A propósito del pueblo mapuche: el general  y el desnudista

A propósito del pueblo mapuche: el general y el desnudista

25Oct21 0 Por Darío Balvidares

Recientemente, Rolando Hanglin, desnudista y vicepresidente del Instituto de Estudios Históricos Julio Argentino Roca, escribió un artículo que tituló “La verdad sobre la mentira mapuche”  vinculado  a “los últimos acontecimientos y los atentados incendiarios en la Patagonia”, según dice el copete de su nota.

Rolando Hanglin, un claro defensor de la última dictadura cívico – militar –clerical, la que, también, homenajeó al general Roca, cuando se cumplió el centenario (1879 – 1979) de la oscuramente llamada “campaña del desierto” en el marco del entonces denominado “proceso de organización nacional”. Nominación que resignificará el genocidio atribuyéndose  el nombre de “proceso de reorganización nacional”, sembrado de muerte, desapariciones, tortura y otras aberraciones desde 1976 a 1983.

El, entonces, director de la revista Somos hablaba en contra de “la campaña antiargentina en el exterior”, es decir, que el periodista desnudista no toleraba la campaña que denunciaba el plan sistemático de exterminio que llevaba a cabo la dictadura.

Portador de un tufo nacional /oligárquico, Hanglin, otra vez, instala la cuestión originaria en  el origen geográfico del pueblo mapuche de donde desprende la concepción de extranjería que le permite concluir que los mapuche eran invasores, basando sus argumentaciones en fuentes históricas de personajes que contribuyeron a afianzar el imaginario sarmientino de civilización o barbarie.

Pero Hanglin desnuda, como es habitual en él, todo su cinismo escribiendo desde el lugar encumbrado que le da la posición de vicepresidente de un instituto que reivindica el exterminio como instrumento de “progreso”, con argumentos tan “sólidos” semejantes a los otrora esgrimidos en manuales escolares con los que nos tocó estudiar en la primaria y secundaria en los 60 del siglo pasado.

Manuales y libros de texto que se ocuparon de invisibilizar toda la historia de 36 (tal vez más) etnias originarias que habitaban y habitan este territorio, las que primero fueron diezmadas y sojuzgadas por el invasor europeo y luego por los generales serviles que acumulaban poder respondiendo a los mandatos de la oligarquía que usaba al ejército  para seguir apropiándose de territorios.

La práctica fue en esencia la misma de los conquistadores europeos, que se arrogaban el derecho de propiedad sobre las tierras y las vidas por considerarse superiores y de ahí la idea de modernidad asociada con la perspectiva etnocéntrica del eurocentrismo, la concepción de blanquitud que esgrime la supremacía racial y el positivismo como filosofía de pensamiento.

Un proyecto que sólo cerraba con la desaparición del otro para la concreción de lo que Hanglin llama en su nota “remedio cruel”, para concluir que ese “remedio cruel” dio lugar al nacimiento de “un gran país, abierto a la inmigración, la agricultura y el progreso”.

La barbarie civilizatoria como “remedio” para el nacimiento de un Estado asesino, de un Estado al servicio de unos pocos.

Incluso, usted, Hanglin, cita a Estanislao Zeballos, como una fuente con un “estudio preciso”, un exponente de la llamada generación del ’80, representante del proceso “civilizatorio”, que  escribía lo siguiente: “El (fusil) rémington les ha enseñado a los salvajes que un batallón de la república puede pasear por la pampa entera, dejando el campo sembrado de cadáveres”, como nos ilustra, el lamentable, ya fallecido, Osvaldo Bayer en el primer artículo del tomo 1 de Historia de la crueldad argentina, libro que le recomiendo, porque escriben los que estudiaron e investigaron.

Así, también nos informamos que su admirado Zeballos, Hanglin, en 1878 proponía “quitarles el caballo y la lanza y obligarlos a cultivar la tierra, con el rémington al pecho diariamente; he aquí el único medio de resolver con éxito el problema social que entraña la sumisión de esos bandidos (…) felizmente el día de hacer  pesar sobre ellos la mano de hierro del poder de la Nación se acerca (…) Los salvajes deben ser tratados con implacable rigor porque los bandidos incorregibles mueren en su ley y solamente se doblan al hierro”. 

Está más que claro que si Zeballos es de su admiración, Hanglin, es como leer las obra completas de Hannibal Lecter y disfrutarlo. Pero claro, ahí se encuentra su coherencia, no sólo en reivindicar el genocidio del “proceso de organización nacional” del roquismo, sino también el del “proceso de reorganización nacional” (1976-1983), todas acciones en sintonía con su apreciación “civilizatoria”.

Respecto de su insistencia con el tema de la procedencia y su sarcasmo respecto de la palabra mapuche, “gente de la tierra”, que usted pretende traducir por “paisano”, para luego decir que “No es una nacionalidad, ni los araucanos fueron jamás una nación. Se trata de los habitantes de la región del río Arauco, en Chile”. No reconoce, usted, cultura, ni lengua, ni cosmovisión  en los “habitantes de la región de Arauco”.

En principio Arauco o araucano son designaciones puestas por los españoles, particularmente el invasor Pedro de Valdivia escribe por primera vez la palabra Arauco, que posiblemente provenga de lo que escuchó nombrar como rauco que significa ‘agua gredosa’. Como sea, el conquistador es quien usa “Arauco” en sus cartas entre 1545 y 1552, escribe “indios de Arauco”; “paraje de Arauco”; “costa de Arauco”, de lo que se sigue, según esta teoría, que de allí se creara el gentilicio araucanos, que se convertiría con el transcurso de la historia de la dominación en un etnónimo.

Respecto de sus conceptos de nacionalidad o de nación, son categorías no aplicables a culturas que son nombradas por los conquistadores occidentales y cristianos.

Pero más allá de una polémica sobre cómo el invasor designa al invadido, que puede ser apasionante en términos antropológicos y sociológicos, lo que hace usted, Hanglin, es intentar demostrar que los mapuche vinieron de Chile y otra vez la falacia al desnudo, porque, por más que se insista, en 1545 Chile no existía y la Argentina tampoco y que la noción de territorio (tierra)  era muy otra desde la cosmovisión de los pueblos originarios.

Después de todo, por lo que vemos, los mapuche estaban desde mucho antes que los invasores redefinieran territorios y fronteras físicas e ideológicas como bien lo explica Diana Lenton, antropóloga e investigadora del CONICET y docente de la UBA: “El término “frontera” se utilizaba y se utiliza también con connotaciones de ‘territorio ideológico’, al pretenderse como límite entre la civilización y la barbarie. Esta acepción fue relativizada en su momento por el propio Sarmiento; sin embargo, goza –o padece– de gran difusión popular”. Esta cita está en el segundo tomo de Historia de la crueldad argentina, que también le recomiendo su lectura.

Aplicando el concepto de frontera como territorio ideológico, es algo que usted propone desde el título de su nota con total desparpajo, desnuda y ventila la resignificación de civilización/barbarie en verdad/mentira. Es patéticamente sarmientino que usted se asuma como la verdad discursiva civilizatoria, frente a la “mentira” mapuche, que obviamente vuelve a resignificar como barbarie.

Tanto es así que expone su mirada “sobre últimos acontecimientos y los atentados incendiarios en la Patagonia”, cosa que no hace, pero que sí reconfigura cuando afirma que: “El caso es que durante siglos se desarrolló la industria del malón. Asaltar las estancias, degollar hombres y raptar mujeres jóvenes, arreando miles de cabezas de ganado en un campo sin alambrados…”.

