“Queremos hombres, mujeres y diversidades nuevas, y eso tiene mucho que ver con la Agroecología”(parte 1)

“Queremos hombres, mujeres y diversidades nuevas, y eso tiene mucho que ver con la Agroecología”(parte 1)

8Dic21 0 Por Acción por la Biodiversidad y Huerquen comunicación

Reproducimos entrevista realizada por Acción por la Biodiversidad y Huerquen Comunicación

En esta cuarta entrevista de la serie, conversamos con Carolina Rodríguez y Rosalía Pellegrini de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT).

Así como la violencia extractiva y cosificante del modelo agroindustrial dominante está emparentada con la lógica patriarcal que impregna nuestras sociedades, la Agroecología y la Soberanía Alimentaria (paradigmas transformadores en sí que se retroalimentan) se van nutriendo de la potencia de la lucha feminista.

Decir que “ni la tierra ni los cuerpos son territorio de conquista” sintetiza la impugnación de un orden de cosas, de una matriz que hunde sus raíces de modo particular en la historia de los territorios nuestroamericanos, y que va más allá de la lucha antipatriarcal, anticolonial y anticapitalista en formas separadas. Como parte de un crisol emancipatorio, los feminismos campesinos quizá condensen de modo especial la complejidad de esta perspectiva. De entre un abanico de construcciones que asume múltiples formas al calor de su recorrido particular, se destaca el camino que vienen haciendo las trabajadoras de la tierra, organizadas en la Unión de Trabajadorxs de la Tierra (UTT). Sobre este tiempo atravesado por múltiples crisis, entre las urgencias del presente y las disputas de fondo; y sobre el conjunto de sus apuestas y la construcción específica de su Secretaría de Género, conversamos con Carolina Rodríguez y Rosalía Pellegrini.

Compañeras, vamos a conversar un poco sobre agroecología y lo que están construyendo desde la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra (UTT). ¿Cómo les gustaría presentarse?

R: Yo soy Rosalía Pellegrini, formo parte de un colectivo de mujeres rurales pequeño-productoras que conducimos la Secretaría de Género de la UTT. Una Secretaría que es nacional y está compuesta por miles de mujeres trabajadoras de la tierra, productoras de alimentos, que damos los debates en la teoría y en la práctica sobre cómo queremos comer y qué modelo queremos para producir esos alimentos.

C: Mi nombre es María Carolina Rodríguez, soy referente de nuestra organi- zación, mamá de 6 hijos, productora. Desde la UTT estamos recuperando todo lo que se perdió en el sector, recuperando la autonomía económica también, los saberes ancestrales, tratando de volver a tiempos anteriores porque vemos cómo las multinacionales se metieron en los espacios y antes eso no sucedía. Antes era todo sin químicos. Si plantabas una semilla en una tierra nacía todo, hoy en día plantás una semilla y vamos a ver si sale, porque la tierra está muerta.

¿Cómo están viendo la situación del sector de la agricultura familiar, campe­ sina e indígena? Que es muy diverso, muy amplio, pero ustedes como organi­ zación nacional capaz tienen un termómetro, por lo menos a grandes rasgos, de la situación más general.

R: En el sector de la agricultura familiar no es todo felicidad, a veces se romantiza al campo, y en realidad el modelo productivo extractivista del agronegocio que mercantiliza la tierra y los cuerpos de las mujeres se lleva puesto todo.
El sector donde nosotras trabajamos se transformó en una fábrica de verduras donde se trabaja un montón, y las mujeres somos como una herramienta más: el zapín, la pala, el tractor y la mujer ahí, garantizando las cosas en la casa y en la quinta. En la vida campesina se perdió esa valorización del rol de las mujeres en los ciclos de los cultivos en agricultura, en la recuperación de la semilla, todo eso se perdió. Lo que nosotras proponemos al interior de la organización, y al exterior también, es una agroecología que tenga como centro la recuperación del rol de las mujeres como cuidadoras; como cuidadoras de la familia, como preservadoras de lo que producimos, que es alimento, pero
también de la salud de la tierra.

