Mapas para leer un territorio en conflicto

Mapas para leer un territorio en conflicto

27Oct21 0 Por Martín Vallejos

Hay una serie de continuidades, de constantes históricas en el discurso y la acción de los poderes (políticos y económicos) en contra de los pueblos originarios  desde la invasión de sus territorios a la actualidad.

foto: Denali DeGraf

La cartografía en esta zona de la Patagonia está fuertemente asociada a la historia del despojo territorial. Y quizás sea así en todo territorio invadido y colonizado. La historia escrita por vencedores tiene entre sus primeras narraciones sobre el pueblo mapuche a las contadas de los cartógrafos de los grandes lagos. Bajo una lectura crítica de esa historia, nombres como el del perito Moreno o el del cura Mascardi no ennoblecen demasiado el oficio de la cartografía. Aquí, sin embargo, intentaremos trazar otro tipo de mapas, unos que ayuden al extranjero que lee y escribe en una lengua ajena al territorio que pisa, a orientarse en un territorio que grita y resuena dolores añejos.

Sobre esos dolores se han montado en los últimos días una serie de discursos que implican movimientos que vale el esfuerzo comprender, y que suponen continuidades y novedades que se pueden intentar localizar. Para empezar, hay dos movimientos hacia adelante que dan forma al conflicto territorial que ha emergido con fuerza en los portales de noticias y medios masivos de comunicación en los últimos días, a raiz de la denuncia acerca de presuntos atentados terroristas efectuada por la gobernadora de la Provincia de Río Negro, Arabela Carreras (Juntos Somos Río Negro). 

Por un lado, una renovada avanzada de la derecha nacionalista en la construcción del relato del mapuche como enemigo interno, que incluye una capacidad de articulación político-mediática-empresarial no desplegada con anterioridad, y que encuentra en las elecciones legislativas a nivel nacional un contexto de desarrollo soñado. Por otra parte, un nuevo avance del pueblo nación mapuche: el de la Lof Quemquemtrew, una nueva comunidad que se alza para continuar haciendo realidad el lema de que “las tierras robadas serán recuperadas”. Una nueva recuperación territorial, un nuevo territorio recuperado, que aviva la reivindicación ancestral de este pueblo que no retrocede -como les gusta decir- ni tranco de gallo.

Cada proceso de lucha, cada conflicto, crea contextos específicos que implican estrategias, recursos y alianzas particulares, que intentaremos poner en juego en nuestros mapas. En esta apuesta queremos empezar nombrando algunos hitos de esa avanzada de lo que nombramos como “derecha nacionalista”. Uno es el Hotel Inacayal, ese centro de operaciones que vio pasar a Bullrich, Nocetti y las primeras líneas de las fuerzas represivas y la inteligencia nacional durante 2017, y que en los años de la pandemia ha sido el escenario para el lanzamiento de plataformas políticas y “ciudadanas” que impulsan una articulación público-privada para la represión de los conflictos territoriales que sostienen privados y gobiernos con comunidades mapuche en la zona comprendida entre las ciudades de Bariloche, El Bolsón y Esquel. Dos nombres que emergieron en ese escenario en los últimos tiempos: el de Patagonia Propiedad Privada, y el de Consenso Bariloche. De las articulaciones internas de esos espacios hay escritas varias notas interesantes en portales locales y nacionales. Otro hito importante, furiosamente actual: la denuncia radicada por el gobierno de Río Negro y la investigación abierta por la fiscal Sylvia Little en relación con el artículo 213 del Código Penal, que apunta a establecer la existencia de una organización que busca “imponer sus ideas mediante la violencia”, según la fiscal; o, como sintetizan los medios masivos siguiendo las palabras de la gobernadora Carreras, “bandas terroristas”. 

Otra vez, como en aquél no tan lejano año 2017 que terminó con dos muertos en intervenciones de fuerzas federales en conflictos territoriales con comunidades mapuche, los videograph de los grandes canales y los parlantes de las principales radios y las pantallas de las redes sociales se llenan de juicios y pedidos de castigo para el terrorismo separatista que supuestamente opera en el sur del país con financiamiento transnacional para apropiarse del patrimonio de la nación y un sin fin de fantasías animadas que agitan un pensamiento único y homogeneizador: “esto no da para más”, “es necesaria una solución definitiva de este problema”. Y la solución también es una y sólo una: “hay que sacarlos de ahí”, “hay que acabar con el problema de raiz”. En un comentario a un posteo de un medio local, una vecina proponía una alternativa superadora: “hay que sacarlos de ahí y empezar a esterilizarlos”. 

