La pedagogía del sheriff y estética de la impunidad policial

La pedagogía del sheriff y estética de la impunidad policial

29Nov21 0 Por Darío Balvidares

Los casos de gatillo-fácil se multiplican, la creciente inseguridad provocada por el accionar de las fuerzas de seguridad, en general sobre el segmento de la población vulnerada social y económicamente son una constante en el “deber ser” policial.

Los recientes casos en la provincia de Corrientes, el crimen de Lucas González en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires son las pruebas más recientes de cientos de asesinatos provocados por la policía, a los que se les suman las detenciones arbitrarias y los “apremios ilegales” dentro de las comisarías, para no entrar en el delito de narcotráfico que terminó con la cúpula policial en la provincia de Santa Fe, pero no con las asociaciones narcos que incluyen a políticos, como lo fue el fallecido ex intendente de Paraná, Sergio Varisco, probado narcotraficante.

Interrogantes: ¿por qué las policías formadas en distintas jurisdicciones actúan con los mismos paradigmas? ¿qué hace a sus actuaciones brutales? ¿dónde aparece el componente de la deshumanización en su formación?

No son preguntas que puedan tener una respuesta, más bien algunas aproximaciones que nos ayuden a construir sentido.

En la pedagogía del sheriff, a la que nos acostumbraron las películas de cowboys, aparece la impronta de la licencia para matar, que vemos en el accionar de la policía neoyorquina y estadounidense fuera de la ficción.

Un patrón estético que se reproduce en la vida real, pero donde la víctima, es víctima del racismo inculcado por la cultura de la blanquitud.

Sin embargo, en estas latitudes ese componente pedagógico  ha sido enunciado como civilización o barbarie, que impuso el  imaginario sarmientino y la cultura de la generación del 80 del siglo XIX, donde la visión colonial del “salvaje”, organizó el segundo genocidio originario.

El último y lamentable ejemplo es el asesinato de Elías Garay de la comunidad mapuche de Quemquemtrew y el intento de homicidio de Gonzalo Cabrera, en Cuesta del Ternero, Río Negro. Quienes perpetraron el hecho se autodenominaron “cazadores”, que no pudieron haber entrado a la comunidad, puesto que estaba sitiada por la policía, lo que deja en evidencia la complicidad de la fuerza con los “sicarios” ahora detenidos.

Pero el caso de Lucas González, tiene el tufo de los procedimientos de la dictadura genocida, tres policías sin uniforme ni identificación, con un auto que tampoco era un patrullero en el sentido literal de la palabra, balearon el auto en el que Lucas viajaba junto a otros amigos.

Los tres policías que iban en el auto de brigada eran el inspector Gabriel Alejandro Isassi (40), el oficial mayor Fabián Andrés López (46) y el oficial Juan José Nieva (36), que permanecen detenidos e imputados a pedido de los fiscales Leonel Gómez Barbella y Andrés Heim por el delito de “homicidio doblemente agravado por haber sido cometido por miembros de las fuerzas policiales abusando de sus funciones y con alevosía; falsedad ideológica y la privación ilegal de la libertad“, según describe la agencia Télam sobre la causa.

Después vendrán los descargos y las coartadas de quienes perpetraron el homicidio y la privación de la libertad de los otros jóvenes que estaban con Lucas.

Pero la pudrición sistémica del accionar sociópata de la fuerza hizo que la justicia ordenara otras seis detenciones de policías acusados de haber plantado un arma de fuego de plástico en el auto de las víctimas y haber colaborado en la elaboración de un sumario inventado para hacer creer que todo había sido consecuencia de una persecución y tiroteo.

La creación de situaciones para ocultar aberraciones es una práctica sistemática de las policías marcadas por el imaginario histórico, aunque más armada y con mayor tecnología se transforman en una versión extraviada en la que se mezclan  La ley del revólver, Duro de matar y una adaptación perversa de Las calles de San Francisco, aunque con la particularidad de que siempre actúan con la impunidad y cobardía que les da el operar en equipo, como los policías corruptos de la célebre e ingenua película Sérpico.

El caso que estableció la doctrina Chocobar, apellido del gatillo-fácil Luis Chocobar, quien había matado por la espalda al asaltante Pablo Kukoc que huía del hecho, implanta de manera manifiesta la pedagogía de sheriff, aun no estando en servicio.  

En el articulado de la ley 5688/16 donde se establecen los requisitos para ser policía de la Ciudad de Buenos Aires: “tener estudios secundarios completos”; “acreditar aptitud psicofísica compatible con la función y la tarea a desarrollar”; “declarar bajo juramento cumplir y hacer cumplir la Constitución Nacional y la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” y “acreditar una conducta pública adecuada al ejercicio de la función pública y a la función específica que reglamenta la presente Ley”; entre otros que fija el artículo 128 de la citada ley, bastaría para ser exonerado/a de la fuerza y enjuiciados/as por violación sistemática de ambas constituciones, pues el accionar policial, descripto simplemente en esta nota, viola sistemáticamente los derechos de la ciudadanía comprendidos en ambas constituciones.

La prueba es Luis Chocobar, a quien la justicia sólo le dio 2 años de prisión en suspenso e inhabilitación por 5 años para ser policía. No solo violó los derechos constitucionales asesinando a Pablo Kukoc por la espalada, sino que la sola inhabilitación por 5 años viola el artículo 130 de la propia ley de la policía de la Ciudad, que dice que no pueden desempeñarse como miembros de la policía de la Ciudad las siguientes personas: “Quienes hayan sido condenados, o se encuentren procesados o con auto de citación a juicio o acto procesal equivalente por delito doloso de cualquier índole”. Con lo cual la inhabilitación para el gatillo – fácil, Luis Chocobar debería se perpetua.

Por otra parte, el curso básico para ser policía es de un año. ¿Acaso es el tiempo suficiente para portar un arma? ¿Cuál es el enfoque que se le da a la currícula de estudios?

Son simples interrogantes sobre la formación de futuros agentes que parecen estar formados en el pensamiento único regido por la crueldad, de la que sobran ejemplos, en la reciente policía de la Ciudad, que tiene los mismos atributos siniestros que cualquiera de las otras fuerzas, llamadas de seguridad.

La reformulación de todo el sistema de (in) seguridad es un tema que debe estar en agenda de un profundo debate para que se puedan terminar con las complicidades criminales dentro de esas instituciones que mantienen la genética que impone la pedagogía de la corrupción.

Darío Balvidares

Imagen: Policía de la Ciudad

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