El estado terrorista mata jóvenes

El estado terrorista mata jóvenes

19Nov21 0 Por Luís Angio

Lucas González fue asesinado por tres policías de la Ciudad. El inspector Gabriel Isassi, el oficial mayor Fabián López y el oficial José Nievas fueron los que participaron en este hecho. Luego se determinará del arma de cual de ellos salieron las balas que dieron en la cabeza de Lucas.

Ahora todas y todos los partidos se rasgan las vestiduras por este crimen y piden la cabeza del Larreta o en el mejor de los casos dicen que esto no tiene que volver a pasar. Pero para que Larreta pague por los crímenes de SU policía, no solo basta con declaraciones, sino que hay que salir a la calle a manifestar y exigir que se vaya.

Mientras se sucedía el crimen de Lucas, Larreta hacía uso de un medio de comunicación público, como la cartelería que se utiliza para indicar problemas en el tránsito de la Ciudad para felicitar a SU policía por los cinco años de su creación. Su inmediata predecesora, la Metropolitana tiene en su haber muertes en el parque Indoamericano y heridos de bala de dos periodistas cuando el desalojo de la Sala Alberdi. Hechos que muchos ya no recordarán pero que dejaron secuelas a varias víctimas.

Pero esto no es de exclusividad de la policía de la ciudad. Tenemos ejemplos con policías de la Provincia de Bs. As.; Gendarmería; Prefectura; o policías de otras provincias. Esto no es un hecho aislado más. No es que están mal formadas. Están bien formadas. Formadas para matar. Formadas en la impunidad que les da el estado, sea este nacional o provincial o de una ciudad autónoma como CABA. Formadas para reprimir cuando se sale a manifestar contra la opresión de un sistema capitalista que no acepta a quienes se oponen a sus planes de explotación. Y para eso también necesitan eliminar a quienes no son como ellos, esa lacra capitalista y burguesa que quiere mantener sus privilegios. Y para eso arma a sus lacayos, las llamadas “fuerzas de seguridad” que solo tienen seguro defender los privilegios de sus patrones. Verdugos desclasados al servicio de esos explotadores.

José Luis Espert, nefasto personaje que ha surgido a la política diciendo que “a los chorros hay que dejarlos como un queso gruyere”. Corregido y aumentado de la siniestra frase que acuñó otro fascista, Carlos Ruckauf quien hace más de veinte años dijo que “hay que meterle balas a los ladrones”. O la Bulrich con la defensa de sus gendarmes cuando asesinaron a Santiago Maldonado o Rafael Nahuel. O de Berni con el asesinato a manos de la bonaerense de Facundo Astudillo Castro. Y siguen los casos de muerte por gatillo fácil.

Correpi tiene   todos los casos y que llevan más de 7.000 hasta noviembre de 2020. En pocas semanas presentarán el anuario 2021. Justamente hoy la periodista Adriana Meyer presentó su libro “Desaparecidos en democracia”, que detalla casos de desapariciones que luego se comprobó en algunos de ellos fueron asesinatos a manos de las fuerzas estatales. Desapariciones en algunos casos donde luego fueron encontrados sus cuerpos no por quienes debían investigar sino por propios pobladores del lugar. Este, entre otros, es el caso de Lautaro Rosé, un chico de 18 años que había desaparecido luego de haberse tirado al río Paraná sin saber nadar, después de haber sido hostigado por la policía de Corrientes. Un caso similar al de Ezequiel Demonti, quien la Policía Federal en el año 2002 lo torturó y obligó a tirarse al Riachuelo sin que supiera nadar y lo dejaron morir.

No es la policía ni un/a policía; no es la institución. Es el Estado terrorista que mata a pobres e indefensos para que sus patrones puedan seguir con sus privilegios, comiendo ellos de las migajas que le dan y un revolver en la mano que se vuelve contra el pueblo. Lacayos desclasados sirvientes de sus propios verdugos.

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