Negación de la identidad, en el día de la identidad

Hay una serie de continuidades, de constantes históricas en el discurso y la acción de los poderes (políticos y económicos) en contra de los pueblos originarios  desde la invasión de sus territorios a la actualidad. Esas constantes son expresiones de  lo que llamamos colonialismo, un proceso de imposición de un poder colonial que implica un sistema político, económico, militar, legal, científico, etcétera. Son también las continuidades que dan forma a la colonialidad, como forma de ver el mundo heredera del colonialismo y que lo perpetúa como sistema de dominación. Si bien el centro de todo proceso de imposición colonialista es la apropiación del territorio, y en este sentido el problema es siempre el territorio, un mapeo de algunas constantes de la colonialidad en territorio mapuche puede ayudar a comprender el conflicto que se desarrolla en estos días.

El discurso de la propiedad privada marca un hilo conductor del proceso colonial en esta parte de la Patagonia. A esta esta altura célebre frase que hace algunos años lanzó Nicolás Van Dittmar, negociador de tierras para capitales extranjeros en la zona, en la que se comprometía “a defender la propiedad privada con el Winchester en la cintura”, es una de las expresiones más elocuentes de esa continuidad. El Winchester, rifle a repetición fabricado en Estados Unidos durante el siglo XIX, fue una de los pilares del éxito de las campañas militares de expansión de las fronteras internas del naciente estado argentino durante la segunda mitad del siglo XIX. Ese símbolo del capitalismo yanqui en ciernes fue la tecnología que garantizó el éxito de la solución final perpetrada por el ejército de Julio Argentino Roca contra el pueblo mapuche y otros pueblos del sur, en un genocidio fundante de este estado. 

En estos días un vocero de la defensa a ultranza de la propiedad privada como derecho superior y primigenio viene siendo el ministro de seguridad de la vecina provincia de Chubut, Federico Massoni, que en su carrera electoral para senador por el oficialismo provincial intenta acumular votos por derecha con un discurso de mano dura y una política de seguridad acorde, con mucho show mediático y poca performance electoral (sacó un 13% en las PASO). Massoni se ha comprometido a honrar los compromisos asumidos con la creación del Comando Unificado para el Sur del país allá por 2017, y ha movilizado fuerzas policiales provinciales al lado chubutense de la Comarca Andina, intensificando los controles sorpresivos en rutas nacionales y provinciales.

Ni con Massoni, ni con Van Ditmar, ni con Pogliano (intendente de El Bolsón), ni con su ex empleador Joe Lewis queda mucho lugar para historizar ese concepto de propiedad privada, o por lo menos tratar de situar los procesos históricos de apropiación y privatización de los territorios comunitarios. La historia de la zona en la que se desarrolla el conflicto territorial con la Lof Quemquemtrew, conocida como paraje Cuesta del Ternero, nos permite sin embargo reconocer algunos procesos que dan forma a esa apropiación. El conflicto de la lof Quemquemtrew ha puesto de relieve dos en particular. Por un lado, la pinificación -el monocultivo forestal de pino- incentivada por el estado nacional y provincial desde finales de los años ’60 y que ha funcionado como una punta de lanza para la entrada de capitales especulativos con orientación inmobiliaria. Los cajones de las oficinas de Bosques y de Tierras de la provincia han tendido a confundirse un poco, y quienes en algún momento fueron concesionarios de permisos (e incentivos) para forestar con pino, en la actualidad han obtenido permisos de ocupación sobre tierras en las que no viven y en rigor tampoco producen. Este, según denuncia la comunidad, es el caso del territorio recuperado el pasado 18 de septiembre. Pero no es el único caso en el paraje: al recorrer la ruta 6, atravesando el paraje, se encuentran pinares recuperados por otras comunidades en años anteriores.

foto: Denali DeGraf

Por otra parte, esta nueva recuperación hizo brotar la memoria sobre la práctica más directa del despojo: el asesinato para quedarse con la tierra. Lucinda Quintupuray fue asesinada en este paraje en el año 1994. La encontraron baleada en su cama. Era una mujer mayor al momento de morir, que supo tener la primer quesería del paraje. Su hijo también fue asesinado, su cuerpo fue encontrado en el río con golpes en el cráneo. Quince años después parte de la familia recuperó el territorio que había sido arrebatado a la anciana con su asesinato. Hoy, tristemente, no quedan descendientes de Lucinda en el paraje.