Si bien hay diferencias en cada provincia, la mayoría venimos del sector hortíco- la y frutícola que produce alimentos, pero para “el mercado”. Cuando hablo del mercado hablo del libre mercado y ahí no hay regulación, no hay protección del pequeño productor y productora. Sin acceso a la tierra, ¿no? Es grave la situación que vivimos. Sin acceso a la tierra no podés decidir, no podés autonomizarte. Ni hablar para las mujeres que ni siquiera somos titulares de los contratos de arrendamiento. Además dependemos de todo este paquete tecnológico que hace que la semilla sea a precio dólar, que el agroquímico sea a precio dólar. Entonces, la agroecología comienza a transformarse no solo en algo a lo cual queremos llegar por convicciones, por el cuidado de la tierra, sino también como una posibilidad económica. Como dice Caro, la tierra está totalmente gastada de tanta mala utilización y entonces aparecen los abonos naturales, los purines, la fertilización natural. Entonces la agroecología comienza a ser también una salida económica. Pero es duro hacer esa transición para una familia que produce bajo el paquete convencional durante años.

C: Yo soy productora de hoja y la tierra en que yo producía era una tierra muerta, fueron cinco años de luchar trabajando en la tierra. Lo primero que poníamos era choclo y los choclos te salían chiquititos. Entonces cuando vos ibas a cosechar, te ponías a pensar: ¿convencional o agroecológico? Porque te lleva mucho tiempo convencerte de que lo agroecológico es un buen camino. Después de 5 años de trabajar la tierra muerta empezamos a plantar todo lo que es hoja y la tierra volvió a tener vida.

Yo soy una mamá con muchos chicos, no tenía mucha posibilidad de armar invernaderos, poner tomate, “verduras caras” como dicen, pero me convencieron acá los compañeros de que iba por un buen camino. A veces a los compañeros como que les cuesta bastante ver que esa es nuestra salida. Lo convencional es muy costoso porque
pagas todo en dólares, invertís mucha plata, además del alquiler porque no es tu tierra. Y uno tiene la mentalidad
de que una lechuga tiene que salir en un mes y medio, entonces uno le mete químico para que salga rápido. En
cambio, lo agroecológico tarda un poquito más pero es sano y eso a algunos les cuesta ver que es la salida.

R: Por eso siempre insistimos en políticas públicas que se traduzcan en recursos económicos. Cualquier política
pública no puede ser de la boca para afuera, que es lo que vemos que está pasando mucho en este gobierno. Nosotros saludamos que se incorpore la Soberanía Alimentaria, la agroecología, el compre cooperativo, al discurso de los distintos funcionarios del gobierno, pero el tema es que eso se tiene que traducir en políticas públicas concretas con recursos económicos. Por ejemplo, lo que contaba Carolina, que les pasa a muchas familias del sector: la transición a la agroecología tiene un primer momento de bancarla, un primer momento de una tierra agotada. Nosotros, una de las propuestas que hacíamos, era que tiene que haber un fomento hacia la agroecología que implique un seguro,
porque vos vas a hacer una experiencia de un cambio de modelo productivo del que tiene que hacerse cargo el Estado.

Por este cambio de modelo de producción, la UTT está haciendo un esfuerzo enorme. En todas las provincias hemos transformado. Por ejemplo, la banana de Orán (Salta), que es muy interesante porque esa banana se pagaba nada, un 3% de lo que se puede pagar una banana de Ecuador, y la mayoría se tiraba desvalorizada.
No solamente pudimos hacer la transición hacia la agroecología de esa producción, de esas familias productoras, sino también comenzar a inculcar la cultura de consumir otro tipo de alimentos que no sean los que el sistema te impone. Esa banana amarilla, sin una sola mancha, grande, que no tiene sabor, y esta banana que es dulce, que es nativa. Todo eso lo hicimos sosteniéndolo desde la organización. Entonces, de ese cambio de modelo de producción en los distintos cordones periurbanos de la Argentina se tiene que hacer cargo el Estado.

Caro, ¿cómo fue el proceso en esa tierrita que tenías hace 5 años? ¿Dijiste “qué hago, por dónde empiezo”? ¿Qué hiciste?

