Educación: cambiar el ministro para que nada cambie

Educación: cambiar el ministro para que nada cambie

22Dic21 0 Por Darío Balvidares

Otro año lectivo que se escurre sin cambios en las conductas institucionales; la pedagogía de la obediencia continúa ganando el territorio con el discurso encubridor sobre las alianzas estatales-privadas, que comprometen lo público.

Es indudable que desde hace muchos años la creación y decisión de la macropolítica educativa no está en la órbita nacional, ni regional de manera independiente, la prueba está en que no existen los debates sobre educación. Por lo general, en los últimos 30 años, desde los procesos de globalización, donde los discursos de la “interdependencia”, producto de la mundialización encubrían los fines políticos y económicos de dominación expresados en decisiones globales tomadas en los organismos del gobierno mundial.

La pandemia puso muchas cuestiones que aunque sabidas estaban solapadas, no era novedad la atomización del sistema educativo con el manto del federalismo y las autonomías provinciales el sistema educativo desarticulado y desmembrado desde los comienzos de los 90 del siglo pasado, pero que inició con el traspaso de la educación primaria a las provincias en 1979 durante la dictadura genocida.

Esa es la historia conocida, el hecho es que nunca se volvió a renacionalizar el sistema educativo en la Argentina. Sobre esa decisión estructural macropolítica (recomendación de los organismos internacionales) se monta en lo que se dio en llamar  “modernización” del Estado, sobre el que, además, se comienza a promocionar como nunca la educación privada y a pregonar la indistinción entre educación pública y educación privada, tanto es así que lo que se amplía es la oferta, desde la invención de los modelos de “gestión”. De lo que resulta que todas las escuelas son públicas pero se diferencian por la gestión, estatal o privada y luego la ley actual, de gestión social y también de gestión cooperativa.

Esta operatoria, también de orden psicológico para naturalizar la privatización del sistema, podemos arriesgar, sin temor a equivocarnos, que ese proceso exoprivatizador se amesetó. Pero otro proceso toma más fuerza y crece y se multiplica casi con la misma virulencia que el virus del Covid-19, es la endoprivatización, asunto por el que el mundo de los intereses privados inunda el espacio público, vía fundaciones y ong.

Llegamos a este fin de 2021 sin que entre en discusión quién gobierna la educación y quién la gerencia y/o gestiona.

Si pensamos que la gobernanza educativa está en manos del Estado, sería un error, porque gobierna quien decide las políticas en función de una serie de factores, entre ellos el bienestar de las mayorías, como objetivo y factor determinante.

Pero sucede que gobernar implica pensar las políticas adecuadas para que el área a las que están destinadas funcione. Sin embargo las políticas, en plural, es decir, la macroeducación, como la macroeconomía, están pensadas en los organismos internacionales. Y no sólo por FMI y sus decisiones de ajuste en su mecánica neoliberal ortodoxa, obsoleta y estafadora, la alineación a las decisiones de la OCDE, a las del Banco Mundial, a las del BID, nos hablan de un grado de dependencia tal, que si le preguntásemos a nuestros gobernantes por qué, algunos se perderían en la respuesta, otros por supuesto que no, porque son el mercado y que la educación sea un mercado es otro nicho para sus ganancias y la reproducción ideológica del pensamiento instrumental.

De ahí la escuela como prestadora de servicios de “aprendizaje”, como hemos analizado y visto en artículos anteriores.

Pero qué hay de la formación, que si no hubieran estado estás políticas mercantiles, podríamos haber discutido la razón de existencia de la educación en el siglo XXI, debate que sí hay que hacer conjuntamente con el país que queremos, la educación que queremos y no los “aprendizajes” del trabajo del futuro que nadie explicita, porque de lo que se trata es de instruir en habilidades y competencias que el mercado necesita y este sistema económico precarizador de las mayorías.

En esa línea se construye el discurso subsumido y entonces encontramos cambios de ministro para seguir salvaguardando intereses que no son los intereses populares, sino los de la élite apropiadora, mientras que nuestros funcionarios gestionan políticas enlatadas, como lo venimos sufriendo año, tras año con la crisis impuesta por esas propias políticas de un Estado evaluador del mercado estandarizado del aprendizaje.

Lo irracional del dispositivo es que sobre la fragmentación provocada en el sistema educativo y con el crecimiento recurrente de la  desigualdad social se propongan estándares descontextualizados de medición homogénea.

En realidad deberíamos nombrarlo como Estado gestionador  de la evaluación, es decir que hace la gestión, paga miles de dólares, para participar de las pruebas estandarizadas como las PISA que toma la OCDE o las de la UNESO. En síntesis aplica instrumentos pensados en los organismos internacionales para establecer el dudoso ranking de países.

Pero esa arquitectura también tiene sus alfiles y son claramente las fundaciones y ong empresariales y corporativas que tienen  participación directa en el gobierno de la educación.

Vimos en el artículo publicado por tramas, como los bancos, nucleados en la Fundación Grupo Petersen toman a su cargo la capacitación de cientos directivos escolares, bajo las premisas de la UNESCO y la tercerización que el Estado hace de sus deberes, algo que viene ocurriendo hace más de 25 años y que ya se ha naturalizado, que la corporación financiera/empresarial capacite tanto a las direcciones escolares como a les docentes.