Esa propiedad privada ahistórica que defienden los ministros de seguridad y los conductores del prime time de radios y televisión nacional y local es la que justifica la suspensión de derechos y garantías vigente en estos días en la Cuesta del Ternero. Entre los “actos terroristas” que enumeró Ernesto Tenembaum en una pregunta al werken de la Confederación Mapuche de Neuquén (CON) encabezaba el listado “las tomas”. Atentar contra la propiedad privada, en el contexto que ha logrado articular el patriotismo extranjerizante del Consenso Bariloche, es terrorismo. Cuestionarla, historiarla, mapearla, ¿lo será también? Por lo pronto, jueces y fiscales se ahorran la investigación y establecen medidas inhumanas para “hacer cesar el delito de usurpación”. No están firmes siquiera los cargos contra las personas detenidas el pasado 24 de septiembre con una orden de identificación de ocupantes, pero el poder judicial resuelve una prohibición de acercar alimentos a la lof y la policía de Río Negro hace valer la prohibición cortando la ruta 6 y requisando los autos de los vecinos de la zona que se detienen a saludar a las personas que participan del acampe humanitario que se ha levantado entre el retén y el destacamento policial. “Ni a los prisioneros de guerra se les niega agua y alimento”, afirman desde el acampe humanitario que en estos días cumplirá un mes exigiendo un corredor humanitario para acercar alimentos al territorio y la desmilitarización del lugar.

En la misma entrevista con Jorge Nawel Purrán de la COM, Tenembaum incursionó en la otra gran constante histórica del colonialismo patagónico: la negación de la identidad mapuche, la negación de la alteridad, la invisibilización del otro en cuanto tal. El dato anecdótico es que la nota salió al aire el viernes, 22 de Octubre, en un nuevo aniversario de la creación de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, fecha que se conmemora como Día de la Identidad. Seguramente sin darse cuenta, probablemente con buenas intenciones, espejando el dolor de su pueblo en el del entrevistado, Tenembaum le contó que es judío, y relató que su pueblo fue muchas veces acusado de querer quedarse con la Patagonia; “me preguntaban entonces si era judío o argentino”, le explicó Tenembaum a Nawel, para introducir una pregunta sobre la bandera argentina. Olvidó, sin embargo, que Nawel es parte de un pueblo que es originario de ese territorio tan codiciado. Simplemente lo olvidó, lo equiparó sin reparar en la especificidad que supone pertenecer a un pueblo originario de un territorio determinado a la hora de reivindicar ese territorio como propio. 

Esta negación de la identidad se comunica con toda la batería mediática de apelativos como “maputruchos”, “pseudo mapuches”, y otros neologismos que apuntan a cuestionar la identidad de quien alza su reclamo desde esa ancestralidad. Los medios de pronto recuerdan la existencia de un andamiaje legal para los pueblos originarios, y rápidamente piden el carnet de pertenencia a alguna comunidad reconocida por los organismos competentes en la materia para poder asociar al individuo que tienen en frente con la identidad asignada por el Instituto. ¿Autopercepción? ¿Autorreconocimiento? ¿Reemergencia de las identidades indígenas? Son procesos que no entran en la narrativa mediática del sentir nacional.

El juego del desgaste y los resortes de la unidad

Cada conflicto, decíamos más arriba, delinea su propio contexto. Quienes compartimos el territorio con las comunidades del pueblo nación mapuche tehuelche no tenemos recuerdo de un contexto similar al que se da con esta prohibición de atravesar el retén policial sobre la ruta 6 a cualquier persona que no sea vecina del paraje, y con los 28 días de acampe humanitario exigiendo la desmilitarización de la zona. Más arriba en nuestro mapa, aparecía la recuperación de Quintupuray, allá por el año 2010. Cuentan que entonces estuvieron meses acampando en la tranquera a la espera de una resolución judicial. Quizás sea algo propio del paraje, esa disposición a los procesos más lentos, pero es un hecho que la militarización actual no tiene precedentes, que no tenemos registro alguno de que una ruta haya permanecido cortada por las fuerzas policiales durante tanto tiempo, ni de algo que escapa de todo entendimiento democrático y que configuró buena parte del panorama de alianzas que se estableció en torno del reclamo territorial de la lof Quemquemtrew. 

Durante la jornada del viernes 24 de septiembre, en la que se llevó a cabo el allanamiento para identificación de ocupantes en el territorio recuperado, y los días posteriores, la Policía de Río Negro ocupó la Escuela Intercultural N° 211 “María Lucinda Quintupuray” como base de operaciones. No existen precedentes, en tiempos democráticos, de que una escuela sea utilizada como base de acantonamiento de fuerzas policiales y menos en contexto de represión. No existen calificativos para describir la aberración que supone el hecho de que se trate de una escuela intercultural, bautizada con en memoria de una mujer mapuche asesinada para quedarse con sus tierras, y la represión desatada desde allí sea contra una comunidad mapuche que disputa por tierras.