C: Sí. Nosotros alquilamos la tierra. Tengo mi hijo más grande que iba a una es- cuela agropecuaria y nosotros estábamos por salir de esa tierra y me dice: “No mami, esta tierra muerta se puede revivir, le podemos dar vida, porque en mi escuela me enseñaron a hacer esto, esto y esto”, y yo: “vos estás loco”; “no mami, podemos hacer esto para recuperar la tierra, podemos plantar choclo”. Entonces así empezamos, todos los años plantamos choclo y lo que se podía vender, lo vendíamos en la ruta y después los que quedaban más chicos los triturábamos y le dábamos alimento a la tierra. Fueron unos largos cinco años, porque en la temporada del choclo vos veías platita, pero después teníamos que alimentar a la tierra y quedaba bastante alimento para la tierra. La verdad que fue un proceso muy grande y nosotros no creíamos que podíamos hacerlo. Después de cinco años se empezó a plantar en esa tierra verdura de hoja: lechuga, acelga, remolacha y salían lindas verduras, y nosotros para contar eso siempre decíamos, ¿quién nos
va a creer que podíamos recuperar la tierra? Dejamos un pedazo para ver cómo estaba la tierra antes y cómo está ahora. Se puede recuperar con basura, después esa basura se hace microorganismos, como decía mi hijo. Yo al no tener mucha capacidad de estudio decía, ¿qué serán los microorganismos? Y él me decía que los desechos que quedaban de los choclos, ahí se transforman en microorganismos para la tierra. Y esa tierra tiene todo, es bien negrita, suavecita, y la otra parte es toda greda, dura.

¿En ese momento trabajaban con el Consultorio Técnico Popular (CoTePo) de la UTT?

C: En ese tiempo no era de la organización todavía. Después de dos años yo ingresé a la organización y fue muy lindo porque el CoTePo empezó también a trabajar lo que es la agroecología. “Es verdad que se puede”, decíamos. La UTT tiene 50 bases acá en La Plata y los compañeros de CoTePo son también de la base donde yo estoy. Como que todo era un círculo, ellos hablando de agroecología en mi casa y después voy a un espacio donde también se hablaba de agroecología y era muy bueno para nosotros.

¿Te acordás cuando fue la primera vez que escuchaste esa palabrita?

C: Me acuerdo, en un taller con Maritsa Puma.

El aporte de las organizaciones campesinas para que se pueda sacar al macrismo fue muy importante. De hecho han sido reprimidos, hicieron los verdurazos… Y gana el actual gobierno. Y pienso en el 19 de diciembre de 2019, que se hizo ese acto en la Facultad de Medicina y se entregaron los 21 puntos del Foro Agrario a los nuevos funcionarios; después vino lo de Vicentín y, ahora, lo de la ley del Consejo Agroindustrial. Como que aparecen las reivindicaciones, las banderas, la palabra “Soberanía Alimentaria” en los discursos pero… ¿Cómo vivieron como organización estos dos años?

R: En un principio quiero retomar eso. Nosotros activamente estuvimos combatiendo la llegada del neoliberalismo al gobierno de nuestro país. Nos reprimieron, hicimos una gran marcha con la consigna “palos o lechuga” que fue un emblema, los verdurazos de apoyo a los jubilados, un montón de cuestiones. Nos acordamos de esa etapa. Entonces, para nosotras fue muy importante como sociedad que pudiésemos decir “nosotros no queremos esto”, la mayoría quiere un gobierno en el cual se entienda que el Estado tiene que estar presente protegiendo a los sectores populares, a los más vulnerables.

Al principio, claramente nosotros vimos que había una responsabilidad de todos en ponernos a laburar, a apoyar y a poner el cuerpo. Con la situación de pandemia que no sabíamos lo que iba a pasar, una situación de incertidumbre muy grande, en la cual dijimos “nos tenemos que unir” para resistir a esto, en clave de un compromiso con el abastecimiento de alimentos. Asumimos la presidencia del Mercado Central de Buenos Aires, imagínense en ese momento: marzo, pandemia. Y con el correr del tiempo sí nos fuimos desilusionando.

