvocados y el apoyo de la izquierda tenemos una nueva perspectiva de lucha por un salario más digno.

Somos los que trabajamos, los que levantamos cosechas, merecemos ser tenidos en cuenta.

Héctor Zuñiga (Panini)

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