Regalos de navidad: acuerdos y pactos

Regalos de navidad: acuerdos y pactos

27Dic21 0 Por Mariano Féliz

La economía Argentina sigue recuperándose de la catástrofe de 2020. Sin embargo, los datos marcan los límites de un proceso inestable y desigual. El nuevo pacto social garantizará las bases de un nuevo proyecto hegemónico centrado en el capital transnacional.

En el tercer trimestre de 2021 la economía creció un 11,9% en conjunto y en comparación con el año anterior. En promedio, el crecimiento de los primeros 9 meses del año marca un 10,4%. Por ahora, estos datos hablan de una recuperación y no de un proceso sostenido de crecimiento. En efecto, luego de cuatro meses de crecimiento continuo mes a mes, en octubre de 2021 la creación de riqueza capitalista (aumento del producto bruto interno) cayó fuertemente (-0,8%) en relación al mes previo. Los datos de inversión dan cuenta de esa debilidad; la tasa de inversión sigue por debajo de 2018.

El aumento en la producción se apoya en la recuperación de las tasas de rentabilidad, el uso de la capacidad instalada existente y la mayor apropiación de rentas de la exportación. Las exportaciones crecieron 51,7% en noviembre (en comparación con el año anterior), impulsadas por el aumento en los precios. El saldo positivo de exportaciones netas (exportaciones menos importaciones) sostiene el crecimiento de la demanda y compensa un mercado interno relativamente estancado: el consumo crece (al mes de agosto) en promedio un 5,4% anual, menos de la mitad que el conjunto de la economía.

La contracara de este proceso limitado de recuperación económica es la mejora relativa en algunos indicadores del mercado laboral. En los últimos doce meses la participación en el mercado laboral aumentó sustancialmente. La tasa de actividad aumentó de 42,3% a 46,7% de la población económicamente activa, y subió especialmente entre las mujeres jóvenes. En paralelo, se aprecia un salto en la tasa de empleo de casi 5,5 puntos porcentuales en un año. La recuperación económica creó unos 1,7 millones de puestos de trabajo, al tiempo que redujo las suspensiones en unos 600 mil. Este dato auspicioso está matizado porque 24 de cada 100 nuevos empleos son autoempleos mientras 42 de cada 100 son puestos asalariados no registrados. La recomposición no rompe el patrón de precarización ampliada de la explotación capitalista.

Esta situación es acompañada por ingresos y salarios medios que persisten en promedio por debajo de la línea de pobreza y mantienen lejos de las pautas de dignidad salarial conquistadas por les trabajadores de la industria aceitera. Los salarios en el sector privado formal aumentaron en promedio un 2,51% por debajo de la inflación en comparación con los primeros nueve meses de 2020. En el caso de quienes trabajan en el sector público la pérdida supera el 4,4%. Cierto es que punta a punta (al mes de septiembre de 2021) superaron la inflación en 2,31% y 2,81% por ciento, respectivamente.

En este contexto, el gobierno busca establecer las pautas del programa macroeconómico que discute con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin presupuesto aprobado, se prorrogó el de 2021 y se negocia con las provincias un nuevo pacto fiscal; la única excepción es CABA que se mantendrá afuera. Ese acuerdo deberá permitirles mayor autonomía financiera (más margen para aumentar impuestos) a los estados subnacionales para enfrentar el ajuste fiscal acordado a nivel nacional con el Fondo. La aprobación de las modificaciones en el impuesto a los bienes personales y una posible generalización del impuesto a la herencia a nivel provincial, compensará sólo parcialmente el giro regresivo que supone el fin del impuesto a las grandes fortunas; los intereses de las trasnacionales siguen bien cuidados sin gravámenes y con subsidios de todo tipo. El pacto fiscal habilitará simultáneamente un aumento generalizado en los impuestos al consumo y las ventas (ingresos brutos).

Si bien el triunfo popular en Chubut marcó un hito en la resistencia al proyecto de saqueo desarrollista, el gobierno buscará avanzar en las sesiones extraordinarias del Congreso con algunos proyectos postergados, con el plan económico plurianual (que resumirá los consensos alcanzados con el Fondo) en el centro de la agenda. El acuerdo hegemónico es la integración transnacional subordinada al capitalismo verde impulsado desde los centros imperialistas. En ese plan son claves los proyectos que fortalezcan la base extractivista y alimenten las exportaciones. El mercado interno ya no aparece como motor del desarrollo capitalista dependiente sino sólo como momento subordinado que mejorará solo por efecto derrame.

Tal cual señaló Cristina Fernández en sus últimos discursos, la apuesta del neoperonismo es la concertación de clases pero con signatarios cambiados. El sujeto capitalista ya no es el capital nacional y su mítica burguesía, sino el capital local de base transnacional: Marcos Galperin (CEO  de Mercadolibre), Paolo Rocca (de Techint) y Gustavo Grobocopatel acompañan a las transnacionales del imperialismo global (de China a Rusia, de Estados Unidos a Alemania), todas dispuestas a superexplotar al trabajo y los bienes comunes en nuestro territorio.

Del otro lado del acuerdo social deseado, las clases populares fragmentadas y crecientemente empobrecidas. Una fuerza de trabajo ultra precarizada, necesitada de construir nuevas formas de organización para enfrentar una creciente marginación de las mieles del neodesarrollo. Por un lado, las conducciones de la CGT y las CTA disputan la representación de una fracción cada vez menor de la clase trabajadora y una participación en la gestión de la “modernización” de las relaciones de trabajo en las grandes empresas y el Estado. Por otra parte, las organizaciones sociales herederas de aquellas nacidas de las luchas contra la reestructuración neoliberal (hoy, principalmente, dentro de la UTEP) concentran esfuerzos para disputar políticas de integración y redistribución marginal de ingresos. En todos los casos, asumen la precariedad estructural del trabajo y el empleo, y buscan negociar un lugar en la mesa de la concertación hegemónica sin discutir la estrategia dominante.

La resignación aparente de estas organizaciones se materializa en el apoyo crítico a lo que auspician será un mal o pésimo acuerdo con el FMI. Grabois, por ejemplo, ya indicó que los diputados de su espacio sólo darán sus votos a un programa (de ajuste) con el Fondo si el gobierno acepta incluir algún tipo de salario universal en la discusión. Algo similar al programa acordado con el gobierno de Macri, que no evitó el avance del ajuste ni la pauperización universal del pueblo trabajador, que hoy alcanza a cerca del 50% de la población. Con o sin programas de transferencias de ingresos, cualquier programa acordado con el Fondo Monetario solo puede consolidar la precarización y el empobrecimiento de masas.

Es por eso que el rechazo frontal al acuerdo con el Fondo y el pago de la deuda odiosa acumulada es la batalla de la hora. En este momento, cualquier concesión “táctica” solo fortalecerá la posición de los sectores dominantes.

Mariano Féliz

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