Interesante apreciación, que los invadidos, vencidos y sojuzgados utilicen lo que es una técnica de ataque y defensa como una “industria”. Lo que me lleva a preguntarme: ¿cómo conceptualizaría entonces al genocidio perpetrado durante la llamada campaña del desierto, qué tipo de “industria” se desplegó en la barbarie civilizatoria de la cual usted está tan orgulloso?

Y para que no queden dudas: “¿cómo definir un concepto tan controvertido? Para ello nos basamos en la “Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Organización de Naciones Unidas el 9 de abril de 1948, que define en su artículo 11º: “Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) Matanza de miembros del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo; e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”. (Diana Lenton)

Por supuesto que su “civilizado” negacionismo intentará reducir como lo hizo es esa nota, toda la barbarie perpetrada por el Estado argentino a “remedio cruel”, un interesante y aberrante oxímoron.

El “remedio cruel”, causó buenos efectos económicos puesto que el general Roca escribió: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida”. Y finalmente informará al Congreso: “El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”.

Parece que el propio Roca lo contradice con su fijación patológica de que los mapuche venían de Chile, puesto que él mismo dice “espacio de siglos”; y entonces los despojaron de sus territorios y asesinaron para hacer un insigne negocio de bienes raíces, sobre todo pensando en las inversiones de capital extranjero, igual que ahora, por eso los Benetton y los Lewis actuales además de lo que el “remedio cruel” les dejó: “La ley de remate público del 3 de noviembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1.552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.

La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.

• Sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de 6.062.000 hectáreas.

• Entre ellos se destacaban 24 familias “patricias” que recibieron parcelas que oscilaban entre las 200.000 hectáreas de los Luro a las 2.500.000 obtenidas por los Martínez de Hoz.

• Como señala Jacinto Oddone, la concentración de la propiedad se fue acentuando y “hacia la década del 20 en el presente siglo [el XX], concluido ya el proceso de formación de la propiedad rural, solamente cincuenta familias eran propietarias de más de 4 millones de hectáreas en la provincia de Buenos Aires” (Osvaldo Bayer)

¿De qué industria del malón habla, Hanglin?

Y si ese tema es el que quiere asociar, sin decirlo, porque no lo escribe a los “últimos acontecimientos y los atentados incendiarios en la Patagonia”, le recomiendo leer  Incendios intencionales para tapar fracasos judiciales, un artículo imperdible de Susana Lara, que puede encontrar en este mismo medio y del que le voy a dejar unas líneas:

  • El viernes 15 de octubre en Bariloche cayó una causa federal armada contra María Nahuel de la Lof Lafken Winkul Mapu de Villa Mascardi, que impulsó la fiscal subrogante Sylvia Little;
  • El diario La Nación anunció esta semana que la fiscal Little renunció al cargo de fiscal subrogante, pieza clave de toda la administración de Patricia Bullrich en la criminalización del pueblo mapuche;
  • Betiana Cendón, fiscal general de Bariloche que entiende en las denuncias por Quemquemtrew, esta semana se tomó licencia;
  • Este 19 en una nueva audiencia por la causa federal en Comodoro Rivadavia se vieron las imágenes propias de Gendarmería de la represión en la Lof Resistencia Cushamen y continuó debilitándose la causa contra cinco mapuce y un compañero;
  • La madrugada de este miércoles, un incendio consumió la sede del Club Andino Piltriquitrón de El Bolsón, en cuyas tierras del centro de esquí en el cerro Perito Moreno un grupo privado pretende desarrollar un loteo paralizado por la justicia”.

Parece que, a pesar de todo, las causas armadas, para la continuidad del saqueo del territorio y los negocios de capitales extranjeros o nacionales, se están desarmando, debilitando en el propio seno de uno de los poderes del Estado.

En fin, usted, Hanglin está orgulloso de ser “indiano”, otra nomenclatura puesta por el conquistador, otros, muchos estamos cansados de las colonizaciones y de ser pensados por los que administran “remedios crueles” con los que usted se siente tan identificado.

Darío Balvidares

Imagen destacada Exitoína/Perfil

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter