Constituciones, poder constituyente, Chile-Primera parte

Constituciones, poder constituyente, Chile-Primera parte

24Nov21 1 Por Daniel Campione

El país vecino atraviesa un proceso constituyente en medio de crecientes turbulencias. Ya en el siglo XIX hubo quien advirtió sobre las serias limitaciones de un cambio constitucional si no se transforman las relaciones efectivas de poder.

¿Cuáles son los alcances y los límites de un cambio en la Constitución?

Es pertinente traer a colación a un autor alemán, socialista, Ferdinand Lassalle, que vivió y escribió a mediados del siglo XIX. A la pregunta ¿Qué es una Constitución?(título de su obra más difundida) Lassalle respondió que no había que referirse  a una “hoja de papel” sino a la constitución real, encarnada en las fuerzas sociales que estaban detrás de ella.

Tomó en cuenta en su obra la existencia de lo que llamó los factores reales de poder, es decir “aquellos que rigen una sociedad determinada y son fuerza activa y eficaz que informa todas las leyes e instituciones jurídicas de la sociedad en cuestión, haciendo que no puedan ser, en sustancia, más que tal y como son”. El autor enumera diferentes factores, tales como la monarquía, la aristocracia, la gran burguesía, los banqueros, la conciencia colectiva y la cultura general, la pequeña burguesía y la clase obrera.

Los de “arriba” son poderes a los que nadie elige y cuyas gestiones no están sometidas a controles efectivos. Hoy no tenemos monarquía y aristocracia, al menos no en esta parte del mundo. La gran burguesía y los banqueros, en cambio, siguen rampantes y desde su poder económico influyen sobre el sentido común, o en palabras del socialista alemán “la conciencia colectiva”. Cuentan con gran capacidad de imponer sus intereses y de expandir su predominio ideológico a otros sectores sociales, desde fuera de la institucionalidad formal. Los que conforman esa “democracia s.a.”, título de un recordable libro de Sheldon Wolin.

 En cuanto al “abajo” de las relaciones sociales, trabajadorxs y pobres necesitan de la organización y la movilización para poder enfrentarlos con posibilidades de éxito. La constitución real se cambia con fuerza social enfrentada a los que mandan, no sólo con deliberaciones

A la observación del socialista alemán habría hoy que agregarle que la conformación y poder relativo de esos factores es dinámica. Si se aspira a hacer transformaciones en la constitución “real” no hay que postrarse frente a “relaciones de fuerzas” a las que se supone negativas. Se puede y se debe presionar desde abajo, desde las calles, para que la configuración del poder se modifique.

Quizás siempre sea mejor pensar en términos de “lucha de clases” que en “correlación de fuerzas”, a fin de acentuar el carácter de enfrentamiento, de contraposición subjetiva, no sólo objetiva. Eso no implica voluntarismo, asentado en la idea esquemática de que basta ir hacia adelante para que las cosas cambien.

Menos aún hacer “posibilismo”, la posición que siempre destaca limitaciones e insuficiencias de las fuerzas populares y percibe como “invulnerables” a los poderes permanentes, con el resultado de la  parálisis o de un conformismo que a lo sumo aspira a pequeños cambios.

Chile, convención constitucional y elecciones

La línea de reflexión marcada por el escritor alemán nos remite a que un proceso constituyente es muy diferente según refleja sólo un acuerdo entre fuerzas políticas, dentro de los marcos de la representación tradicional. O bien se  asocia con una irrupción popular, de las clases subalternas, que logran contrarrestar al poder político, cultural y económico dominante y consiguen sentar al menos algunas bases para un orden nuevo. 

En el caso actual de Chile el antecedente obvio es la rebelión popular de 2019. Y la aparición de la convención constitucional como un espacio en disputa, para la que se eligió una buena proporción de convencionales situados a la izquierda de las coaliciones que habían venido gobernando Chile desde el final del pinochetismo.

Con las limitaciones que tiene, el órgano constitucional  apunta a lo nuevo. La paridad de mujeres y varones, los diecisiete representantes de pueblos originarios, la pérdida de la centralidad de los partidos que administraron el pos-pinochetismo, el predominio de las candidaturas independientes. La tarea de redactar un texto constitucional a la altura de esos auspicios implica superar artilugios y mayorías agravadas que puedan imponer las fuerzas tradicionales.

Hay que tomar nota de la importante restricción que anida en la continuidad institucional de un gobierno de derecha, que cuenta con el acompañamiento de todas las trincheras del poder económico, político, cultural y comunicacional. Hubo una suerte de “transacción” entre los efectos de la movilización popular y los poderes preexistentes.

Ahora hay que sumarle la paradoja del resultado de las elecciones presidenciales del pasado domingo. La prevalencia de un candidato de extrema derecha que fue primera minoría en la vuelta inicial y tiene muy buenas posibilidades de imponerse en la segunda.

Votaron el 47% de los incluidos en el padrón y el postulante José Antonio Kast obtuvo un 27% de esa proporción, es decir aproximadamente un 13% del padrón total. Esto se potencia conque es en las comunas más ricas donde votaron más ciudadanos habilitados que el promedio nacional. Y en muchas de las que tienen mayoría de trabajadores y pobres, incluso en las de predominio mapuche, hubo votación por debajo del promedio.

El abstencionismo sesga en contra de las clases populares. Una proporción reducida de la ciudadanía, con preeminencia de las clases altas, ha entronizado a un reivindicador del régimen de Augusto Pinochet como el más probable presidente de Chile a partir de 2022. La agenda de Kast es antagónica con la que impulsaron la mayor parte de lxs constituyentes. Pero contará con el respaldo de la mayoría de los “factores reales de poder”.

Cabe el interrogante de qué sucedería si para enfrentarlo, en lugar de  jugar la carta de un “progresismo” o “centroizquierda” se apostara en mayor medida a posiciones de izquierda radical y a la movilización masiva. Máxime cuando las pretensiones de “moderación”  y “racionalidad” igual acarrean la asimilación lisa y llana al “comunismo” que formula el candidato reaccionario.

Así lo sufre el postulante Gabriel Boric, que derrocha declaraciones “sensatas” y gestos hacia el “centro” sin dejar de sufrir ataques que lo tildan de ser un revolucionario feroz.

Frente a esa conformación de las fuerzas en juego una propuesta para enfrentarla podría ser la de “rodear a la convención con la movilización de masas”. Que las deliberaciones no se encierren entre cuatro paredes.  Que la disputa rebase el recinto de las deliberaciones y se derrame sobre el espacio público.

Y que haya una preparación para la muy probable ofensiva anticonstituyente que lancen en su momento las fuerzas de la derecha y el capital, máxime si Kast es finalmente elegido. Si en la convención se apunta a una norma constitucional que afecte en alguna medida el poder del gran capital, los políticos conservadores, los grandes medios de comunicación y el núcleo del gran capital se lanzarán al ataque.

No aceptarán “por las buenas” nada que interfiera en su dominio del sistema de pensiones, la educación y la salud. La respuesta desde los poderes permanentes será impugnar la nueva constitución. E impulsar su rechazo o no aplicación por todos los medios posibles.

No se trata sólo de escribir con habilidad e intención transformadora un articulado con aspiraciones progresivas, sino de saber defenderlo contra los agravios que recibirá.  Las diatribas más tremebundas se lanzarán contra la supuesta instauración del “comunismo” por vía constitucional.

La mirada de Lassalle sigue presente. Se trata de modificar las verdaderas relaciones de poder. Las normas, incluso las constitucionales, son una proyección de las mismas. Nunca al revés.

Foto Télam

Daniel Campione

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