Frente a tanto atropello el pueblo organizado, mapuche y no mapuche, reaccionó. La complejidad del entramado que sostiene hoy a la comunidad en el territorio y al acampe humanitario como garantía de su seguridad, involucra alianzas inéditas en los últimos años entre comunidades mapuche tehuelche de expresiones políticas muy diversas, trabajadorxs organizadxs, asambleas, organismos de derechos humanos, colectivos académicos, y una gran variedad de expresiones de la organización popular. De alguna manera eso explica que en el juego del desgaste al que apeló el gobierno de Río Negro durante el último mes la comunidad se haya fortalecido y el gobierno haya tenido que acudir a los tristes mapas de la estigmatización y el militarismo. En la Cuesta del Ternero, ya no se trata de solidaridad, sino de defensa de los derechos ganados. Quienes participaron del Conversatorio Urgente ante la Militarización de la Comarca Andina el pasado viernes en El Bolsón, lo hicieron con la conciencia de que la llegada de tropas de gendarmería al pueblo traía malas nuevas para todxs. La Gendarmería que envió Alberto Fernández a El Bolsón es la del Proyecto X, definido por Nilda Garré (Ministra de Defensa de la Nación de 2005 a 2010 y Ministra de Seguridad de la nación de 2010 a 2013) como “un sistema informático de inteligencia criminal para la investigación de delitos complejos (…) una base de datos con vinculadores que permiten cruzar información y acelerar el análisis en determinadas circunstancias”. 

En la conferencia de prensa que se convocó el sábado al mediodía en la sede del SERPAJ en Buenos Aires, Soraya Maicoño, en calidad de vocera de la Lof Quemquemtrew afirmó: “No hay voluntad política, no hay, siquiera, una apertura para abrir el diálogo. Mientras nadie asuma la responsabilidad que el Estado tiene con respecto a nuestro pueblo y al genocidio contra nuestro pueblo estas cosas van a seguir sucediendo. ¡Basta de entregar nuestros territorios, basta de entregar las nacientes de agua, basta de oprimirnos! Y si asumimos que somos oprimidos, entonces unámonos desde un verdadero compromiso de amor hacia la tierra”

Balas y chocolate

Algunos de los mapas que fuimos elaborando nos permiten ver cómo los grandes formadores de opinión elaboran discursos de fragmentación que conspiran en contra de las pedagogías de la unidad que sostienen y acompañan acciones de resistencia como las de la Lof Quemquemtrew de la Cuesta del Ternero. En la Comarca Andina del Paralelo 42° esos discursos de la fragmentación coparon los espacios públicos después de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado y la ejecución por la espalda de Rafael Nahuel, ambos asesinados por las fuerzas represivas del Gobierno Nacional en los últimos meses de 2017. 

El militarismo al modo de  Berni y Massoni, el disfraz de profesionalismo para fuerzas con el nivel de corrupción y violencia que maneja la policía de Chubut o la de Río Negro, refuerza y complementa los mecanismos legales de negación de la identidad. Cuando el diálogo se plantea en términos de negociación con criminales para que cesen en sus crímenes, la única perspectiva de solución del conflicto es la de “armas para la paz”. 

Entre esos oxímoron estatales y otras metáforas caducas apareció en estos días, en el marco de la exigencia al Gobierno Nacional de movilizar fuerzas federales al territorio, una justificación que se nos escapa de los mapas. “¡La Gendarmería Nacional debe custodiar las rutas nacionales y las fornteras!”, advertía un panelista de TV. Entre El Bolsón y Bariloche, a uno y otro lado de la ruta nacional 40 (en zona de frontera con Chile), están asentados, entre otros, los siguientes capitales extranjeros: Joe Lewis (Gran Bretaña), Roemmers (Argentina), Emiratos Arabes, grupo BURCO (Bélgica). Entre El Bolsón y Esquel, a uno y otro lado de la ruta 40, las enormes extensiones de la Compañía de Tierras del Sud, propiedad del grupo Benetton (Italia). Todos estos capitales extranjeros están asentados sobre las nacientes de aguas. Y sin embargo, entre los pinares y los campos de pastoreo de vacas y ovejas de la Compañía, flamean banderas mapuche y mapuche-tehuelche. 

Tres territorios recuperados a la multinacional Benetton interrumpen la continuidad del principado italiano en la Patagonia: Comunidad Santa Rosa Leleque, Pu lof en Resistencia Cushamen y Lof Kurrache. En una de ellas mataron a Santiago y plantaron su cuerpo el 17 de octubre de 2017. Dos años después, la Compañía de Tierras perdió el juicio por usurpación que había iniciado contra comunerxs del lof. En ese juicio fueron claves unos mapas antiguos que mostraban los límites originales y probaban que las tierras habían sido robadas. 

Cartografiar también puede ser un acto de resistencia.

Martín Vallejos (integrante del colectivo radio Alas, El Bolsón)

Foto Portada: Denali DeGraf

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