Arde Chubut: otra vez la Patagonia Rebelde

Arde Chubut: otra vez la Patagonia Rebelde

18Dic21 0 Por Eugenia Segura

Entre gallos y medianoche, promulgaron la ley que zonifica y abre paso a la megamineria en Chubut. Violentas represiones, 16 edificios en llamas, heridos y detenidos, y un final abierto para la paz social de un pueblo que sabe que con el agua no se transa.

Ante las imágenes de la represión en Chubut, la policía saliendo por los techos de la casa de gobierno en llamas, las nubes de gases lacrimógenos, me arden los ojos a mí. trato de desatar el nudo en la garganta para decir lo primero que se me ocurre: teletransportame, Scottie. No funciona, Algo no anda bien. Gallos y medianoche, treinta heridos y siete detenidos. Arde la pregunta por el quiénes, pasan caras de gente y fotos mentales, en movimiento o detenidas. Por dónde empezar?
Anduve mucho por la Patagonia. Sin ir más lejos, se puede ver también el hueso de esta historia en los documentales del Ciclo Bayer vive: Cine y Resistencia, que justo están dando en el Canal Encuentro. Se trata de la Patagonia Rebelde. Otra vez. Viene de antes, desde los que los sedientos del oro penetraron en ese paisaje del señor de los anillos, esos bosques con árboles de tres mil años, esos lagos y montañas donde habitan los peques. Había una vez una región encantada, donde cada lugar tenía su newen, el espíritu particular de ese sitio, formado a su vez por la unión de los newenes de cada elemento del paisaje, en preciosa sincronía. La gente de la tierra (tal el significado de la palabra mapuche), vio venir una horda de extranjeros ávidos, que venían con una regla y un ábaco, una calculadora o una notebook, según el caso. A ver cómo dividían el mapa (puel mapu, le dicen allá) en grandes cuadrados. Y luego en cuadraditos más pequeños, para eso usan la regla. Lo otro es para contar qué ganancia, qué jugo le pueden sacar hasta a las piedras. Un delirio. Le ponen precio a todo, los ríos, los glaciares. Un bosque puede tener un dueño del suelo del bosque, otro dueño distinto del subsuelo del bosque, y otro más aún de lo que le llaman “el vuelo del bosque “, por ley. Por ley, si alguien compra el combo completo, que incluye glaciar + el río + la montaña y todos los terrenos que lo circundan hasta el lago y/o mar donde desemboca, es dueño también de la energía hidroeléctrica y de la reserva de agua pura, para que haga con ellas lo que le plazca. El Estado, o sea usted, es el dueño del “vuelo del bosque”. A menos que el bosque se incendie, las ramas se hagan ceniza, desaparezca un dueño. Y alguien, que puede ser una corporación belga, un famoso de la televisión, un diseñador de ropa, un magnate inglés o malayo o lo que fuera, puede ser dueño de todo lo otro. Sí, en la cruda realidad esa Patagonia que nos hacían pintar de celeste y blanco en la escuela, de hecho está vendida, en horizontal y en vertical, desde 15 kilómetros bajo tierra hasta ¿dónde, la biósfera, la atmósfera? sin hablar de la plataforma submarina. No sé si a las nubes también las compran, sí me consta que por ley el sur está vendido y recontra vendido, alambrado y custodiado por monos con escopeta.
Y en el medio los pueblos originarios, y la gente que llega buscando su lugar en el mundo. Tienen en común que están enamorados del territorio en el que viven. Mucho. Que no creen en espejitos de colores, ni en los espejismos de un progreso infinito en un medioambiente finito. Que tienen un sólo río para todo lo que es vivir.”No somos grinpiss, somos la ballena “

