Por un Nunca Más anticapitalista

Por un Nunca Más anticapitalista

8Nov21 0 Por Damián Ravenna

Los derechos humanos son un cuerpo de derechos que los Estados capitalistas no pueden cumplir dado la amplitud de derechos que consolidan y la integralidad desde donde se abordan.

 Por ello los Estados capitalistas, sus funcionarios y todo lo que respecta a la gobernanza internacional divide los derechos humanos en derecho exigibles, que serian los derechos civiles y políticos; y derechos no exigibles, que serían los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

Es de esta manera que asistimos a un mecanismo de opresión que opera en el discurso, en la praxis, también en los símbolos, para potenciar los mecanismos en los cuales el capitalismo instaura y genera formas del ser dentro del ser. Este ser humano que propicia el capital es un alienado, funcional al mercado.

La forma mercancía atraviesa los sentidos del ser, generando personalidad y con ello una forma del yo para existir y ser en la sociedad capitalista. Con ello el capitalismo no sólo requiere de acumulación, valoración -plusvalía mediante- . Además necesita asentarse en la mente humana, necesita que la mercancía sea un símbolo de la utilidad de la propiedad.

Es de esta manera que se irriga en el tejido social una comprensión sobre la forma trabajo y los medios en los cuales ésta se desarrolla. Para este gobierno es el capitalista el que genera trabajo, para nosotres es el trabajador el que genera riqueza, antagonismo que constituye una verdadera grieta societal  y que por ello mismo se oculta, para que la lucha de clases que implica no sea comprendida y asimilada por las mayorías populares.

Ahora bien, los mecanismos de control social que usan las clases dominantes se despliegan para reutilizar nuestras armas, nuestras herramientas, dándoles una nueva utilidad para que sean parte de la opresión de clase y del sistema de dominación hegemónico. Esta operatoria cultural se cierne sobre nosotres y tiene en la revisión histórica, en su transformación como un mero adorno para una conciencia popular a favor del sistema, su enlace con la memoria y su banalización.

Banalización que opera desde dos vertientes: por un lado apropiación de la memoria para que la conciencia de clase para sí no encuentre modo de ser; por otro lado la utilización como propiedad privada por parte de los oficialismos de los espacios y sitios de memoria.

Es a través de esta comprensión y análisis que debemos observar el lanzamiento con bombos y platillos de un bar en la ex ESMA. Banalización para que el ex Centro Clandestino de Detención,Tortura y Exterminio sea en potencia mercancía usada como propiedad privada de unos pocos oficialistas y no sea un espacio para el ejercicio de la memoria de todo el pueblo.

Es de este modo que los derechos humanos están apropiados por los gobiernos con el fin de sostener la división en derechos exigibles y derechos que no lo son, usando la progresividad y la exigencia paulatina que conlleva la de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales para el mantenimiento de la gobernabilidad capitalista.

Es de esta manera que las clases dominantes usan a la memoria y a los derechos humanos como parte de sus mecanismos de opresión, en un movimiento de pinzas que no sólo debemos denunciar, sino que además debemos combatir en las calles. Asimismo hay que comprender que la plena vigencia de todos los derechos humanos nos plantea un programa cuya radicalidad se plasma en la integralidad e interconexión de los mismos, de ahí su funcionalidad para la emancipación.

Subsidiariamente hay que resaltar, para disputar la memoria desde una matriz de clase, que cuando nosotres decimos NUNCA MÁS, les decimos  NUNCA MÁS a los capitalistas y sus acompañantes.

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE

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