Y prueba de esa naturalización y del seguidismo de esas políticas de apropiación es la complacencia ministerial, (es decir, la colonialidad del poder), las gestualidades ministeriales, más allá de las encubridoras “grietas”, son las mismas en lo que se refiere al maridaje con las corporaciones. Así vemos desfilar a la Fundación Varkey; a Enseña por Argentina; Proyecto Educar 2050; Fundación Grupo Petersen; Coca-Cola con Chicos.net; Open Society y tantos otros cientos que están en los dos lados de la grieta y con los mismos intereses, además de cobrar por sus servicios de los dineros públicos que por lo general constituyen deuda con el Banco Mundial y/o con el BID. Esperando una “mejora” de la escuela pública, mejora que nunca vendrá porque el negocio colonial es mantener la “crisis educativa”; tal cual como sucede con la deuda externa y el FMI.

Y en esas gestualidades ministeriales, no sólo a los ministros que fueran de Juntos por el Cambio cuando tuvieron el gobierno nacional, o los gobiernos provinciales y CABA,  sino al renunciado Nicolás Trotta y al actual Jaime Perczyk, que fuera viceministro de Trotta a partir de la renuncia de Adriana Puiggrós.

En este diciembre el ministro Perczyk, dejo un mensaje como miembro del  Consejo Asesor de Generación Única Argentina (cargo que anteriormente ocupaba Trotta), mensaje en el que habla de la importancia que tiene “construir con otros para asegurar los derechos de los chicos”, además de ponderar la convocatoria a los organismos internacionales y los organismos de co – financiamiento de derechos. Para el ministro como portavoz del consejo asesor de la Alianza Generación Única, los derechos se financian, es decir que se venden en el mercado y son alianzas como esas las que se yerguen en dadoras de derechos.

Vale recordar que Generación Única es el capítulo local en la Argentina de la alianza global multisectorial Genera­tion Unlimited” dice el documento, Iniciativas y soluciones tecnológicas del sector privado y las organizaciones de la sociedad civil en el ámbito educativo, tal como lo explicábamos en julio de este año en Educación: la pedagogía de la dependencia continúa en dónde decíamos que Generación Única es la filial argentina de una mega organización, que también se autodenomina de líderes mundiales.

Jaime Perczyk como integrante del Consejo Asesor de Generación Única, comparte membresía  junto a Juan Schiaretti, Gobernador de Córdoba; Omar Perotti, Gobernador de Santa Fe y otros tantos ministros y ministras de educación provinciales y directivos de otros organismos y entidades nacionales.

También están las representaciones, en el mismo consejo, de organismos de financiamiento como: Helena Rovner, especialista en educación del Banco Mundial; Santiago Rojas, responsable CAF en la Argentina; Luis Scasso, director nacional de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) para la Educación, la Ciencia y la Cultura en la Argentina; y, Andrea Bergamaschi, especialista en educación del BID.

Y, por supuesto, la representación empresarial: Agustina Catone, directora de Negocio Responsable y Fundación Telefónica Movistar en la Argentina; Patricia Pomies, directora de Operaciones de Globant;  Fernando López  Ierva­si, gerente general de Microsoft Argentina; Javier Suez, director comercial de Film Suez y Pablo Beramendi, CEO de Google Argentina. A los que se le suman los referentes de las organizaciones de las sociedad civil: Bettina Bulgheroni, presidenta y Fundadora de la Funda­ción Educando; Esteban Feuerstein, director ejecutivo de la Fundación Sadosky; Alejandra Solla, directora ejecutiva de la Fundación SES y presidenta de la Liga Iberoamericana de OSC; Anna Torres Adell, directora ejecutiva de Wikimedia Argentina; Gino Tubaro, inventor y fundador de Atomic Lab y Natalia Meta, Infancia en Deuda.

Una larga lista de personalidades, que poco tienen que ver con la docencia y el trabajo escolar. Para la capacitación docente, el proyecto de soluciones tecnológicas en el ámbito educativo postula a Lego, Mis Ladrillos y Rasti; empresas que vinculan lo lúdico con aprendizaje de la programación, Fundación Sadosky, Mumuki, INET, Fundación Varkey, CIPPEC, Argentinos por la Educación, “por ser organizaciones que ayudan a la investigación y a generar con­tenidos”, dice el documento.  A las que se agregan, Microsoft, Google, Amazon, Red Hat, Oracle, Open Source, Puerta 18, Grupo Petersen, ABC Learning, Grupo Núcleo, EXO, Positivo BGH, Dina­tech, etc.

Nada cambia, salvo los ministros y los gobiernos, en las políticas macro educativas, están todes en una alianza que simplemente no contempla a la docencia más que para prestar cierto servicio de aprendizaje y hacerla responsable de la crisis provocada por el olimpo educativo que gobierna la educación desde una versión alienante y de desposesión pública.

Diciembre fue el mes de la pedagogía social, la población de Chubut que hizo retroceder al gobernador y a los legisladores que perpetraron la “traición” minera , son una prueba cabal de un hecho pedagógico fundacional, junto a tantos otros, como las marchas contra el pago de la estafa al FMI, como lo fue el 19 y 20 de 2001.

La pedagogía social marca un rumbo opuesto a la razón instrumental, porque indica un camino opuesto a la pedagogía de la obediencia inscripta en el modelo civilizatorio y predador, la pedagogía social marca el camino de la descolonialización.

Diciembre dejó marcada la didáctica de la despedagogización de la obediencia que nos nuestra a todes que las alianzas son otras.

Darío Balvidares

Foto destacada: UNICEF

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