Discépolo, “alma triste que hay en mí”

Discépolo, “alma triste que hay en mí”

23Dic21 0 Por Daniel Campione

Se cumplen setenta años de la muerte de Enrique Santos Discepolo. Fue un 23 de diciembre de 1951, con apenas 50 años. En parte se lo llevó una profunda depresión, un dejarse morir. Tuvo que ver con su enrolamiento público con el peronismo.

En particular con su participación en una sátira radial que hacía blanco en la “clase media” antiperonista, sintetizada en un personaje, Mordisquito, al que Discépolo critica sin piedad. El programa era una peculiar manera de hacer campaña para la reelección presidencial de Juan Domingo Perón. Y un modo de expresar su mirada sobre el peronismo, al que consideraba fundador de un país nuevo.

 El general ganó esos comicios, Enrique terminó enemistado con muchxs amigxs y compañerxs. Sintiéndose aludidos por la crítica, fueron numerosos los que le negaron el saludo, boicotearon sus espectáculos, lo insultaron en público. Participó también en el repudio mucha gente que, sin conocerlo, rompió sus discos o lo abucheó, en plena calle.

Un gran poeta del tango

En su breve existencia, llegó a consagrarse como un nombre mayor del tango. Fue autor de un racimo de letras inmortales, como Qué vachaché, Yira, yira, Canción desesperada, Cafetín de Buenos Aires, Chorra. Otras, algo menos conocidas, se elevaron también a gran altura, como Soy un arlequín, Secreto, Martirio, Infamia, Tres esperanzas, Tormenta…

La primera estrofa de este último tango pinta con hondura difícil de igualar un sentimiento de extremada amargura

 Aullando entre relámpagos,
Perdido en la tormenta
De mi noche interminable,
¡Dios! busco tu nombre…
No quiero que tu rayo
Me enceguezca entre el horror,
Porque preciso luz para seguir…

Y por supuesto, Cambalache, a la que se ha llegado a considerar una suerte de segundo himno nacional y ha sido objeto de las más variadas versiones a través del tiempo. Incluso por artistas no argentinos, como Caetano Veloso o Joan Manuel Serrat. La imagen de la Biblia que llora junto al calefón se convirtió en la síntesis casi perfecta de un mundo donde se han perdido todas las referencias. Y lo sublime y lo grosero se mezclan ante la indiferencia generalizada.

A la hora de evocar a los mejores intérpretes de sus temas, la discusión podría ser interminable, con cruces de los más variados argumentos. Sin olvidar que Carlos Gardel llegó a filmar lo que hoy llamaríamos un video clip con el imperecedero Yira, yira. Entre varios cantores y “cancionistas” podría escogerse a Edmundo Rivero.

Melodías, teatro, cine.

Si bien se lo recuerda sobre todo por sus versos, Discépolo, músico intuitivo, fue compositor de la música de la mayoría de sus tangos. En su momento accedió a colaborar, sólo como letrista, con Mariano Mores. Los resultados fueron Uno, Sin palabras y el ya mencionado Cafetín de Buenos Aires. El resto de sus grandes éxitos lo tuvo a cargo tanto de los versos como de la melodía.

También se introdujo en el mundo del teatro desde muy joven. Fue de la mano de su hermano, Armando Discépolo, un dramaturgo que marcó la escena argentina de la primera mitad del siglo XX. Muchos años menor, el llamado Discepolín  llegó a escribir “a cuatro manos” con Armando, como en la famosa Organito. Luego siguió su camino de autor teatral en soledad, que culminaría en Blum, con elementos de comedia, music hall y drama.

También ocuparía un lugar en la época de oro del cine nacional. Actuó, escribió guiones y dirigió. Quizás la película más recordada en la que tomó parte fue El hincha. Allí interpretó a un personaje protagónico lleno de matices y muy representativo de la pasión por el fútbol.

Grandeza indiscutible

Si se habla de las grandes figuras de la poética tanguera, habrá quien sostenga con  argumentos más que atendibles que los dos Homero (Manzi y Expósito) tuvieron un vuelo poético mayor.

Fue sin embargo Enrique Santos el que mejor le cantó a las amarguras del “hombre común”, el que supo poner el lenguaje lunfardo al servicio de letras de alta calidad, e incluso sufrió censuras por ello. Quien, sin referencias políticas explícitas, volcó los sufrimientos suscitados por lo que otrxs bautizaron “La década infame”.

En las palabras de su mejor biógrafo, Sergio Pujol, “Medio país lo lloró desconsoladamente. Con el tiempo, el país entero lo cantaría como a un Horacio moderno.”

No fue un autor prolífico, apenas firmó una cincuentena de composiciones. Le alcanzaron para que la sociedad argentina, la de su época y la del presente, no sea la misma que si sus tangos no hubieran existido.

Pintura de Enrique Santos Discépolo - por Cosenza | Tango, Art, Painting
“Pintura de Enrique Santos Discépolo”, por Cosenza.

Daniel Campione

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