Creo que queda más en evidencia que hoy el sistema político, así como está, con gobiernos claramente muy diferentes, mantiene una continuidad con respecto al compromiso con el poder económico de la agroindustria. En nuestro país, en nuestra región, e incluso en el mundo. El poder de las corporaciones multinacionales, su capacidad de lobby, su vinculación con los actores nacionales como bloque de poder económico; queda claro que son realmente los dueños del país y del mundo. Siguen siendo los que nos venden la semilla, los que nos venden el paquete. Incluso producen venenos que están prohibidos en sus propios países y nos los venden a nosotros. Y ahí el gobierno ha tenido poca muñeca para poder encuadrar eso. No te digo volarlo pero sí poder encuadrarlo. Y lo ves en los precios de los alimentos, que se termina negociando con el lobo para cuidar a las ovejas. Es una cosa que no tiene sentido. Sentarte
a negociar con Mastellone, con las empresas que acabaron con el sector de los pequeños y medianos tamberos… y así en un montón de ramas de la producción. Implica una derrota en términos de la discusión sobre el modelo agroalimentario: Soberanía Alimentaria o dependencia. No sé si derrota, pero por lo menos retroceso. Lo vimos con Vicentín también. Hay una política muy discursiva e incluso hasta tribunera en algunos casos, pero después en los hechos se termina acordando y es mucho peor que si decís “bueno, necesitamos al sector agroindustrial, vamos a negociar esto”. En esta coyuntura vamos a seguir dependiendo de las divisas del modelo exportador en base a la soja; pero, ¿cómo hacemos para darle fuerza a otros actores agrarios que están planteando cosas muy importantes que son derechos de pequeños y medianos productores? Como la distribución y democratización en el acceso a la tierra, una agricultura sustentable basada en la agroecología, que cuide el medio ambiente y la naturaleza, la provisión de alimentos a precios accesibles para el pueblo. Todo como un paquete de cuestiones que estamos construyendo desde este otro campo, el campo que alimenta.

En este aparente “estar contra la pared” frente al sector agroindustrial respecto al precio de los alimentos, los gobiernos tienen la posibilidad de levantar a otro sector, que no te digo que dé la pelea de igual a igual, pero un nuevo sujeto agrario en la Argentina que represente algo distinto al mero “yo quiero ganancias ilimi- tadas”, “a mí no me van a poner un 3% de aumento de retenciones”, “no me van a poner una cuota para mantener el mercado interno”. Algo distinto a esa actitud de “no me importa nada, esto son negocios”. Porque atrás está nuestro suelo, el ecosistema y el acceso a los alimentos; atrás se juegan cosas claves para nosotros y las generaciones que vienen.

Nosotros lo que decimos es que es necesario levantar a ese otro sector agrario en Argentina; que vive acá, que vive en los mismos territorios, que va a comprar al almacén y se junta con una vecina que el avión le fumigó por arriba la escuela dónde van los pibes, que formamos parte de las mismas comunidades donde producimos alimentos.

Nosotros, como sector, nos sentimos orgullosos de producir agroecología, de decir “lo que yo produzco es sano, yo no estoy envenenando a la gente”, el orgullo que tenemos de decir “somos los que alimentamos al pueblo”. Es algo que fuimos logrando en estos años y tiene que ver, porque nosotros somos también sectores populares, trabajadores, vivimos acá, comemos lo que se produce acá, comemos nuestros propios alimentos. Y no tenemos nada que ver con un sector que está totalmente vinculado a las corporaciones multinacionales que andá a saber dónde viven. Tienen paraísos fiscales y sólo les importa el precio de la soja en Chicago. Con ese sector no te podés poner a negociar qué va a comer el pueblo argentino.

¿Vos cómo la ves Caro?

C: Con el otro gobierno fue como muy peleado. Estábamos contra la pared, en la lucha también por el acceso a la tierra. Ese gobierno nos fue trabando el acceso a la tierra, la posibilidad de que nosotros, como sector, podamos tener una tierra para poder producir alimento sano y tener esas políticas públicas que necesitamos. Las compañeras mujeres no tienen acceso a la tierra, no tienen acceso a tener sus propias cosas, a poder decidir. Porque hay compañeras que más allá de recuperarse de la violencia también quieren decidir qué pueden producir y, ¿cómo laborar esa tierra que no es propia? Es muy difícil.

