Una de domingo: la laguna, José Hernández y el museo

Una de domingo: la laguna, José Hernández y el museo

21Nov21 0 Por Darío Balvidares

Era media mañana y nos encaminamos a Laguna de los Padres, luego de hacer pie en la Sierra homónima. Un circuito, sin duda, interesante a poco menos de dos kilómetros de Sierra.

Sierra de los Padres pertenece al partido de General Pueyrredón, cuya ciudad cabecera es Mar del Plata de la que dista unos 15 kilómetros y tiene la particularidad de pertenecer al cordón de Tandilia, macizo que se origina en el período precámbrico, unos 3000 millones de años atrás y el más antiguo del mundo.

Aunque lo que nos ocupa es que dentro del circuito Laguna de los Padres, entre gansos, más de cien especies de aves y carpinchos enormes que habitan las márgenes  de la laguna, está la Reducción jesuítica de 1746 y el Museo Municipal José Hernández.

Un museo a orillas de una laguna, puede ser habitual si se tratara de ciencias naturales, pero decididamente, que el autor del Martín Fierro tenga su propio museo en la Laguna de los Padres es todo un hallazgo que invita  conocer.

La cuestión comienza mucho antes de que se escribiera el primer verso de ese poema clandestino, que decía: “Aquí me pongo a cantar…” y nada mejor que encontrar un guía apasionado que se ponga a contar, porque de eso se trata, de contar la historia de porqué existe un museo con el nombre de José Hernández en las orillas lacustres “sureras”, como diría Rafael Hernández, hermano del escritor.

En 1818 (o 1819)  el gobierno comienza a dar tierras en derecho de Merced (donaciones) al sur del río Salado y ese es el origen de la estancia, cuyo primer propietario fue Pedro de Alcántara y Capdevilla, que recibe 32 leguas cuadradas, que más tarde pasan a Ladislao Martínez Castro, éste se alza contra Juan Manuel de Rosas; Martínez Castro es derrotado y Rosas se queda con las tierras y se las vende a Gregorio Lezama, éste le anexa a la estancia Laguna de los Padres, la estancia San Julián de Vivoratá y la estancia La Armonía, lo que más tarde iba a ser el partido de General Pueyrredón, alrededor de 145.000 hectáreas.

Tiempo después Lezama  les vende a unos brasileros, que fundan un saladero, que es el primer asentamiento estable y esos brasileros le venden a Patricio Peralta Ramos que termina fundando Mar del Plata el 10 de febrero de 1874”, refiere Edgardo Santillán, guía del museo, en una muy apretada síntesis que en esta nota, apretamos aún más, pero que es imprescindible para comprender que detrás de la “historia” del “compás de la vihuela”, hay otra historia que no siempre contempla al “hombre que lo desvela”.

El mediodía acariciaba el casco de la estancia devenido en museo, lo que en realidad antes de estancia había sido territorio arrancado a los originarios, la prueba está en la Reducción jesuítica que se encuentra en el mismo circuito, donde 73 años después de la expulsión de los jesuitas, en 1816, se establece el primer poblador, Pedro Trapani, que dos años más tarde sería vecino de Pedro de Alcántara y Capdevilla; “Los hermanos sean unidos”.

Mientras observábamos un carruaje en una de las galerías, en el que un intrusivo chimango recelaba del nido que había construido debajo del bicentenario vehículo y el increíble eucaliptus en el parque con un tronco de casi dos metros de diámetro había sido el indiscutible testigo de la apropiación territorial con fines meramente económicos, los interiores del museo cuentan historias desde los objetos, las fotografías y los textos descriptivos y narrativos que, por suerte, entran en contradicciones de apreciaciones respecto de los pueblos originarios que habitaron la zona desde 12.000 años atrás; lo que hace más entretenido el recorrido por una historia que compite por la “verdad”.

La pregunta que surge en medio de estas apreciaciones “históricas” remite a por qué el museo tiene el nombre de José Hernández: ¿acaso vivió en ese casco de estancia?

Si bien el museo se funda en 1960 por una agrupación tradicionalista que dan a Hernández su aquerencia en ese casco de estancia, la cuestión es de tono mítico, tal vez como su célebre poema; pero lo cierto es que ese casco de estancia, hoy museo, data de 1882, 30 años después de que Hernández había estado por esos lugares y diez años después de la publicación de Martín Fierro.

Y otra vez nos refiere, amablemente, Edgardo Santillán, que la estancia Laguna de los Padres, es todo el territorio que ocupa el partido de General Pueyrredón, “pero no era una estancia como se conoce actualmente, no era una estancia productiva, se entraba básicamente a cazar vacas (cimarronas), se utilizaba el cuero. Es en ese contexto que anduvo Hernández. La única referencia que hay de Hernández en el paso por estas tierras, la hace el hermano en la biografía, donde dice que Hernández se hizo gaucho en la estancia Laguna de los Padres y en la estancia Camarones”.

Esto dice Rafael Hernández en la biografía que escribe de su hermano: “Allá, en «Camarones» y en «Laguna de los Padres» se hizo gaucho, aprendió a jinetear, tomó parte en varios entreveros, rechazando malones de los indios Pampas, asistió a las volteadas y presenció aquellos grandes trabajos que su padre ejecutaba, y de que hoy no se tiene idea. Esta es la base de los profundos conocimientos de la vida gaucha y su amor al paisano que desplegó en todos sus actos. Ved ahí, por ambas líneas, el génesis patriótico y gauchesco fundido en Martín Fierro”.

Pero sucede que nacido en 1834, estuvo por estas regiones entre 1845 y 1852, acompañando a su padre y por razones de salud, pero ya en 1857 se encuentra en Paraná, Entre Ríos donde conoce a Carolina González del Solar con quien se casa en 1863.

Así que por más que forcemos el relato, José Hernández nunca estuvo en la estancia donde está el museo, porque sencillamente no existía, aunque vale el mito y aquello de “Nadie es profeta en su tierra”.

Otra para el final: si la zona está declarada patrimonio cultural, urge que el  gobierno municipal de General Pueyrredón, a cargo del intendente Guillermo Montenegro  (Juntos por el Cambio) y el provincial del  gobernador Axel Kicilliof (Frente de Todos),  inviertan  tanto en infraestructura como en mantenimiento; los espacios culturales son escenarios imprescindibles para el desarrollo intelectual de los pueblos, además de constituir un pilar en el escenario público,  cada vez más restringido y privatizado.

Darío Balvidares

foto de portada: Darío Balvidares

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter