Nosotros hicimos nuestro “Cordobazo”

Nosotros hicimos nuestro “Cordobazo”

20Dic21 0 Por Luís Angio

Luis Klejzer, ex motoquero, recuerda las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, de quienes fueron uno de los sectores que tuvieron una importante participación en esas jornadas.

P.: ¿Cómo fueron esas dos jornadas donde Uds. tuvieron una participación importante y cómo se organizaron para estar allí junto a quienes se manifestaban en la Plaza de Mayo?

L.K.: Nosotros trabajábamos todos los días en la zona de microcentro, y si tuviese que decir cómo llegamos el 19 y 20 de diciembre a la Plaza de Mayo o a los alrededores era nuestro lugar de trabajo es decir que nadie nos convocó, nosotros estábamos ahí.

P.: ¿Cuál era la situación laboral de Uds. en esos días?

 L.K. Fuimos de alguna manera hijos de una década de desocupación y de precarización, de reformas laborales. Entonces nosotros nos encontrábamos ahí antes del 2001 acompañando todo un proceso de lucha, que ya había empezado antes. Uno podría decir se conforma primero el grupo de los motoqueros y después salimos a luchar o nos fuimos constituyendo al calor de la lucha.

Nos fuimos constituyendo al calor de las luchas que había y de las que fuimos parte en la década del 90. Si tuviésemos que hacernos una imagen del motoquero y la motoquera de los años 90. piensen en una moto, un casco y un morral cruzado. Ese era nuestro uniforme. El 19 y el 20 de diciembre nos encontró haciendo nuestro trabajo, yendo de un lado para el otro y también acompañando una situación de precariedad laboral que todavía ahora tienen quienes siguen trabajando. Era y es una lucha muy concreta.

P.: ¿Cuáles eran los reclamos que hacían ustedes?

Cuando empezamos a trabajar en eso de las mensajerías o el fleteo como le decíamos en aquel momento, peleábamos por lo que era el “blanqueo”. Nosotros comprábamos una moto seguramente en “segundamano”, un casco que la verdad lo agarrábamos de algún lado, recuerden lo que eran los años 90. Y nos comprábamos un morral o una mochila y la poníamos en la espalda al mismo tiempo. Conseguíamos un teléfono celular de esos grandotes, “los ladrillos”, de esa manera salíamos a trabajar. Fuimos lo que hoy son los delivery.

Entramos en la precarización y en la desocupación de los años 90, porque las empresas empezaron a despedir a los cadetes y lo que hacían era centralizar todo el trabajo de cadetería en las agencias de motos. Éramos trabajadores que facturábamos nuestro monotributo a las agencias de mensajerías o directamente a las empresas que contrataban nuestro trabajo. No teníamos ningún tipo de aporte, no teníamos ningún tipo de reconocimiento, por eso decía lo de la precarización laboral, era la explotación, el negreo.

Le fuimos dando forma en la medida en que nos fuimos dando cuenta de cuáles eran nuestras reivindicaciones. Lo que de alguna manera da inicio a todo esto es cuando un motoquero o motoquera se cae en la   calle. Allí es registrado como un accidente de tránsito y para nosotros no son accidentes de tránsito, son accidentes de trabajo. Pero como nosotros no tenemos ART cuando morimos en alguna esquina quedamos registrados como un accidente de tránsito. Ahí queda el morral tirado. Ahí lo único que se pierde es el trámite que se estaba haciendo en ese momento y la persona queda abandonada a su suerte.

P.: ¿Cómo se fueron organizando?

 Peleábamos por el blanqueo, que tenía que ver con los derechos laborales y de reconocernos en la profesión que era trabajar en la calle, de un lado para el otro, con lluvia con sol o con frío, atendiendo el teléfono, es decir la hiper explotación que teníamos, los bajos salarios, la plata que recibíamos era muy poca. Nos fuimos formando como gremio y también al calor de las ideas de la época, no éramos ajenos a las discusiones ideológicas que se estaban dando.

Cuando tuvimos que construir nuestra herramienta sindical que se llamó SIMECA, el sindicato independiente de mensajeros y cadetes estuvimos en una discusión muy larga sobre qué tipo de herramienta teníamos que construir y cuál era la más factible para conseguir muestras reivindicaciones. Pasamos desde la agrupación social que estaba en auge en ese momento, a la agrupación política.

El sindicato era una herramienta válida, pero estaban en discusión las cuestiones organizativas, las cuestiones de la burocracia, las cuestiones del horizontalismo, el zapatismo, de las asambleas populares de los movimientos piqueteros, etcétera. Por eso tardamos un poco en armar el sindicato, ya que nos fuimos organizando más como grupo. Nuestra militancia solía estar en las esquinas de las 9 de Julio, Diagonal Norte, Plaza de Mayo, Aduana. Allí volanteábamos y la idea no era de afiliar, sino de organizarnos de forma horizontal.

Después de los hechos del 19 y 20 nos cayó la ficha de que teníamos que pasar a la legalidad porque necesitábamos organizarnos y conseguir el blanqueo. El reconocimiento de nuestros derechos laborales. Ahí empezó a darse otro tipo de trabajo interno de organización de afiliación etcétera, y de pasar de la volanteada en las paradas para cuestiones muy concretas a la afiliación masiva, íbamos a las agencias,  hacíamos los escraches, porque nosotros tenemos una raíz muy fuerte en la agrupación HIJOS. Muchos de nuestros compañeros habían formado parte de esa organización. Era el escrache a una agencia o a una empresa en particular sobre todo los delivery, era una herramienta de lucha muy importante.

Teníamos la idea de pelear la cuestión legal, pero ganar las reivindicaciones en la calle en ese sentido en el 2001. Sacamos una declaración de principios en la cual nos proponíamos conseguir las reivindicaciones del gremio a través de la lucha. Esto no cayó muy bien. Fuimos afiliando compañeros y compañeras, nos fuimos estructurando de alguna manera, pero nunca conseguimos la personería gremial en el Ministerio de Trabajo, donde Carlos Tomada era el ministro . En esa la perdimos y hay que decirlo con todas las letras.

Nosotros creemos que en la calle ganamos el reconocimiento de los compañeros y las compañeras en la lucha, en la primera fila. El 19 y el 20 de diciembre resistiendo las balas de los policías. Pero la lucha política la hemos perdido porque en ese lugar nosotros teníamos muy poca experiencia. La ganó la CGT y la CTA ligada al gobierno de turno, que tenía el aparato.  Nuestro SIMECA quedó en la memoria histórica como aquellos compañeros que el 19 y 20 de diciembre pusieron las motos como una caballería popular en el frente, enfrentando la represión, pero la lucha político sindical la hemos perdido.

P.: ¿En esas dos jornadas cómo enfrentaron la represión policial?

En la calle siempre teníamos el permanente “verdugueo” de las fuerzas de seguridad sobre todo de los policías, porque nos paraban en los retenes permanentemente a los jóvenes motoqueros y motoqueras. El secuestro de las motos, aunque tuviésemos los papeles en regla, te pedían un montón de cosas para encontrarte la vuelta y a veces perder la moto por un día y perdíamos ese día de trabajo, había una bronca generalizada entre los compañeros y las compañeras.

Resistiendo las balas de los policías, devolviendo ese “verdugueo” permanente que teníamos, queríamos ser parte de ese 19 y 20 de diciembre por las cosas que nos llevaron a estar ahí, pero también porque teníamos esa rebeldía   contenida de muchos años y queríamos ser parte de unas jornadas que nuestros mayores nos habían contado, del Cordobazo. En ese sentido para nosotros levantar barricadas con nuestras motos, frenar el avance de la Policía para que la gente retrocediera un poco y si ven las imágenes íbamos y veníamos tratando de entorpecer el avance de la Policía para que los trabajadores, la gente que se manifestaba se volviera a reagrupar en ciertas esquinas.

Por ejemplo, en la avenida 9 de Julio, habíamos hecho una verdadera barricada y nunca avanzaron por la Avenida de Mayo, se fueron para la 9 de Julio. No estábamos instruidos en eso, había un poco también de espontaneísmo, poco de organización, estábamos en ciernes. La construcción del motoquero, de la solidaridad en la calle, íbamos y veníamos con compañeros que teníamos que sacar, que habían recibido balazos, que tenían que limpiarse los ojos de tanto gas lacrimógeno.

Personalmente iba y venía con compañeros reporteros gráficos, llevábamos a los reporteros gráficos que después sacaron las fotos que conocen todos ustedes, los llevábamos hasta el centro del quilombo, digamos y los volvíamos a sacar para que no se los llevaran detenidos, porque se llevaron también detenidos a trabajadores de prensa.

De solo mirarnos la cara entre los motoqueros había tanta solidaridad, que ya sabíamos dónde tenían que estar ubicados estas paradas, que nos servían también para reagruparnos y tomar fuerza porque teníamos los cascos con viseras, pero el humo nos entraba también en el casco. Pero la bancábamos, era nuestro Cordobazo. Para nosotros es una experiencia imborrable. Quisimos ser parte de los levantamientos del 20 de diciembre por la explotación, pero también quisimos ser parte de la liberación del pueblo, por la opresión que estábamos viviendo como trabajadores y ciudadanos.

Hicimos todo esto con el estado de sitio, que supuestamente no podríamos agruparnos. Que también fue lo que hizo rebelar a tantos miles y miles de salir a la calle a pesar que se suponía que no. Es decir que todo lo que hicimos y lo que estamos contando lo hicimos a pesar de eso.

P.: ¿Cómo repercutió en ustedes el asesinato de un compañero?

L.K.: Fue un acontecimiento que nos golpeó muchísimo porque sentíamos que se nos iba un hijo de nuestra clase, pero a la vez nos permitió darnos cuenta de la importancia, de la necesidad de armar un sindicato. En ese sentido la figura de Gastón nos permitió a nosotros decir basta de compañeros comoGastón Riva tirados en el piso. Y a la vez nos permitió tomar conciencia de lo que éramos.

Entrevista realizada en el programa ¡Otras Voces…Otras propuestas!

Luis Angió

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