La zona zonificada como zona de sacrificio, la meseta. Hagamos zoom en un pueblo de esos del ferrocarril, que quedaron aislados cuando el sueño de progreso de los abuelos y tatarabuelos ferroviarios _todo ese esfuerzo – se desvaneció en la nada. Ese pueblo llamado Gastre, en los años 80 estuvo condenado a ser un basurero nuclear del primer mundo. Imagínense ese tiempo sin Internet, donde la información iba y venía por correo, y los reclamos se hacían con máquinas de escribir y papel carbónico, los panfletos y flyers con mimeografos. Un héroe de nuestros tiempos, Javier Rodriguez Pardo, periodista de profesión, con una testarudez sólo equiparable a la bondad y a la entrega con la que recorrió todo el país, sembrando asambleas socioambientales en cada lugar que pisaba, me contó esta historia, con su acento marcadamente gallego. Me contó cómo agitaron con un grupo de vecinos tanto, que no sólo lograron salvar a Gastre de convertirse en un basurero nuclear, sino que, después de años de lucha, lograron inscribir en la constitución menemista ese artículo que es el primer canto ecologista hecho ley. El derecho constitucional a un ambiente sano, que culmina en la prohibición de recibir residuos peligrosos de otros países, e incluso de transportarlos por las rutas Argentinas. El Gallego también estuvo en la fundación de la Asamblea de Esquel, y fue uno de los y las protagonistas de los hechos que culminaron en el histórico plebiscito del 23 de marzo de 2003, donde el 81 por ciento dijo que no es no, y le propinó la primer derrota histórica a la megamineria en suelo argentino. En su libro “Vienen por el oro, vienen por todo. Las invasiones mineras 500 años después “, cuenta el proceso largo de esa batalla ganada que inspiró y fortaleció a todas las asambleas por el agua: cuando nos unimos, se puede torcer el brazo a las trasnacionales y al poder.
Esperanza, nos dejó. Esa que los grandes medios masivos de comunicación no tienen drones para querer ver: columnas de gente marchando en Rawson, el fuego sagrado del divino descontento en los grafitis. “Traidores”.
La palabra traidor tiene un peso específico en Chubut. Una quijotada que hicieron allá: juntaron 30.916 firmas certificadas una por una por escribanos, para poder presentar un proyecto de ley, la Iniciativa Popular que le llaman. Cuando pienso lo que fue esa proeza de logística hecha por la gente a pulmón _hay que juntar todas esas firmas certificadas, considerando las distancias y lo dispersa que está la población en la Patagonia. Tremendo esfuerzo, y lo lograron. Mejor dicho, casi lo logran, cuando justo desde el balcón de la legislatura de Rawson (uno de los 16 edificios públicos prendidos fuego), el ojo de una fotógrafa profesional, con un lente muy preciso, capturó el momento en el que un diputado chateaba con su celular. Ampliando la imagen, se podía leer bien claro en la pantalla, el chat que el representante del pueblo sostenía con el gerente de la megaminera, donde éste le sugería, artículo por artículo, las modificaciones que terminaron votando, y que por supuesto traicionaban absolutamente el espíritu del proyecto de ley original. Han hecho incluso una escultura que inmortaliza al honorable con el telefonito. La noticia fue un escándalo que cruzó el cerco mediático, y circuló por medios de todo el mundo. Ahora, esa bronca se reaviva.
Esa bronca se parece también a la de cuando, en 2013, firmaron el pacto con Chevron y sus cláusulas secretas, en ese mismo edificio en llamas. Con otra represión violenta, en la que usaron balas de plomo, y en la que resultó herido, entre otros 25, el hijo del rector de la Universidad del Comahue. Esa bronca también está hecha de la mirada de Santiago Maldonado, la de Rafael Nahuel. La de Fuentealba, y las maestras que murieron en el accidente, y los docentes que no cobran sus sueldos hace añares. Bronca por los bosques nativos ardiendo entre la connivencia y la desidia de los funcionarios. Y por las redes de trata, los casinos, y demás dispositivos para satisfacer los deseos de la mano de obra del extractivismo.
Bello y convulsionado sur, donde el enano fascista made in Argentina se cruza y se espeja en los descendientes de los nazis, para alambrar y echar a los tiros a quien se acerque a las costas de ríos y lagos que consideran suyos, como fue el caso de Cristian Gonzalez, asesinado por ir a pescar con unos amigos adonde iban de niños. Lectores de otros puertos sabrán comprender, ahora que les están quitando el acceso al río por Costa Salguero, esta clase de extractivismo.
¿Y qué es el extractivismo? Extractivismo es cosificar a la naturaleza, arrogarse el derecho de comprar y vender aquello que no sólo está ahí para los humanos, sino para todas las especies vivientes con las que compartimos el ecosistema, como allá con los carpinchos.
Extractivismo es sacar hasta agotar algo que es de todos y no es de nadie, y luego ir al lugar siguiente hasta agotarlo también: es la mentalidad de langosta del capitalismo. Y por último, es la revictimización de las víctimas, que quedan con la contaminación y el cráter, las enfermedades, la criminalizacion de la protesta, la censura, el ninguneo. Es la hiperconcentracion de la riqueza y el lujo, a costa de miserias, corrupción, malformaciones y crímenes de lesa naturaleza y humanidad como no se habían visto antes sobre la faz de la tierra. Extractivismo es lo que nos ha puesto a bordo de este Titanic que va a estrellarse, a todo lujo y a todo vapor, precisamente contra un glaciar flotante.
Sin embargo, hay una esperanza: las nuevas generaciones lo han entendido ya. No hay planeta b, no hay minería sustentable ni desarrollo sostenible ni capitalismo verde ni responsabilidadsocialempresaria ni más chamuyo: es rebelión o extinción. Ese cartel que recorrió las calles de Esquel y los canales del mundo hasta lograr el plebiscito, lo explica todo. “No somos grinpiss, somos la ballena “. Lo que está en juego es nada menos que nuestro lugar en el mundo.

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