R: Hay un descreimiento con el sistema político porque parece que la política está en otro lado. Para nosotros la política está en lo que hacemos todos los días las trabajadoras y trabajadores de la tierra, nuestro sector. Y ellos están en otra, en una agenda más cortoplacista de ganar las elecciones… y bueno, entendemos el descreimiento del pueblo en su conjunto cuando no se atienden los problemas reales de la gente, que tienen que ver con el bolsillo, que tienen que ver con políticas concretas. Lo podemos ver también en las trabajadoras de la tierra: no se hizo una sola encuesta de relevamiento sobre la situación de las mujeres rurales en la Argentina, que es algo que lo pedimos desde el inicio del gobierno, cuando se creó el Ministerio de las Mujeres. No se hizo y lo estamos haciendo nosotras al relevamiento sobre la situación económica de las mujeres trabajadoras de la tierra. Vamos a hacerlo en conjunto con la plataforma de género del INTA pero totalmente a pedido nuestro. Las políticas del Ministerio de Agricultura pedimos que tuvieran una total orientación a una perspectiva de género, porque cuando se habla de la agricultura familiar pareciera que al interior del núcleo familiar fuera todo lo mismo, fuera todo igual, hubiera igualdad en las decisiones y en la distribución de recursos y eso no es así. Al interior del núcleo de la agricultura familiar hay un montón de diferencias, hay relaciones de opresión, hay violencias. Entonces, nosotras siempre planteamos que tiene que haber líneas de financiamiento específicamente para las mujeres rurales, y no hubo. Hubo algunos programas pero que se establecieron desde un lugar más desde la mención de las mujeres pero que no se tradujeron en cuestiones concretas, prioritarias para las mujeres: líneas que tengan que ver con el acceso a tractores, herramientas, recursos económicos.

Nosotras empujamos ese cupo de género al interior de un sector que es machista de por sí, y donde además ese machismo está totalmente vinculado al modelo productivo. La otra vez que compartíamos en el taller de economía feminista en nuestro encuentro, las mujeres decían incluso que cuando ellas van a las agroquímicas a comprar insumos son mal vistas, son ninguneadas. Hay una perspectiva muy de varones, que incluso fortalece el modelo de producción
con agrotóxicos. Muchas veces las mujeres queremos hacer agroecología pero al interior de las familias no somos escuchadas. Entonces decimos que empoderar a la mujer rural al interior de estos núcleos productivos nos trae la posibilidad también de hacer transformaciones en términos de un modelo más sustentable, que cuide, que proteja; no que desgaste todo y gaste miles de pesos en la semillería para que después quedemos las mujeres con cien pesos para cocinar, como siempre decimos.

C: Después está el tema del endeudamiento. Hay diferentes problemáticas. Las personas que sacan préstamos en financieras, que te prestan plata y después terminás pagando el triple, o a veces ha pasado también que si uno no llega a pagar esas financieras se quieren llevar herramientas, te buscan las cosas o te amenazan.

Y las que sacan los préstamos solemos ser las mujeres, porque el varón está en la quinta y los trámites, las cosas
de papeles, las hacemos las mujeres. Esos préstamos los terminamos sacando a nuestro nombre y son para comprar agrotóxicos, para comprar semillas híbridas de las multinacionales. Agroquímicos, plaguicidas, fertilizantes, todo eso… y la deuda nos queda a nosotras. Nos ha pasado en el acompañamiento con parejas que se separan y la deuda le queda a ella; y las financieras estas que te persiguen, te asustan, te dicen que te van a sacar la asignación…

R: Hay un empobrecimiento muy grande en el sector. Pasamos el macrismo, la pandemia, la crisis económica, la inflación impresionante que seguimos viviendo. Y ese grado de empobrecimiento, a las mujeres les pega el triple. Por eso somos tan insistentes en que necesitamos políticas públicas para el sector que prioricen a las mujeres, porque en el sector las mujeres somos las más vulnerables.

Continúa mañana con la segunda y última parte de la entrevista

El material que compone el proyecto “Agroecología: desafíos y tensiones frente a un paradigma en crecimiento” es realización de Huerquen, comunicación y colectivo, y Acción por la Biodiversidad, con el apoyo de la Oficina Cono Sur de la Fundación Heinrich Böll.

CRÉDITOS:
Entrevista:
Facundo Cuesta, de Huerquen comunicación en colectivo
Fotografía:
Rodrigo Lendoiro, de Huerquen comunicación en colectivo
Diseño gráfico:
Sebastián D´Amen
Coordinación y revisión:
Acción por la Biodiversidad

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter